Era lo suficientemente sincero consigo mismo para admitir que ella le gustaba. Quiza demasiado. Todas las veces que habia ido a recoger a Lexie la habia imaginado sin ropa, pero la lujuria no era suficiente para comprometerse durante toda la vida. La respetaba, pero el respeto tampoco era suficiente. Amaba a Lexie y queria darle todo lo que necesitara para ser feliz, pero anos atras habia aprendido que uno no debia casarse solo porque hubiera un nino de por medio.

– ?No podrias preguntarle? Entonces podriamos tene un bebe.

Ella lo miro con la misma mirada de suplica que habia utilizado para conseguir que le comprara la mascota, pero esta vez no iba a ceder. Si alguna vez se casaba de nuevo, lo haria porque vivir sin esa mujer seria un infierno.

– No creo que yo le guste a tu madre -dijo, arrojando la toalla a la cesta de la ropa sucia que habia junto al lavabo-. ?Como te hago la coleta?

Lexie le dio el cepillo.

– Primero desenreda los nudos.

John se apoyo sobre una rodilla y deslizo el cepillo con cuidado por el pelo de Lexie.

– ?Te hago dano?

Ella nego con la cabeza.

– A mama si que le gustas.

– ?Te lo ha dicho ella?

– Ademas piensa que eres muy guapo y agradable.

John se rio entre dientes.

– Se que ella no te ha dicho eso.

Lexie se encogio de hombros.

– Si la besas, pensara que eres muy guapo. Despues podreis tene un bebe.

Aunque la idea de besar a Georgeanne habia sido una condenada tentacion para el, dudaba de que un solo beso pudiera ejercer tanta magia como para resolver todos sus problemas. Ni siquiera queria pensar en lo de hacer un bebe.

Giro a Lexie un poco y le desenredo los nudos del lado izquierdo.

– Parece que tienes comida pegada en el pelo -dijo, procurando no tirar con demasiada fuerza.

– Puede que sea pizza -le dijo Lexie sin preocuparse por el asunto, despues permanecieron en silencio mientras John peinaba los finos mechones, pensando que no estaba haciendolo bien. Lexie permanecio quieta y John se sintio aliviado al ver que se habia agotado el tema de Georgeanne, los besos y los bebes.

– Si la besas, le gustaras mas que Charles -susurro Lexie.

John aparto las cortinas y miro la noche de Detroit. Desde su habitacion en el Hotel Omni, podia ver el rio que se deslizaba suavemente como una marea negra. Se sentia inquieto y con los nervios a flor de piel, pero eso no era nada nuevo. Era normal que le llevara varias horas relajarse despues de un partido, en especial si era contra los Red Wings. El ano anterior, el equipo de Motown solo habia vencido a los Chinooks, en los play-offs por un gol de diferencia que marco Sergei Fedorov. Ese ano los Chinooks habian comenzado la temporada ganando por 4-2 a su rival. La victoria habia sido una agradable forma de comenzar la liga.

La mayor parte del equipo estaba en la cafeteria del hotel celebrandolo. Pero no John. Y aunque no podia dormir, tampoco queria estar rodeado de gente. No queria comer cacahuetes, mantener conversaciones superfluas ni quitarse de encima a las groupies.

Algo iba mal. Pero salvo el pase a ciegas que le habia enviado a Fetisov, John habia jugado como en los libros de hockey. Lo habia hecho tal y como le gustaba: con velocidad, fuerza y habilidad mientras llevaba su cuerpo al limite. Habia hecho lo que mas le gustaba. Lo que siempre le habia gustado.

Pero le pasaba algo. No se sentia satisfecho. «Puedes tener tu carrera con los Chinooks, o puedes tener a Georgeanne. Pero no puedes tener las dos cosas».

John dejo caer la cortina en su sitio y echo un vistazo al reloj. Era medianoche en Detroit. Las nueve en Seattle. Se acerco a la mesilla, descolgo el telefono y marco.

– Hola -respondio ella al tercer timbrazo, revolviendo algo en lo mas profundo de las entranas de John.

«Si la besas, pensara que eres muy guapo. Despues podreis tene un bebe». John cerro los ojos.

– Hola, Georgie.

– ?John?

– Si.

– ?Donde estas? ?Que haces? Justo ahora te estaba viendo en la tele.

Abrio los ojos y miro las cortinas cerradas.

– En la costa oeste emiten el partido en diferido.

– Ah. ?Ganasteis?

– Si.

– Lexie se alegrara de oirlo. Esta viendote en el salon.

– ?Y que opina?

– Bueno, creo que le estaba gustando hasta que ese grandote de rojo te derribo. Despues se quedo algo trastornada.

El grandote de rojo era un jugador de Detroit.

– ?Ahora ya esta bien?

– Si. Cuando vio que volvias a patinar, se le paso. Creo que le gusta verte jugar. Debe de ser algo genetico.

John le echo una ojeada a las hojas que habia junto al telefono.

– ?Y que tal tu? -pregunto el, y se pregunto por que la respuesta de ella era tan importante para el.

– Bueno, casi nunca veo los deportes. No se lo digas a nadie, porque como sabes, soy de Texas -dijo en un susurro-. Pero me gusta mas ver hockey que futbol americano.

La voz de ella le hacia pensar en oscuras pasiones, reflejos en la ventana y sexo caliente. «Si la besas, le gustaras mas que Charles». Pensar en ella besando a ese hombre le hizo sentir como si le estallara el pecho.

– Tengo entradas para Lexie y para ti para el partido del viernes. Me gustaria mucho que vinierais.

– ?El viernes? ?El dia despues de la boda?

– ?No puedes? ?Tienes que trabajar?

Ella se mantuvo en silencio un largo rato antes de responder:

– No, podemos ir.

El le sonrio al telefono.

– El lenguaje puede ser un poco soez a veces.

– Me parece que a estas alturas ya estamos acostumbradas -dijo ella, y el pudo notar la risa en su voz-. Lexie esta a mi lado. Te la paso.

– Espera…, otra cosa…

– ?Que?

«Espera hasta que llegue a casa antes de decidir casarte con ese tio. Es un calzonazos y un gilipollas, y te mereces a alguien mejor». Se dejo caer sobre la cama. No tenia derecho a pedirle nada.

– Da igual. Estoy muy cansado.

– ?Necesitas algo?

El cerro los ojos y suspiro profundamente.

– No, ponme con Lexie.

Capitulo 18

Lexie recorria el pasillo de la iglesia como si hubiera nacido para ser la pequena dama de honor. Los rizos le rebotaban en los hombros y los petalos rosas volaban de su pequena mano enguantada hacia la alfombra de la pequena iglesia. Georgeanne aguardaba a la izquierda del pastor resistiendose al deseo de tirar del dobladillo del

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