– Es cierto. Tuve que explicarle a Dmitri que a las mujeres americanas no les gustan los hombres con cadenas.

– Ah, no se que decirte -disintio Mae-. Conozco a varios hombres que llevan collares de perlas con pendientes a juego.

Hugh atrajo a Mae a su lado y le beso la coronilla.

– Yo no hablo de drag-queens, carino.

– ?Es tu hija? -le pregunto Mark a Georgeanne.

– Si, lo es.

– ?Que te paso en el ojo? -Lexie le dio a Georgeanne el plato, y senalo a Mark con la ultima fresa.

– Uno de los jugadores de los Avalanche lo acorralo en una esquina y le dio un buen golpe -contesto John desde detras de Georgeanne. Tomo a Lexie en brazos y la levanto contra su pecho-. No te preocupes, se lo merecia.

Georgeanne miro a John. Queria preguntarle sobre las palabras de Virgil, pero tendria que esperar a que estuvieran a solas.

– Tal vez no deberia haber hecho caer a Ricci con el stick -anadio Hugh.

Mark se encogio de hombros.

– Ricci me rompio la muneca el ano pasado -dijo, y la conversacion giro en torno a quien habia sufrido peores lesiones. Al principio Georgeanne se sintio apabullada por la lista de huesos rotos, musculos desgarrados y numero de puntos. Pero cuanto mas escuchaba mas morbosa y fascinante encontraba la conversacion. Comenzo a preguntarse cuantos de los hombres del salon tendrian la dentadura completa. Por lo que estaba oyendo, no muchos.

Lexie agarro la cabeza de John entre sus manos para girarle la cara hacia ella.

– ?Te lastimaron anoche, papa?

– ?A mi? De eso nada.

– ?Papa? -Dmitri miro a Lexie-. ?Es tu hija?

– Si. -John miro a sus companeros de equipo.

– Esta mocosa es mi hija, Lexie Kowalsky.

Georgeanne esperaba que dijera que no habia sabido de Lexie hasta hacia poco, pero no lo hizo. No ofrecio ninguna explicacion sobre la repentina aparicion de una hija en su vida. Simplemente la sostenia entre sus brazos como si siempre hubiera estado alli.

Dmitri repaso a Georgeanne con la mirada y luego miro a John para levantar una ceja inquisitivamente.

– Si -dijo John, haciendo que Georgeanne se preguntase que se habian comunicado los dos hombres sin palabras.

– ?Cuantos anos tienes, Lexie? -pregunto Mark.

– Seis. Ya fue mi cumple y ahora estoy en primer grado. Ahora teno un perro que me compro mi papa. Se llama Pongo, pero no es muy grande. Ni tene mucho pelo. Se le enfrian mucho las orejas, por eso le hice un gorro.

– De color purpura -le dijo Mae a John.

– Parece el gorro de los tontos.

– ?Como se lo pones al perro?

– Lo sujeta con las rodillas -contesto Georgeanne.

John miro a su hija.

– ?Te sientas encima de Pongo?

– Si, papa, a el le gusta.

John dudaba que a Pongo le gustara llevar puesto un estupido gorro. Abrio la boca para sugerir que tal vez no deberia sentarse sobre un perro tan pequeno, pero la banda comenzo a tocar y presto atencion al escenario.

– Buenas tardes -dijo el cantante por el microfono-. Para la primera cancion, Hugh y Mae quieren ver a todo el mundo bailando en la pista.

– Papa -dijo Lexie por encima de la musica-. ?Puedo tomar un trozo de tarta?

– ?Y tu madre que dice?

– Que si.

El se volvio hacia Georgeanne y le dijo al oido:

– Vamos al buffet. ?Vienes?

Ella nego con la cabeza, y John se miro en esos ojos verdes.

– No te muevas de aqui. -Antes de que ella pudiese contestarle, Lexie y el se fueron.

– Quiero un trozo muy grande -informo Lexie-. Con un monton de azucar.

– Te va a doler la barriga.

– No, no me dolera.

El la dejo de pie al lado de la mesa y espero con frustracion a que escogiera el unico pedazo de pastel con azucaradas rosas purpuras. Le dio un tenedor y le busco un lugar en una mesa redonda para que se sentara al lado de una de las sobrinas de Hugh. Cuando busco a Georgeanne, la diviso en la pista de baile con Dmitri. Por lo general apreciaba al joven ruso, pero no esa noche. No cuando Georgeanne llevaba puesto un vestido tan corto ni cuando Dmitri la miraba como si ella fuera una porcion de caviar beluga.

John se abrio paso por la abarrotada pista de baile y coloco una mano en el hombro de su companero de equipo. No tuvo que decir nada. Dmitri lo miro, se encogio de hombros y se marcho.

– No creo que esto sea una buena idea -dijo Georgeanne mientras la cogia entre sus brazos.

– ?Por que no? -La acerco mas, acomodando las suaves curvas contra su pecho y moviendo sus cuerpos al compas de la musica lenta. «Puedes tener tu carrera con los Chinooks, o puedes tener a Georgeanne. Pero no puedes tener las dos cosas». Penso en la advertencia de Virgil y luego en la calida mujer que tenia entre los brazos. Ya habia tomado una decision. Lo habia hecho dias atras, en Detroit.

– En primer lugar, porque Dmitri me habia pedido este baile.

– Es un bastardo comunista. Mantente alejada de el.

Georgeanne se echo hacia atras para poder verle la cara.

– Pensaba que era tu amigo.

– Lo era.

Fruncio el ceno.

– ?Que ha pasado?

– Los dos queremos lo mismo, pero el no lo va a conseguir.

– ?Que es lo que quieres?

Queria demasiadas cosas.

– Te vi hablando con Virgil. ?Que te ha dicho?

– Nada. Le dije que lamentaba lo que sucedio hace siete anos, pero no acepto mis disculpas. -Ella parecio perpleja por un momento, luego sacudio la cabeza y aparto la mirada-. Me dijiste que habia pasado pagina, pero parecia muy amargado.

John le deslizo la palma de la mano por la garganta y le levanto la barbilla con el pulgar.

– No te preocupes por el. -La miro y luego levanto la vista para observar al anciano. Su mirada se encontro con la de Dmitri y la de media docena de hombres que estaban mirandole el busto a Georgeanne. Luego bajo la cara y sus labios se amoldaron a los de ella. La poseyo con la boca y la lengua, mientras le deslizaba la mano por la espalda. El beso fue deliberado, largo y duro. Ella se derritio contra el y, cuando finalmente abandono su boca, estaba jadeante.

– Me voy a arrepentir -susurro ella.

– Ahora, dime una cosa sobre Charles. -Tenia la mirada algo empanada y aturdida. La pasion que vio en sus ojos lo hizo pensar en sabanas enmaranadas y piel desnuda.

– ?Que quieres saber de Charles?

– Lexie me ha dicho que piensas casarte con el.

– Le dije que no.

John sintio un gran alivio. La envolvio con fuerza entre sus brazos y sonrio contra su pelo.

– Esta noche estas preciosa -le dijo al oido. Luego se echo un poco hacia atras para mirarle la cara y esa deliciosa boca, entonces le dijo-: ?Por que no buscamos algun sitio donde pueda aprovecharme de ti? ?Es lo

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