Laura sabia que el necesitaba el trabajo. El pobre estaba sudando tanto que apenas se le mantenian las gafas en su sitio. Su buena voluntad era obviamente sincera, pero en Creighton habia mucho trabajo en el despacho del interventor. Laura no estaba segura de que el senor Redling aguantara mucho con el salario que ella podia ofrecerle. Juzgar la personalidad era parte del trabajo de Laura como directora de personal. Se suponia que se le daba bien.

– Senor Redling…

El espero a que ella siguiera, pero a Laura se le habia olvidado lo que iba a decir. Dio unas palmaditas a Archie, que estaba empezando a protestar, y se levanto de la silla para poder caminar con el bebe en brazos.

Por desgracia, su diminuto despacho solo permitia dar seis pasos de un lado a otro. El senor Redling se aparto para que ella pudiera tener sitio, pero sinceramente, la presencia de un bebe en su entrevista de trabajo parecio desconcertarlo. El telefono sono, mas o menos la decima interrupcion en la hora anterior, y entonces la cabeza de June asomo por la puerta.

– No olvides que tienes esa reunion dentro de diez minutos.

– Gracias, June. Lo se.

Otra mentira. Se habia olvidado por completo de esa reunion. Se habia olvidado de lo que pensaba preguntarle al senor Redling, y si la presionaban, no estaba segura de recordar su propio nombre. En la ultima semana habia descubierto que la oficina no era lugar para un bebe. Y ademas, a su jefe James Simaker se le estaba agotando la paciencia.

Y el senor Redling seguia ahi sentado con esa expresion esperanzada, y ella tenia la mente en blanco.

Se cambio el bebe al otro hombro y le ofrecio una mano al senor Redling.

– He disfrutado mucho hablando con usted. Estoy impresionada con sus conocimientos y creo que encajaria bien el puesto. ?Que tal si los dos nos tomamos un par de dias para pensarlo? Le llamare el lunes por telefono.

El senor Redling parecio sorprendido, pero no triste, de que la entrevista hubiera terminado. Laura se sentia aliviada de haber conseguido adoptar una actitud profesional… hasta que el bebe de pronto le vomito en la blusa. Tuvo que correr para librarse del senor Redling, limpiarse la blusa, cambiar al bebe, calentar un biberon en el microondas del comedor y llegar a tiempo a la reunion.

A las tres estaba de vuelta en su despacho. Archie dormia felizmente en su cochecito.

En la ultima semana Laura se habia leido tres libros sobre bebes de arriba a abajo. Todos decian que los recien nacidos dormian continuamente. Mentira. Esa era la primera vez que Archie dormia ese dia, y Laura se moria de envidia. Si no conseguia pronto dormir una noche entera, se volveria loca. Tenia un horrible dolor de cabeza cuando la llamaron por telefono.

– Estoy intentando localizar a la mujer mas sexy de Madison, Wisconsin.

Ella cerro los ojos, se relajo en su sillon y disfruto de la primera sonrisa en todo el dia.

– Ya la tienes, Montana. Y espero que tu dia sea mejor que el mio.

– Pareces cansada.

– Bah, solo un dia de mucho trabajo. Estoy muy bien.

Se toco la nariz, preguntandose si le iria a crecer como a Pinocho. Nunca antes habia mentido a Will. El problema era que el habia sido estupendo toda esa semana.

Laura se estaba asustando de lo maravilloso que habia sido. Ella le habia llevado a comprar una cuna y el no se habia quejado. Le invito a cenar y no pudo preparar nada porque estuvo ocupada con el bebe, y el termino preparando la cena sin protestar. Y tres veces se habian encontrado medio desnudos en un momento de pasion y Archie se habia despertado llorando.

Will era un hombre comprensivo, pero no era humano ser tan bueno. Laura no habia oido una sola palabra de impaciencia, ni una queja. Le estaba infinitamente agradecida por su comprension, pero sentia con cada poro de su cuerpo que Will podria sentirse excluido como una prioridad en su vida si ella no tenia mucho cuidado.

Y Laura se negaba a descuidar a Will. Hasta entonces, corriendo a la velocidad del sonido habia conseguido mas o menos hacerlo todo, y debia seguir asi.

