– Pero les hemos alegrado el dia, seguro. Ahora tendran algo que contar cuando vuelvan a casa.
– Seguro que pasan por la oficina de correos.
– ?Para que?
– Harriet lleva la oficina de correos de Dolphin Bay y tiene un cartel en la puerta anunciando una «Oficina de Informacion». Impartir informacion, del tipo que sea, es su gran pasion en la vida. Seguro que van a preguntarle y cuando les cuente que eres un lord de verdad volveran para hacernos mas fotos.
– Entonces nos esconderemos en el castillo y cerraremos las persianas.
– Ojala fuese tan facil -rio Susie-. En fin, es hora de volver a ser adultos. Tengo que acabar el camino.
– Y yo tengo que hacer un inventario.
– ?Que?
– Marcia dice que deberia catalogar los muebles del castillo.
– Ah, ya. ?Que piensas hacer con Eric y Ernst?
– ?Quien?
– Las dos armaduras.
– Ah, no se. A lo mejor las vendo.
– Yo las compraria.
– ?Para que?
– Cuando vuelva a casa no tendre a
Hamish la miro, atonito. Y luego solto una carcajada.
– Espero que no te haga gracia algo tan serio como el protocolo de Kyoto.
– No, claro que no. Es una cosa muy seria. La semana pasada le estaba contando yo a mi tronco de Brasil…
– No te rias de mi.
– No me estoy riendo de ti -sonrio Hamish-. Pero Eric y Ernst son tuyos. No puedo separarte de tus contertulios politicos. ?Como piensas llevartelos a casa?
– No creo que me los dejasen llevar en el avion.
– Podrias conseguirles un pasaporte diplomatico. Yo podria hacer algunas llamadas. Eric y Ernst, nacidos en China y con opiniones politicas que tiran hacia la izquierda… porque supongo que seran de izquierdas.
– Es peligroso suponer nada sobre Eric y Ernst.
– Muy bien. Estudiare la situacion con cautela diplomatica. Pero hare todo lo que este en mi mano, Susie Douglas. Cuando te marches a America me gustaria ver que llevas a Eric a un lado y a Ernst a otro.
– Eric es vegetariano -le informo ella-. Y a Ernst no le gusta viajar al lado de la ventanilla.
Hamish solto una alegre carcajada. Susie lo miraba con una expresion seria que contrastaba con el brillo de burla que habia en sus ojos y el se sintio…
– Veremos que puedo hacer -consiguio decir-. Pero mientras tanto, creo que deberiamos volver al castillo. Sospecho que hemos tomado demasiado el sol.
Capitulo 5
Estuvieron mas serios durante el resto del dia. Tanto que casi se evitaban el uno al otro. Hamish se dedico a catalogar algunos muebles, pero no tenia mucho sentido catalogar candelabros de plastico. Susie se dedico a guardar cosas en las maletas, pero no ponia el corazon en ello.
Se encontraron para cenar.
– Sopa de tomate y tostadas -le informo ella.
Y Hamish no discutio. Tomo la sopa con tostadas y despues, cuando Susie se fue a la cama, tomo mas tostadas. Al dia siguiente iria al pueblo para comprar provisiones o acabaria muerto de hambre. Entonces recordo que al dia siguiente era el dia de la feria. Angustiado, decidio que no tenia mas apetito. De modo que volvio a su habitacion y se quedo mirando al techo.
Jodie le habia dicho que aquellas serian unas vacaciones, pero ?no se suponia que uno descansaba durante las vacaciones? ?Que se olvidaba de todo? El sonido de las olas le llegaba por la ventana, pero el resto del mundo parecia en silencio. Acostumbrado al ruido incesante de Manhattan, aquello parecia otro planeta.
Hamish decidio que echaba de menos Manhattan. Su duplex, su austero cuarto de bano sin reyes ni reinas que mirasen, el ruido del trafico… ?Y a Marcia? Si, claro que echaba de menos a Marcia.
No, no era cierto. Y no echaba de menos Manhattan tampoco. No sabia que le pasaba. Por fin, consiguio conciliar el sueno y Marcia, Jodie y Susie parecian competir por aparecer en el. Marcia aparecia en silencio, mirandolo todo con expresion despreciativa. Jodie estaba en jarras, retandolo a ser diferente. Y Susie se estaba riendo.
Pero de repente la risa de Susie se convirtio en lagrimas y Hamish desperto con el cuerpo cubierto de sudor.
Y Susie ya no estaba en sus suenos. Estaba en la puerta de su habitacion y ni lloraba ni reia. Tenia una falda de cuadros en la mano.
– Buenos dias.
– Buenos dias -murmuro el, sorprendido.
– Su kilt y los demas complementos esperan, lord Douglas.
Hamish se sento en la cama de un salto. Pero enseguida recordo que no llevaba pijama, de modo que agarro la sabana y parpadeo ante la aparicion que habia en la puerta.
Susie llevaba un pantalon azul pirata y un top con los mismos cuadros que la falda que tenia en la mano. Porque se llamase «kilt» o no aquel era una falda, penso, irritado.
– ?Que estas mirando?
– Esa blusa que llevas.
– Puede que tu seas el jefe del clan, pero yo tambien soy una Douglas.
Aquella mujer era pariente suya, penso Hamish.
Y la familia era algo aterrador.
– No pienso ponerme eso.
– Me lo prometiste -le recordo Susie-. Ahora no puedes echarte atras, baron. Ademas, ya he prometido que iriamos.
– ?A quien se lo has prometido?
– A los organizadores de la feria. ?Quieres que te ayude a vestirte?
– ?No!
– Bueno, es que habia pensado que podrias tener problemas con el «sporran».
– ?Que?
– La escarcela que se lleva encima de la falda.
– Ah, ya. No, me la pondre yo solito, gracias.
– Estupendo -sonrio Susie, tirando sobre la cama la falda de cuadros, una especie de bolsita de piel y un gorro con una pluma.
– ?Tengo que ponerme todo eso?
– Todo. Vamos, date prisa. Voy a hacer el desayuno.
– Tostadas, por favor.
– ?No quieres gachas? Es lo tipico.
– Tostadas. Como lider del clan, exijo tostadas.
– Ah, me encantan los hombres duros… que llevan falda.
– Susie…
– Ya me voy, ya me voy.
Cuando termino de vestirse, Hamish se miro al espejo.
