No podia dar marcha atras, pero si podia mejorar el futuro. Concertaria una cita con el ginecologo para que le recetara un anticonceptivo, y problema resuelto.

Stone se ajusto la mascara intentando convencerse de que lo estaba pasando bien, pero no lo consiguio. La verdad es que habia dado la fiesta por Cathy, intentando que tuviese algo divertido que esperar, y para de mostrarle que no estaba completamente fuera del mundo, y puede que un poco para presumir. No habia reparado en gastos.

Ninguna de las razones era de peso, y no estaba orgulloso de ellas, y al ver el tumulto de gente, incluso deseo no haberlo hecho. No queria tener a toda aquella gente en su jardin, ni queria tener que soportar sus miradas, y las preguntas que se suponia que no debia oir. Pero lo mas dificil eran las palabras y las miradas de la gente que de verdad sentia algo por el. Loa amigos que habian intentado estar en contacto despues del accidente. Los amigos que el habia rechazado negandose a hablar con ellos por telefono y a responder sus notas.

– ?Stone?

Se dio la vuelta y vio a Meryl Windsor acercandose a el. A pesar de la mascara y la falda de vuelo de su vestido, la reconocio.

– Hola, Meryl -la saludo, estrechando su mano.

Ella lo beso en la mejilla.

– ?Como demonios me has reconocido? Han pasado anos, y estaba segura de llevar un disfraz infalible.

– Recordaba perfectamente tu voz.

– Demasiados anos en un internado ingles. No podre dejar de pagar por ello ni en toda mi vida -suspiro dramaticamente y luego se echo a reir-. Ni siquiera mis profesores de ingles aprobaban mi sentido del humor.

– Yo lo he echado de menos -dijo, intentando ser amable, pero luego se dio cuenta de que de verdad era asi.

Era una mujer alta y pelirroja que llevaba anos felizmente casada. Su marido habia sido un buen amigo suyo.

– ?Como esta Ben?

– Bien. Me ha pedido que le disculpe, pero por cuestiones de trabajo esta en Paris.

– ?Y como es que no lo has acompanado?

Meryl siempre viajaba con su marido.

– Es que los ninos acaban de empezar el curso y no podia dejar pasar la oportunidad sin hacerles unas cuantas fotos -su sonrisa era descarada-. Pero por suerte para ti, llevo un bolso demasiado pequeno para poder camuflarlos dentro, porque si no, te habria torturado con ellos sin piedad. Soy una madraza.

– Lo recuerdo.

Meryl se acerco y paso la mano por su brazo.

– Ay, Stone, cuanto te hemos echado de menos. Yo no me habia rendido. Seguia enviandote postales en las vacaciones y llamando por telefono para interesarme por ti.

– Me lo ha dicho Ula.

La carpa era grande, con una pequena barra de bar en un rincon, junto a una plataforma de madera para bailar. Unas mesas redondas en las que habia sentada un monton de gente rellenaban el resto del espacio y Meryl le llevo despacio hacia la salida de la tienda.

– Stone, ?por que insistes en hacerte el martir? Nadie te culpa por lo que ocurrio. Estoy segura de que ni siquiera Evelyn.

Meryl habia sido siempre una persona franca y directa, pero que no conocia todos los hechos. Ojala no fuese asi. Ojala pudiera creerla.

– ?Sigues colaborando con organizaciones humanitarias? -le pregunto.

– Un cambio de tema no demasiado sutil -protesto, pero aun asi le hablo de los esfuerzos que estaba haciendo para recaudar dinero para el hospital infantil.

Al principio escucho sus palabras, pero despues algo llamo su atencion. Miro hacia la puerta y vio que Cathy habia entrado en la carpa. Estaba rodeada por un grupo de admiradores, y le costo trabajo asimilar que una mujer tan increiblemente hermosa formase parte de su vida.

La luz intensa iluminaba sus cabellos y realzaba el tono rojizo, y el vestido sin hombros hacia que su piel pareciese de saten. La pequena mascara escondia solo sus enormes ojos verdes. Era una imagen maravillosa, y tan intenso fue el deseo que lo sobrecogio.

