Phoebe tenia miedo de que Fox quisiera romper su relacion con ella ahora que la cascada estaba casi terminada. Ademas, ya solo les quedaba una sesion. Y el habia progresado tanto… sus brazos, sus hombros, todo su cuerpo habia recuperado el tono muscular. Se movia con virilidad, con fuerza, con energia.
Ya no la necesitaba.
– No has tenido un dolor de cabeza en toda la semana, ?verdad? ?Duermes mejor?
– ?Que tal si hablamos de como duermes tu?
– ?Yo?
«Fatal sin el», penso Phoebe. Pero no pensaba decirselo.
– Si, tu.
– Bien. ?Por que?
– Por nada. Es que hoy no me apetece hablar de mi -suspiro Fox-. ?Podemos dejarlo durante un par de horas?
– Si, claro.
Unos minutos despues tomaban una carretera de grava que no llevaba a ningun sitio… bueno, al campo. Pero fue alli donde Fox detuvo el coche.
– ?Que te parece?
A Phoebe se le ocurrio que podia ser el sitio seguro que habia descrito durante el primer ejercicio de relajacion, pero no entendia por que la habia llevado alli.
– Es muy bonito… este campo vacio.
– Intenta imaginarlo sin lluvia, con un sol resplandeciente -dijo Fox.
– Yo creo que es precioso bajo la lluvia y que seria aun mas bonito con sol -contesto ella.
– He estado pensando en mudarme. Mi madre es estupenda, pero quiero vivir solo. Y quiero tener mi propia casa.
– ?Te sientes con fuerzas para eso?
– Aun no puedo moverme a la velocidad de un caballo de carreras, pero si, estoy pensando en ello.
– Ah, ya.
– Esta finca es mia y he pensado que estaria bien vivir aqui.
– Yo creo que podrias hacerte una casa preciosa.
– Pondria la cocina ahi, con puertas corredoras y un gran porche en el que tomaria el desayuno: pomelos - dijo Fox, senalando a la derecha-. Todas las paredes serian de cristal para poder ver el campo. Y con paneles solares para ahorrar energia. El dormitorio principal estaria arriba, al norte, pero con ventanas al este y al oeste para ver el amanecer y la puesta de sol.
– Suena maravilloso, Fergus.
– ?Puedes imaginarla?
– Claro que si.
– ?Te imaginas a ti misma viviendo en una casa asi?
Phoebe arrugo el ceno.
– Si podria. Seguro que es una casa de ensueno, pero… no se si deberias vivir tan lejos de la ciudad. Y solo.
– Yo no quiero vivir solo -dijo Fox, cerrando un momento los ojos.
– ?Te duele la cabeza?
– No, no, es que… Phoebe, yo…
– No -lo interrumpio ella-. Se que te duele. No hables. Date la vuelta, Fox. Mira por la ventanilla.
– No lo entiendes. Lo que quiero…
– Deja de hablar. Voy a darte un masaje para que se te pase el dolor.
Suspirando, Fox se dio la vuelta y ella se puso de rodillas sobre el asiento. No era una postura comoda, pero asi podia darle un masaje en el cuero cabelludo.
– Quiero que te imagines delante de un tunel inmenso con los colores del arco iris…
– Lo diras de broma.
– Haz lo que te digo.
– Muy bien -suspiro el, con ese tono condescendiente que usaban los hombres cuando fingian paciencia. Pero a Phoebe le daba igual.
– Cierra los ojos e imagina un tunel con todos los colores del arco iris. Quiero que des un paso adelante, Fox. Quiero que veas el color rojo. Hay mucha energia en ese color. Pasion, rabia, muchas emociones… Luego vamos a pasar al naranja. Siente lo brillante que es ese color. Un color feliz, como el amarillo. ?Y el verde! Es un color maravilloso. Casi puedes oler la hierba verde, las hojas verdes… Y ahora, por fin, hemos llegado al azul. Es un azul claro, como el cielo. Un color que da paz. No hay estres en el azul. Ni miedos, ni preocupaciones. ?Sientes el azul, Fox?
– Si, siento el rojo… digo el azul.
Phoebe sonrio.
– Eso es todo lo que tienes que hacer cuando sientas que empieza el dolor. ?Que tal?
Fox se volvio hacia ella. La lluvia de un momento antes se habia convertido en una tormenta y el agua golpeaba el parabrisas con un sonido ritmico, repetitivo.
– ?Que te hizo, Phoebe?
– ?Que?
– Ese tipo con el que estabas prometida. ?Que te hizo? Dijiste que serias sincera. Yo te he contado lo que me paso a mi.
Phoebe lo miro, sintiendose perdida.
– ?No se te ha pasado el dolor de cabeza?
– No me dolia la cabeza.
– ?No?
– No. Tu me has curado, Phoebe. Y lo que quiero ahora es que dejes que te ayude yo -dijo Fox, muy serio-. ?Que te hizo ese canalla?
Ella aparto la mirada.
– Es algo de lo que no me gusta hablar. Y menos con un hombre.
– Pues olvida que soy un hombre y piensa en mi como un amigo.
– Eres un amigo. Pero no puedo olvidar que eres un hombre. Ninguna mujer podria.
– No se si eso es un cumplido o un insulto.
– Es solo una afirmacion.
– Bueno, pues encuentra la forma de contarmelo -insistio el.
Phoebe aparto la mirada de nuevo. No sabia como empezar.
– En el instituto… yo salia con muchos chicos. Lo pasaba bien, pero siempre decia que no cuando querian ir demasiado lejos. Me reservaba para el hombre de mi vida… Ya sabes como son las chicas a esa edad, siempre sonando con el principe azul.
– Si, lo se.
– Yo queria esperar… y entonces aparecio Alan. Pense que era mi principe azul, asi que cuando nos prometimos…
– Lo hiciste con el. ?Te hizo dano?
– No.
– ?Te asusto?
– No. No es eso. Fue estupendo.
– ?Entonces?
– Ese era el problema.
– No entiendo.
– Que me gusto mucho, ese era el problema -suspiro Phoebe-. Al principio, yo no lo entendia. Estabamos prometidos, lo pasabamos bien en la cama, pero poco a poco Alan fue apartandose de mi.
– ?Por que?
– Porque yo le queria y no habia nada que no quisiera probar con el, o hablar con el en la cama.
– ?Y?
