vestido de crepe de seda rosa que le quedaba unos centimetros por encima de las rodillas. Tenia la mirada puesta en su hija mientras Lexie recorria el pasillo vestida con encaje blanco, resplandeciendo como si ella fuera la verdadera razon de que toda aquella gente se hubiera reunido en la iglesia. Georgeanne no podia imaginarla mas radiante. Se sentia muy orgullosa de su pequena cuentista.
Cuando Lexie llego al lado de su madre, se giro y sonrio al hombre que permanecia de pie al otro lado del pasillo con un traje azul marino de Hugo Boss. Levanto tres dedos de su cesta y los meneo. John curvo los labios y agito dos dedos como respuesta.
Comenzo a sonar la marcha nupcial y todos los ojos se volvieron hacia la puerta. Mae estaba preciosa con una corona de flores rosas rodeando el corto cabello rubio y un velo de organza blanco que Georgeanne le habia ayudado a elegir. El vestido era sencillo y resaltaba la figura de Mae en lugar de ocultarla bajo capas de raso y tul. El corte al bies disimulaba su baja estatura y la hacia parecer mas alta.
Sin acompanante, Mae anduvo por el pasillo con la cabeza erguida. No habia invitado a su familia, aunque los bancos del lado de la novia estaban a rebosar con sus amigos. Georgeanne la habia intentado persuadir de que invitara a sus padres, pero Mae era demasiado testaruda. Sus padres no habian asistido al entierro de Ray y ella no queria que fueran a su boda. No queria que le estropearan el dia mas feliz de su vida.
Mientras todos los ojos estaban puestos en la novia, Georgeanne aprovecho para estudiar al novio. Con un esmoquin negro, Hugh, estaba muy apuesto, sin embargo ella no estaba interesada ni en su aspecto ni en el corte de su ropa. Queria observar su reaccion al ver a Mae, y lo que vio alivio muchas de sus preocupaciones sobre la inesperada boda. Se lo veia tan feliz que Georgeanne casi esperaba que abriera los brazos para que Mae pudiera perderse en ellos. Toda su cara sonreia y sus ojos brillaban como si le hubiera tocado la loteria. Parecia un hombre locamente enamorado. No era de extranar que Mae hubiera tardado tan poco tiempo en caer.
Cuando Mae paso por su lado sonrio a Georgeanne, luego se coloco al lado de Hugh.
– Queridos hermanos…
Georgeanne se miro los dedos de los pies que asomaban en las sandalias de piel. «Locamente enamorado», penso. La noche anterior, le habia dicho a Charles que no podria casarse con el. No podia casarse con un hombre al que no amara con locura. Atraveso el pasillo con la mirada hasta los mocasines negros de John. A lo largo de su vida, lo habia visto mirarla varias veces con la lujuria asomando a esos ojos azules. De hecho, los ultimos dias que habia venido a recoger a Lexie ya habia visto esa mirada de «quiero-saltar-sobre-ti». Pero sentir lujuria no era estar enamorado. La lujuria se desvanecia a la manana siguiente, especialmente con John. Subio la mirada por sus largas piernas, por la chaqueta cruzada y por la corbata granate y azul marino. Luego escruto su cara y los ojos azules que le devolvian la mirada.
El sonrio. Solo fue una sonrisita agradable que, sin embargo, hizo resonar campanas de alarma en su cabeza. Luego Georgeanne centro la atencion en la ceremonia. John queria algo.
Las mujeres sentadas en los bancos delanteros de la iglesia comenzaron a llorar y Georgeanne las observo. Incluso aunque no se las hubieran presentado un momento antes de la boda habria sabido que eran familiares de Hugh. Toda su familia se parecia, desde su madre y sus tres hermanas, a sus ocho sobrinas y sobrinos.
Lloraron durante todo lo que duro la corta ceremonia y cuando termino, siguieron llorando mientras sonaba la marcha nupcial. Georgeanne y Lexie recorrieron el largo pasillo al lado de John hasta salir por la puerta. En varias ocasiones, la manga de su chaqueta azul marino le rozo el brazo.
En el pasillo, la madre de Hugh apartaba a codazos a su hijo para acercarse a la novia.
– Eres como una muneca -declaro la madre mientras abrazaba a Mae y le presentaba a las hermanas.
