– ?Papa! -susurro Lexie con fuerza-. No digas palabrotas.

– Lo siento.

– ?Podeis decir todos «noche de bodas»? -pregunto Wendell.

– ?Noche de bodas! – grito Lexie.

– La pequena dama lo hace bien. ?Que pasa con los demas? -Georgeanne miro a Mae y comenzaron a reirse-. Quiero ver fe-fe-felicidad.

– Joder, ?de donde sacaste a ese tio? -quiso saber Hugh.

– Lo conozco desde hace anos. Era un buen amigo de Ray.

– Ahh, eso lo explica todo.

John puso la mano en la cintura de Georgeanne, y la risa de esta se interrumpio bruscamente. Le deslizo la palma de la mano por el estomago y la apreto contra la solida pared de su pecho. Su voz resono como un trueno en el oido de Georgeanne cuando dijo:

– Di «patata».

Georgeanne se quedo sin aliento.

– Patata -dijo debilmente y el fotografo saco la foto.

– Ahora la familia del novio -anuncio Wendell mientras ponia otro carrete.

Los musculos del brazo de John se tensaron. Cerro los dedos posesivamente y el dobladillo del vestido se subio un poco por los muslos de Georgeanne. Luego el relajo la mano y dio un paso atras, dejando unos centimetros entre sus cuerpos. Georgeanne le miro, y de nuevo el le dirigio esa sonrisita agradable.

– Oye, Hugh -dijo John, centrandose en su amigo como si no acabara de sujetar a Georgeanne con fuerza contra su pecho.

– ?Que supiste de Chebos cuando estuvimos en Chicago?

Georgeanne se dijo a si misma que no deberia interpretar nada de ese abrazo. Deberia ser lo suficientemente lista como para no buscar motivos o atribuirle sentimientos que no existian. No deberia caer bajo el influjo de sus posesivos abrazos o sus agradables sonrisas. Era mejor olvidarse de todo eso. No significaba nada, no conducian a ninguna parte. No estaba tan loca como para esperar algo de el.

Una hora mas tarde, mientras estaba en el salon del banquete al lado de la mesa del buffet repleto de comida y flores, seguia intentando olvidarse. Trataba de no buscarle con la mirada a cada rato e intentaba no verlo en medio de un grupo de hombres que obviamente eran jugadores de hockey o riendose con alguna rubia tonta de piernas largas. Trato de olvidarse, pero no pudo. Igual que no podia olvidarse de que Virgil andaba por alli en algun sitio.

Georgeanne deposito una fresa con chocolate en el plato que estaba preparando para Lexie. Anadio para ella un muslito de pollo y dos trozos de brocoli.

– Quiero tarta y tambien algo de eso. -Lexie apunto hacia un tazon de cristal lleno de caramelos.

– Ya tomaste tarta justo despues de que Mae y Hugh la cortaran. -Georgeanne puso algunos caramelos en el plato junto con una zanahoria y le dio el plato a Lexie. Luego escudrino rapidamente la multitud.

Le dio un vuelco el estomago. Por primera vez en siete anos, vio a Virgil Duffy en persona.

– Quedate con la tia Mae -dijo, cogiendo a su hija por los hombros para girarla-. Vendre a buscarte dentro de un momento. -Empujo a Lexie ligeramente y la observo caminar hacia los novios. Georgeanne no podia pasarse la tarde preguntandose si Virgil la saludaria e imaginando lo que el podia decirle. Tenia que salir a su encuentro antes de perder el valor. Tomo aliento y decidida fue a enfrentarse con el pasado. Se abrio paso entre los invitados hasta detenerse delante de el.

– Hola, Virgil -le dijo y observo como se le endurecian las facciones.

– Vaya Georgeanne, al parecer tienes el descaro de venir a saludarme. Me preguntaba si lo harias. -El tono de su voz no era el de alguien que habia pasado pagina como John habia insinuado en la iglesia.

– Han pasado siete anos y he seguido adelante con mi vida.

– Fue facil para ti. Para mi no lo fue tanto.

Fisicamente no habia cambiado demasiado. Quiza tenia menos pelo y los ojos apagados por la edad.

– Creo que ambos deberiamos olvidar el pasado.

– ?Por que deberia hacerlo?

Ella miro un momento, mas alla de los rasgos de su cara, al hombre amargado que habia debajo.