– La verdad es que llamo por una razon seria -dijo Will.

– ?Oh, Dios mio! ?Has averiguado algo nuevo sobre mi hermana?

– No. Debe estar viajando con dinero y no con tarjetas de credito, porque hasta ahora no se ha encontrado ninguna pista. Pero tomate eso como una buena noticia, Laura. Si tenemos problemas para encontrarla es porque se esconde tan bien como su marido. Y tengo un abogado estudiando su caso, aunque tardara algun tiempo. No hay nada que podamos hacer hasta que tengamos respuestas mas concretas.

Laura se froto la frente.

– No se como lo has organizado todo tan deprisa, pero gracias. Yo no sabria por donde empezar para contratar al abogado y a los de seguridad… y no es solo encontrarlos, sino saber que preguntarles y todo lo demas.

– Tu tranquilizate, y veras como sacamos a tu hermana de sus problemas… Y hablando de otra cosa, he encontrado un par de nineras para ti. Ya las he entrevistado y tienen excelentes referencias. Podrian ir a tu casa esta noche si quieres hablar con ellas.

Laura vacilo. No podia apreciar mas el modo en que Will se ocupaba de todo, pero a veces olvidaba que a ella tambien le gustaba ocuparse de sus cosas.

– Bueno, veras… ya he quedado con una para que venga esta noche a una entrevista.

Will se quedo callado unos instantes.

– Bueno, es estupendo que tu tambien hayas encontrado a alguien. Pero, Laura, se lo que piensas del dinero, y si tienes miedo de entrevistar a nineras que estan fuera de tus posibilidades…

– No. Esta mujer parece maravillosa. El dinero no tiene nada que ver.

– De acuerdo. Pero tener tres para entrevistar te dara mas para comparar, ?verdad? Bien, esta noche ire a buscarte al trabajo.

– No hace falta. Y tengo mi coche…

– Yo me ocupare de tu coche. Creo que ya has tenido mucha presion ultimamente y necesitas un descanso. Esto es una sorpresa. No le puedes decir que no a una sorpresa.

Ella nunca le podia decir que no a Will, pero movio la cabeza con disgusto cuando vio la resplandeciente limusina blanca aparcada fuera de la oficina.

No era la primera vez que Will tiraba dinero alquilandole una limusina, ni la primera vez que ella se asombraba por su costumbre impulsiva de gastar de forma escandalosa. Aun recordaba cuando fue a su apartamento. Will tenia todos los juguetes posibles. Una bascula parlante un toallero electrico para calentar las toallas, un estereo que hacia que la Filarmonica de Nueva York pareciera tocar en vivo y un tren de juguete que recorria su enorme salon, con lucecitas y resoplando a traves de montanas en miniatura.

Laura entendia que de pequeno no tuvo juguetes, y seguro que tampoco penso nunca que de mayor tendria dinero. Un profesor en su duro colegio publico se dio cuenta de la capacidad de Will para la ciencia. Will gano suficientes becas para terminar sus estudios en la universidad y luego creo una empresa privada de investigacion cientifica. Eso no duro mucho. No fue nunca el dinero lo que motivo a Will sino la sed de desafios imposibles. Cuando empezo a patentar algunos de sus descubrimientos, el dinero le llovia. Y seguia siendo asi. Will no dejaba de tener ideas que valian su peso en oro.

Se habia ganado el dinero y tenia todo el derecho a usarlo como quisiera. Pero desde el principio, lo que se habia gastado con ella iba mas alla de la indulgencia o la generosidad. Laura tenia miedo de que el tuviera algunos sentimientos confundidos entre el dinero y la seguridad. Pero ella lo habia visto en su trabajo, tenia su propio laboratorio, y se suponia que debia dedicarse a dirigir a sus empleados. Mas de una vez lo habia encontrado con las mangas subidas, un cafe frio a su lado, inclinado sobre un microscopio sin tener idea de que llegaba dos horas tarde a una cita.

El dinero no era tan importante para Will como el creia. Pero cuando se empenaba en gastarlo, no podia detenerlo ni una avalancha.

– ?Te gusta el cochecito para el nino?

Will le quito todo lo que llevaba en los brazos, excepto a Archie.

– Creo que estas loco.

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