Georgeanne, John y Lexie se mantuvieron apartados mientras los amigos y la familia de Hugh se dirigian hacia la pareja para felicitarlos.
– Ten. -Lexie le tendio a Georgeanne la canasta de petalos rosas y suspiro-. Estoy cansada.
– Creo que ya podemos marcharnos para la recepcion -dijo John, moviendose para colocarse detras de Georgeanne-. ?Por que no venis en mi coche?
Georgeanne se giro y levanto la vista hacia el. Estaba muy apuesto vestido de padrino, el unico defecto era la rosa roja de la solapa; la llevaba inclinada hacia un lado. Habia puesto el alfiler en el tallo en vez de en el cuerpo de la flor.
– No podemos irnos hasta que Wendell saque las fotos.
– ?Quien?
– Wendell. Es el fotografo que ha contratado Mae, y no podemos marcharnos hasta que haga las fotos de la boda.
La sonrisa de John se transformo en una mueca de disgusto.
– ?Estas segura?
Georgeanne asintio con la cabeza y le senalo el torax.
– Esa rosa esta a punto de caerse.
El bajo la vista y se encogio de hombros.
– No se como ponerla. ?Puedes hacerlo tu?
Sin hacer caso de su buen juicio, Georgeanne metio los dedos bajo la solapa de su traje azul marino. Mientras John inclinaba la cabeza hacia ella, saco el alfiler. Estaban tan cerca que podia sentir su aliento en la sien derecha. El olor de su colonia invadio sus sentidos, si ella giraba la cara, sus bocas se tocarian. Presiono el alfiler para que atravesara la lana y la rosa roja.
– No te vayas a pinchar.
– No. Lo hago cada dos por tres. -Le paso la mano por la solapa, alisando las arrugas invisibles y sintiendo la textura de la cara lana bajo las yemas de los dedos.
– ?Sueles poner alfileres en los ojales de los tios?
Ella meneo la cabeza y le rozo con la sien la suave mandibula.
– No, se los pongo a Mae, y tambien a mi misma. En el trabajo.
Poso la mano en su brazo desnudo.
– ?Estas segura de que no quieres que os lleve a la recepcion? Virgil va a estar alli, supuse que no querrias llegar sola.
Con el caos que rodeaba la boda, Georgeanne habia logrado no pensar en su antiguo novio. Ahora, al pensar en el, se le hizo un nudo en el estomago.
– ?Le has dicho algo sobre Lexie?
– Ya lo sabe.
– ?Como se lo tomo? -Ella deslizo los dedos sobre una invisible arruga mas, luego dejo caer la mano.
John encogio sus grandes hombros.
– No parecio darle importancia. Ya han pasado siete anos, habra pasado pagina.
Georgeanne se relajo.
– Entonces ire a la recepcion en mi coche, pero gracias por el ofrecimiento.
– De nada. -John le deslizo su calida mano hasta el hombro, luego se la bajo hasta la muneca. A Georgeanne se le puso la piel de gallina-. ?Estas segura de que van a sacar fotos?
– ?Por que?
– Odio que me saquen fotos.
El lo estaba haciendo otra vez. Estaba robandole todo el espacio y anulando su capacidad para pensar. Tocarle era a la vez una tortura y un placer.
– Crei que ya estarias acostumbrado a estas alturas.
– No es por las fotos, es por la espera. No soy un hombre paciente. Cuando quiero algo, no espero, voy a por ello.
Georgeanne tuvo el presentimiento de que ya no hablaba de las fotos. Unos minutos mas tarde cuando el fotografo los situo en las escaleras de la entrada, se vio forzada a volver a sufrir la experiencia del placer y la tortura otra vez. Wendell situo a las mujeres delante de los hombres, y Lexie se ubico cerca de Mae.
– Quiero ver sonrisitas felices -pidio el fotografo. Su voz amanerada sugeria que mantenia una estrecha relacion con su lado femenino. Cuando miro a traves de la camara que estaba sobre el tripode, les indico con las manos que se juntaran mas-. Vamos, quiero ver sonrisitas felices en esas caritas felices.
– ?Esta relacionado con ese artista de PSB? -le pregunto John a Hugh entre dientes.
– ?El pintor dandy de influencia africana?
– Si. Solia pintar nubecitas felices y mierda de esa.