– Siento lo que sucedio y el dolor que te cause. Trate de decirte la noche antes de la boda que tenia dudas, pero no me quisiste escuchar. No te estoy culpando, solo te explico como me sentia. Era joven e inmadura y lo siento mucho. Espero que puedas aceptar mis disculpas.

– Cuando se congele el infierno.

A ella le sorprendio descubrir que su colera no le importaba. Le daba igual que el aceptara o no sus disculpas. Se habia enfrentado al pasado y se sentia libre de la culpa que la habia acompanado durante anos. Ya no era ni joven ni inmadura. Y ya no estaba asustada.

– Siento mucho oirte decir eso, pero de todos modos el que aceptes o no mis disculpas no me importa. Mi vida esta llena de personas que me aman y soy feliz. Tu colera y tu hostilidad no pueden lastimarme.

– Todavia eres tan ingenua como hace siete anos -le dijo mientras una mujer se acercaba a Virgil y le colocaba la mano en el hombro. Georgeanne reconocio inmediatamente a Caroline Foster Duffy por reportajes publicados en periodicos locales-. John nunca se casara contigo. Nunca te elegira a ti por encima del equipo - anadio; luego se giro para marcharse con su esposa.

Georgeanne lo siguio con la mirada desconcertada por sus palabras de despedida. Se pregunto si habria amenazado a John de algun modo y, si lo habia hecho, por que John no le habia contado nada. Sacudio la cabeza sin saber que pensar. Nunca, ni en sus suenos mas descabellados, habia pensado que John se casaria con ella o que la elegiria sobre cualquier cosa.

«Bueno», se volvio para dirigirse hacia Lexie que estaba junto a los novios rodeada por algunos invitados a la boda. Tal vez en sus suenos mas descabellados imaginaba a John proponiendole algo mas que una noche de sexo salvaje, pero sabia que esa no era la realidad. Si bien ella le amaba y el algunas veces la miraba con un hambriento deseo asomandole a los ojos, sabia que eso no queria decir que el la amara. No significaba que la quisiera para algo mas que un revolcon en la cama. No queria decir que no la abandonaria por la manana, dejandola vacia y sola otra vez.

Georgeanne paso por delante del escenario donde tocaria la banda, pensando en Virgil. Se habia enfrentado a el y se habia librado de la carga del pasado; se sentia bien.

– ?Como va todo? -pregunto, acercandose a Mae.

– Genial. -Mae la miro a los ojos y sonrio, estaba muy guapa y parecia feliz-. Al principio estaba un poco nerviosa por lo de estar en la misma habitacion con treinta jugadores de hockey. Pero ahora que he conocido a la mayor parte de ellos, he visto que son gente agradable, casi humanos. Menos mal que Ray no esta aqui. Estaria en la gloria rodeado de todos estos musculos y estos culos prietos.

Georgeanne se rio entre dientes y cogio una fresa del plato de Lexie. Recorrio la habitacion con la mirada buscando a John y lo pillo mirandola por encima de las cabezas de la gente. Mordio la fruta y aparto la mirada.

– Oye -Lexie la miro enfadada-. La proxima vez te comes las cosas verdes que has puesto en el plato.

– ?Has conocido a los amigos de Hugh? -Mae se agarro al codo de su flamante marido.

– Todavia no -contesto ella, y se metio el resto de la fresa en la boca.

Hugh las presento a dos hombres con trajes de lana y corbatas de seda. El primero, llamado Mark Butcher, lucia un espectacular ojo morado.

– Y supongo que te acordaras de Dmitri -dijo Hugh despues de haberla presentado-. Estaba en la casa flotante de John cuando fuiste hace algunos meses.

Georgeanne miro al hombre de pelo castano claro y ojos azules. No lo recordaba.

– Ya decia yo que me sonabas -mintio.

– Te recuerdo -dijo Dmitri, tenia un acento cerrado-. Llevabas puesto algo rojo.

– ?En serio? -Georgeanne se sintio halagada de que el recordara el color de su vestido-. Me sorprende que te acuerdes.

Dmitri sonrio y le aparecieron arruguitas alrededor de los ojos.

– Claro que te recuerdo. Ahora ya no llevo cadenas de oro.

Georgeanne miro a Mae que se encogio de hombros y volvio a mirar a Hugh que sonreia abiertamente.

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