Will sintio como si el suelo se moviera bajo sus pies y el no pudiera encontrar el fondo. Laura no habia dicho exactamente que todo habia terminado entre ellos, pero Will tendria que ser tonto para no darse cuenta de lo que significaban sus palabras.

Estaba dispuesto a enfrentarse a todas las sensaciones desagradables que tenia sobre la familia y los hijos. Antes o despues. Simplemente siempre habia tenido miedo de tener un hijo sin estar antes seguro de que no era un mal padre como los suyos. Posiblemente nadie en la vida obtenia esas garantias.

– Laura, no estabamos hablando de nosotros. Estabamos hablando de ti y de Archie, de que no te unas demasiado al nino y luego sufras…

El bebe lo interrumpio con un sonoro eructo.

– Voy a sufrir, Will, si sigo enamorandome mas y mas de ti, y jugar a amar es lo unico que tu siempre has tenido en la cabeza.

Eso le dolio mucho.

– Nunca he jugado contigo.

– No creo que fuera intencionado, pero si somos sinceros, siempre me incomodo tu actitud hacia el dinero - levanto la barbilla y lo miro a los ojos-. Nunca estaba segura si estabas o no jugando. Hacias cosas muy romanticas y generosas, Will, pero siempre tenia miedo de que intentaras comprar mi afecto, o que intentaras comprar cosas en lugar de sentimientos.

Diablos, ?como se habia deteriorado eso tanto? Laura no dejaba de decir insensateces. ?De pronto hablaban de dinero?

– Nunca intente comprar tu afecto.

– ?Estas seguro de eso en el fondo de tu corazon?

– Mira, no es el momento de discutir. El bebe esta despierto…

– Esta bien.

Bueno, pues el no lo estaba. Tener un bebe en la habitacion lo cambiaba todo. Si tenian que discutir, Will queria estar a solas, donde pudiera tocarla y abrazarla, donde pudiera hacerla razonar mostrandole lo reales y fuertes que eran ciertas cosas entre ellos. Nada de eso podria suceder con Archie soplando pompas de saliva en su hombro. Con el bebe ahi, Will no podia ni pensar.

– La cena debe estar quemandose… Ya tiene que estar lista.

– No tengo hambre.

– Bueno, necesitas comer y recuperar tus fuerzas.

Pero Will habia perdido el apetito tambien y no queria seguir oyendola. Se fue al vestibulo, se puso los zapatos y la cazadora.

– De todos modos iba a marcharme despues de cenar. Han pasado dias desde que no voy a mi casa. Tu ya estas bien y yo tengo un monton de trabajo.

– Montana -dijo ella furiosa-, estas huyendo.

No habia un alma en el edificio a las siete de la tarde. Los laboratorios estaban oscuros. La unica luz en el lugar era la de su despacho.

Durante tres dias, Will habia estado trabajando como una mula, quedandose hasta muy tarde por la noche en lugar de volver a casa. Repantingado en la silla, con los pies sobre la mesa, se puso a pensar en las mujeres que habia habido en su vida.

Fueron muchas. Docenas. La mayoria mas bellas que Laura. Ninguna le dio tantos dolores de cabeza por su dinero. De hecho, algunas solo lo quisieron por eso. Pero todas fueron mujeres razonables nada inclinadas a discutir. Compania agradable, sin complicaciones ni sorpresas.

Podria llamar a cualquiera de esas mujeres. En cualquier momento. La acusacion de Laura de que habia huido era irrisoria. El nunca habia huido de nada dificil en toda su vida. Era solo que no le gustaba que lo presionaran. Lo habian hecho muchas veces de nino, forzandolo a vivir con otras personas, tan necesitado de seguridad que se aferraba a cualquier cosa. En ese momento tenia seguridad. Tenia dinero. Y nadie iba a presionarlo de nuevo.

De pronto, empezo a grunirle el estomago. Oh, otra vez no.

