Y el iba a echarla del castillo.
Hamish trago saliva. Aquel castillo valia una fortuna, desde luego, y conservar alli a una mujer a la que no conocia de nada solo por razones sentimentales seria completamente absurdo. Los abogados le habian dicho que su marido le habia dejado un dinero, de modo que podia volver a Estados Unidos y seguir adelante con su vida.
Hamish siguio mirandola, pensativo. Nadaba con expresion de felicidad, mirando alrededor como si estuviera viendo aquella playa por primera vez. O por ultima vez.
Entonces desaparecio bajo el agua. Y no volvio a sacar la cabeza.
Hamish se incorporo, asustado.
Susie saco la cabeza del agua unos segundos despues, a quince metros de donde se habia hundido. Y Hamish volvio a respirar.
Ella lo saludo con la mano y el le devolvio el saludo. Si supiera que tenia el corazon acelerado… que tonto. Susie nadaba de maravilla. Mejor que el.
– Lo que pasa es que nunca te has tomado unas vacaciones. Por eso te has asustado. Se te ha olvidado lo que es la playa -se dijo a si mismo, enfadado-. Pero corta el rollo de una vez.
Hamish se tumbo de nuevo en la toalla y cerro los ojos.
Luego abrio uno. La vigilaria un poco. Por si acaso.
Habia sido estupendo. Nadar en la playa, sola, sin tener que preocuparse de la seguridad de su hija… hacia tanto tiempo que no podia hacerlo que casi se emociono.
Cuando iba hacia la sombrilla, Hamish se levanto con una toalla en la mano.
– ?Que tal?
– Una maravilla.
– Es una playa estupenda, si. Supongo que no te apetece nada marcharte.
– No, no me apetece, pero… es hora de que la disfrute otra persona. U otras personas. Todos los que se alojen en el hotel.
– Lo mas sensato es vender el castillo, Susie.
– Si, claro -respondio ella, apartando la mirada-. Gracias por cuidar de Rose.
– Nunca habia cuidado de un nino.
– ?Nunca?
– No tengo hermanos, asi que… Bueno, tenia un primo, pero era un idiota.
– Que pena ser hijo unico. Tener una hermana gemela siempre ha sido maravilloso para mi.
– Pero Rose…
– Si, ya se. Pero mi hija siempre estara rodeada de ninos -dijo ella, decidida.
?Como iba a hacerlo? No tenia ni idea, pero ya encontraria la manera.
Pensaba volver a su casa para cuidar de su hija y seguir trabajando en lo que mas le gustaba. Aunque estuviera sola.
No pensaba dejar que esa idea la deprimiese.
– Tu hermana vive aqui, ?no?
– Si.
– ?Tiene ninos?
– Si. Bueno, las ninas son de su marido, pero es como si fueran sus propias hijas.
– ?Por que no te quedas aqui?
– ?Y depender de Kirsty toda mi vida? No, eso nunca.
– La independencia puede ser muy dura.
– Sospecho que tu sabes mucho de eso -sonrio Susie-. Yo estoy aprendiendo.
– Susie… -empezo a decir el. Pero se detuvo al oir un ruido. Era un pequeno yate que se acercaba a la cala. En el habia una pareja de mediana edad, el hombre con una camisa hawaiana y la mujer con un banador que tenia mas flores que la camisa de su marido.
Cuando llegaron cerca de la playa el hombre se puso en pie y se coloco las manos sobre la boca a modo de altavoz:
– ?Podemos atracar aqui? ?Hay rocas? -les grito.
– ?No hay rocas! -grito Susie.
El yate se acerco a la playa y el hombre metio un pie en el agua como si esperase que hubiera piranas.
– ?Que bonito es esto, Albert! -exclamo la mujer-. El agua no esta nada fria. Hola.
Eran americanos. Dolphin Bay estaba empezando a llenarse de americanos, penso Susie.
– Hola.
– Solo queriamos hacerles una fotografia -explico la mujer-. ?Verdad que si, Albert? Les hemos visto con el nino… y el perro. ?Es un dingo?
Susie miro a
– Si, claro. Es practicamente salvaje.
– ?Podemos hacerles una fotografia? Ya se que no son ustedes aborigenes, pero tienen un aspecto tan tipico del pais…
Susie se volvio hacia Hamish, con una ceja levantada.
– ?Que te parece,
El sonrio.
– No se, cielo -contesto, fingiendo un acento australiano que no le salio mucho mejor que a ella-. Podriamos hacernos una foto en el yate para ensenarsela a los ninos cuando sean mayores.
A Susie le dio la risa y Albert los miro con expresion suspicaz.
– Pueden hacernos una fotografia -dijo ella por fin.
– ?Les importaria abrazarse? -pregunto la americana entonces-. O podrian tomar al nino en brazos.
– Es una nina. Y no, sera mejor no hacerlo. La pobre esta dormida. Carino, ?por que no abrazas al dingo?
El «dingo» lamio la cara de Hamish cuando lo tomo en brazos.
– Pongase detras del bebe, para que salgan todos en la fotografia.
Hamish y Susie obedecieron, divertidos.
– Pasele un brazo por los hombros -le instruyo Albert-. Vamos, abrace a su mujer.
– No es mi…
– Abrazame, carino -interrumpio Susie-. Se que estas deseando hacerlo.
Hamish le paso un brazo por la cintura. Estaba en una playa australiana, con un perro en brazos, una nina durmiendo en su moises y abrazando a una mujer. Y sonriendo a la camara de unos americanos despistados como si fuera el dia mas feliz de su vida.
Fue una experiencia extrana. Si Marcia pudiera verlo no daria credito. O pensaria que tenia un gemelo identico que hacia esas cosas tan raras.
Susie, apretada contra su costado, olia de maravilla. Y su piel estaba tan calentita…
Tenia que volver a casa, se dijo. Tenia que poner el castillo en venta y seguir adelante con su vida como si todo aquello no hubiera pasado nunca.
– ?Donde podemos enviar las fotografias? -pregunto Albert-. ?Tienen una residencia permanente?
– Esta gente parece pensar que somos vagabundos -dijo Hamish en voz baja.
Susie solto una carcajada.
– Miren, no estamos casados y no somos vagabundos. Les presento a lord Hamish Douglas, baron de Loganaich. Yo soy… la reliquia del castillo. Y su jardinera, ademas.
– Una jardinera estupenda -sonrio Hamish, dejando a la pareja americana boquiabierta.
– Siguen pensando que somos un par de vagabundos -dijo Hamish mientras el yate se alejaba mar adentro.
– Deberia haberles dicho que soy una princesa arabe o algo asi -rio Susie-. ?Has visto que cara han puesto?
