Stone fruncio el ceno.

– ?No vas a comer?

– Puede que mas tarde. Quiero ir a correr.

Y se levanto.

El principio del mes de septiembre estaba siendo caluroso, pero soplaba una agradable brisa del oceano. Cathy llevaba una falda corta y una blusa sin mangas, y ambas cosas mostraban con perfeccion su figura. Stone se encontro deseandola. No importaba el numero de veces que hicieran el amor: el seguia sintiendo necesidad de ella. Pero Cathy entro en su despacho sin mirar hacia atras, y de pronto no estuvo seguro de que le diria si se lo proponia.

Algo habia cambiado entre ellos. Lo venia notando desde un par de dias despues de la fiesta. Intentaba convencerse de que era cuestion hormonal o de presion de trabajo, pero ya no se lo creia. ?Seria por lo que le habia contado sobre Evelyn? ?Estaria celosa?

No, no podia ser. Le habia explicado lo de su matrimonio, y sabia ya que no queria a su mujer, al menos del modo que se espera. Desde luego, nunca la habia deseado del modo en que la deseaba a ella. Eso tenia que saberlo. Su relacion sexual era maravillosa para ambos, y ella siempre estaba preparada para el. Eran perfectos juntos. ?Cual seria entonces el problema?

Quizas estuviera sintiendo la misma confusion que el. Le gustaba tenerla a su lado, y a pesar de sus intentos por evitarlo, habia llegado a sentir algo por ella. No estaba preocupado porque pudiera llegar a quererla, ya que nunca volveria a querer a nadie, pero tampoco deseaba perderla. No estaba muy claro que clase de situacion estaba viviendo.

Alguien llamo con los nudillos a la puerta. Por un instante, penso que era Cathy que volvia, pero despues se dio cuenta de que habian llamado a la puerta que daba al recibidor, y no del otro despacho.

– Adelante -llamo.

Ula entro. Como siempre, estaba perfecta con su vestido gris.

– He dispuesto la comida.

– Gracias. Cathy va a salir a correr, asi que comera un poco mas tarde.

Ula asintio.

– Me he cruzado con ella en el recibidor y me lo ha dicho.

Hizo una pausa y el supo que tenia algo mas que decir.

– ?Que ocurre? -le pregunto, ya que seria absurdo intentar evitar lo inevitable.

Dio un par de pasos en la habitacion. A pesar de su estatura, o mejor de su falta de ella, era imponente.

– No puede seguir haciendo esto mucho mas tiempo -le dijo, mirandolo a los ojos.

No estaba seguro de a que se referia con «esto», pero tenia la impresion de que Ula iba a darle todos los detalles, asi que se recosto en su sillon y permanecio en silencio.

– Ella no es un juguete -dijo Ula.

Ella era Cathy, por supuesto.

– Lo se. Yo la respeto. Trabaja para mi y hace un gran trabajo.

Sabia que todo, aquello no tenia nada que ver con el trabajo, pero era la unica carta que podia jugar.

– La chica esta enamorada, y la esta tratando como si sintiera algo por ella, cuando al final va a tener que enfrentarse al dolor. Debe dejarla marchar ya.

– No es asi -protesto, intentando no recordar la primera vez que habian hecho el amor. Cuando se dormia, Cathy habia susurrado un «te quiero». Despues no habia vuelto a repetirlo, y casi habia conseguido convencerse de que no habia pronunciado aquellas palabras en realidad… o bien, si lo habia hecho, que no habia puesto el corazon en ellas.

Desgraciadamente, ni siquiera el podia convencerse de una cosa asi. Sentia algo por el lo bastante fuerte como para salir malherida. No queria que lo quisiera, porque el no merecia la pena, y por otro lado, sabia bien que no debia dejarse llevar por los sentimientos.

– Yo nunca le he dicho que pudiera esperar nada -dijo a la defensiva, tanto ante si mismo como ante Ula.

– Se merece algo mejor. Ha sido maravillosa con usted, y asi es como se lo paga, utilizandola como si no fuese una persona de carne y hueso, merecedora de consideracion.

– No es eso -protesto, aunque en el fondo sabia que podia tener razon.

– Es exactamente eso, y no se que es peor: si que se este mintiendo a si mismo tratando de ocultarse la verdad, o que este tan ciego e inmerso en si mismo y en sus propios problemas que no sea capaz de ver lo que esta ocurriendo en realidad.

Cathy se quedo mirando aquel pequeno vaso de plastico.

– ?Tengo que hacerlo?

La enfermera de pelo rizado sonrio.

– Eso me temo.

– Si es que he ido al bano justo antes de salir de casa.

– Hay una fuente de agua fria al final del pasillo -sugirio la enfermera-. Podria probar a beberse un par de vasos.

– En fin… primero probare a ver lo que puedo hacer yo sola.

Cuando termino, la enfermera la condujo a una consulta y le entrego una bata de papel.

– Estoy segura de que conoce ya la rutina -dijo-. El aire acondicionado sigue estropeado, asi que puede dejarse los calcetines puestos.

– Ah, vale. Mucho mejor.

Cathy entro tras la cortina. Aunque detestaba ir al medico, sabia que era importante someterse a una revision anual. Y queria que le recetasen anticonceptivos.

Doblo su ropa y se puso la bata. Como siempre, se sentia ridicula e indefensa en aquella camilla, y para distraerse, penso en Stone. Su buen humor se desvanecio, y solo entonces se dio cuenta de que habia sido un error.

?Cuanto tiempo pasaria hasta que Stone se diera cuenta de que algo iba mal? Seguramente ya lo sabia, pero le estaba dando tiempo. Ademas, no podia culparle de nada, porque se habia metido en aquella relacion sabiendo que nunca se enamoraria de ella, y que estar con el y perderle despues siempre seria mejor que haberse quedado con la duda. No podia olvidarlo. Lo habia prometido.

– Una promesa facil de hacer cuando no sabes lo mucho que va a doler mantenerla -admitio.

A veces el dolor era tan intenso que no le dejaba respirar. Creia saber lo que hacia al iniciar aquella aventura, pero ahora no estaba ya tan segura. Seguia queriendolo, y si acaso, sus sentimientos eran ahora mas fuertes. Seria cuestion de tiempo el que se cansara de ella. Y entonces, ?que? ?Que seria de ella? ?Adonde iria? ?Podria seguir trabajando para el? ?Querria el seguir teniendola como asistente?

Unas preguntas demasiado peligrosas. Le gustaba su trabajo y no queria pensar que habia creado aquel puesto por lastima. Por lo menos queria que respetase su capacidad. Quizas podria…

La puerta de la consulta se abrio y entro la doctora. Era una mujer de pelo gris y expresion agradable.

– ?Cathy? Soy la doctora Chastin, pero llamame Maddy, por favor. ?Que tal estas?

– Bien. Un poco nerviosa. Creo que a nadie le guste pasar por esto, pero se que es necesario. Ah, le he dicho a la enfermera que me gustaria que me recetases anticonceptivos.

– Si, me lo ha mencionado -la doctora se sento en un taburete junto a la camilla-. ?Mantienes una relacion estable?

– Si. Soy monogama, si es eso a lo que te refieres.

– Si, pero no por las razones que te imaginas.

La doctora tenia una expresion bondadosa y las lineas de alrededor de sus ojos y su boca sugerian un caracter alegre que hacia que Cathy se sintiera muy comoda.

– Es un poco tarde para anticonceptivos -le dijo, tomando su mano entre las suyas-. Siempre hacemos la prueba de orina a nuestros pacientes, y la tuya ha dado positivo. Estas embarazada.

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