Habia echado las galletas despues del desayuno y el almuerzo. Normalmente el tenia un estomago de hierro que no le daba problemas. Pero habia una razon por la que tenia problemas reteniendo la comida.

Habia pillado la gripe de Laura.

No tenia nada que ver con la ansiedad de haberla perdido a ella.

Pero esa vez, dejo de dolerle y se le asento el estomago. Estaba bien de nuevo. Su gripe le habia durado menos que la de Laura.

Encontraria otra mujer.

Seria rubia o pelirroja, pero nada de morenas. Tendria ojos verdes o azules, cualquier cosa que no fuera ese dulce color chocolate. Seria algo codiciosa, para que el pudiera mimarla cuando quisiera. Le gustarian las joyas y no las sudaderas de Mickey Mouse. Y tendria cerebro para no presionar a un hombre.

Se hundio mas en su sillon y cerro los ojos, decidido a imaginarse a esa mujer.

Espero, pero no vio nada. Solo aparecio ella. Llevaba calcetines grandes, y esas mallas cenidas que le marcaban el trasero, y tenia el pelo castano hecho una marana de suaves rizos. Su boca tenia una de esas sonrisas que le volvian loco. En esa imagen mental, tenia el corazon en la mirada, justo como cuando la dejo… y Will sabia que el tenia razon en que ella se estaba uniendo demasiado al bebe, pero las vacas volarian antes de que Laura lo escuchara.

La amaba.

Ella siempre tendria sus momentos irracionales. Siempre habria veces en que no lo escucharia…

Era espantoso darse cuenta de que conocia sus defectos. Pero tambien los amaba.

No le serviria de nada encontrar a otra. Laura era la que le corroia las entranas, clavada como una aguja a su corazon. La echaba tanto de menos que sentia como si le hubieran arrancado un trozo del alma. Y nada hacia que desapareciera esa horrible sensacion de vacio.

Laura habia medio esperado que las puertas del laboratorio estuvieran cerradas, pero entro sin problema. Su estomago revuelto si le estaba causando algunos. Llego al oscuro vestibulo con una mano en la tripa, temiendo vomitar en cualquier momento.

El coche de Will estaba en el aparcamiento. La luz solitaria de su despacho brillaba en la noche nevada. Asi que estaba ahi. Y como no habia respondido al telefono en su casa durante dos dias, Laura imagino que el mejor modo de encontrarlo seria ir alli.

Queria encontrarlo.

La senora Apple se quedaria a pasar la noche con Archie, asi que Laura no tenia que preocuparse de la hora. Dejo su abrigo en una silla en el vestibulo, respiro profundamente, se metio las manos en los bolsillos de los vaqueros y avanzo.

Habia una luz de seguridad encendida en todas partes, asi que podia ver. Los pasillos parecian fantasmales, pero Laura conocia bien el camino. No era la primera vez que habia encontrado a Will en su despacho. Pero todas las demas veces habia sabido con seguridad que el queria verla.

Desde su puerta abierta salia un rectangulo de luz amarilla. Lo vio, pero no oyo ningun sonido saliendo de dentro. Sin hacer ruido avanzo.

El no la vio. No inmediatamente. Pero ella si a el, y de repente se olvido de sus nervios y sus nauseas.

Estaba repantigado en su sillon como si hubiera perdido a su mejor amigo. Se habia quitado la bata del laboratorio y la habia echado sobre una silla, pero parecia que llevara una semana durmiendo con su camisa azul. Tenia barba de tres dias, el pelo enmaranado y grandes ojeras. Se le veia sin energia.

– ?Will?

Estaba mirando por la ventana, pero volvio la cabeza al momento. Laura temio que no quisiera verla, que estuviera furioso. Pero sus ojos la traspasaron con intensidad.

– Ha sido muy dificil encontrarte. No queria molestarte en el trabajo, pero no he dejado de llamar a tu casa y no te localizaba…

Laura se callo. Empezar con esa conversacion intrascendente no solucionaria nada. El orgullo era el problema. Respiro profundamente y volvio a empezar.

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