– Hay que ver, Stone; ni siquiera finges escucharme -protesto Meryl con un suspiro-. Por lo menos Ben disimula mejor.

– Lo siento -se disculpo-. Estaba…

– Se exactamente lo que estabas haciendo -Meryl hizo un gesto con la cabeza hacia Cathy-. ?Quien es? ?Por fin te has decidido a dejar atras el pasado?

– Es… -no sabia bien como explicarlo. Cathy era una amiga, alguien que trabajaba para el, y tambien un proyecto, una forma de compensar lo que habia hecho en el pasado-. Es mi asistente -dijo al fin.

– Ah, la mujer misteriosa. He oido hablar de ella -y le dio una palmada en el brazo-. Exijo que me la presentes, asi que en cuanto Ben vuelva de Paris, quiero que los dos vengais a cenar con nosotros.

Stone murmuro algo ininteligible que Meryl tomo como un si, aunque no era lo que el pretendia. No iba a ir a ningun sitio con Cathy. La fiesta era un caso especial en el que la mascara le ofrecia proteccion. Pero en casa de Meryl las cosas serian distintas. Luces brillantes y ninos que se asustarian. No, no iba a ir a verlos, pero tampoco queria estropearle la noche diciendoselo.

Cuando un atractivo joven vestido de torero reclamo a Meryl para bailar, Stone se retiro a un rincon tranquilo desde el que poder observar la fiesta. Cathy no dejaba de mirarlo, pero le habia hecho varios gestos de que siguiera circulando y disfrutando de la fiesta.

Para el era un placer observarla. Disfrutaba con ver como los jovenes flirteaban con ella porque sabia que no tenian nada que hacer, algo innoble e injusto, ya que no pretendia una permanencia emocional con ella.

Pero por aquella noche podia disfrutar con la imagen de otros hombres fisicamente perfectos que intentaban capturar su atencion, cuando aun llevaba su huella sobre la piel, renovada apenas un par de horas antes de la fiesta.

Estaba jugando a un juego peligroso y lo sabia. Le estaba siendo dificil mantener la distancia, y era consciente de que tendria que cambiar. Tendria que aprender a retirarse, porque habia ido perdiendo perspectiva. Todo aquello era por su esposa, y sin embargo y sin que pudiera explicarselo, habia llegado a ser por si mismo tambien.

Cathy se movia por la fiesta con un desparpajo que no sentia. Cada vez que intentaba acercarse a Stone, el se alejaba para que pudiera disfrutar de la fiesta. Como si estar con el le impidiera divertirse. ?Pero es que todavia no se habia dado cuenta de que estar con el era toda la diversion a la que aspiraba? ?Como alguien tan brillante en los negocios podia ser tan obtuso con las mujeres?

Dejo el vaso de agua que se estaba tomando y se encamino hacia la salida. Al final de un camino iluminado se llegaba al lavabo de senoras, al que entro para revisar su maquillaje. Era una estancia enorme, con una zona de descanso y dos cuartos de bano independientes. Se toco el pelo y abrio el pequeno bolso para sacar el lapiz de labios. La puerta se abrio y entraron dos mujeres. Sus disfraces eran muy elaborados, obviamente alquilados en algun lugar de postin. Las dos eran altas, delgadas y muy guapas, y seis meses antes, Cathy habria desaparecido inmediatamente, pero en aquel momento se enfrento a sus miradas en el espejo con una sonrisa.

– ?Esta ocupado el lavabo?

– No, no. Estan vacios.

Cathy volvio su atencion a la barra de labios. El color era un coral algo oscuro que al principio no le habia gustado demasiado, y habia sido la insistencia de la chica de la perfumeria la que…

– Esta tan guapo como siempre -dijo una de las mujeres con la voz ligeramente ahogada por la puerta-. Con esa mascara y la capa, parece el protagonista de El fantasma de la opera.

Cathy miro por encima del hombro. Ambas mujeres estaban usando el lavabo, y al parecer se habian olvidado de que no estaban solas, o les importaba poco no estarlo. En cualquier caso, como estaban hablando de Stone, se sintio con derecho a escuchar.

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