estuvo de acuerdo con que yo me educara fuera del pais no tienes ninguna garantia de que te permita llevarte lejos a su primer nieto. Yo que tu no contaria entre mis planes con marcharme.

– Lo se -reconocio Cleo sintiendo que mirara donde mirara se sentia prisionera-. No puedo enfrentarme a esto ahora. Al final tal vez acabe casandome con Sadik contra mi voluntad, pero voy a luchar todo lo que pueda.

– Me parece bien -aseguro Sabrina dandole un abrazo antes de ponerse en pie-. Voy a regresar a casa. Cuando estes dispuesta a preparar la boda llamame. Lo dejare todo y vendre.

Sabrina se dirigio hacia la puerta. Cuando abrio el picaporte se giro un instante para mirarla.

– Ya se que no soy Zara, pero si necesitas hablar con alguien me encantaria que contaras conmigo.

– Te lo agradezco mucho. Gracias.

Sabrina se marcho. Cleo se tumbo en el sofa. Una de las ventajas de casarse con Sadik era que tanto Zara como Sabrina se convertirian en sus parientes legales. Serian sus cunadas.

Aquello era suficiente para hacerla cambiar de parecer.

Poco despues de las tres de la tarde de aquel mismo dia Cleo recibio una llamada de telefono diciendole que la estaba esperando un representante de la embajada de EEUU.

No sabia que significaba aquello, pero en lugar de discutir por telefono con la secretaria se cambio rapidamente de ropa y encamino sus pasos hacia la parte delantera de palacio.

Alli le indicaron una espaciosa sala de visitas con varios sofas de cuero colocados alrededor de una mesa de cafe.

Un hombre alto de unos cincuenta y tantos anos la estaba esperando. Iba vestido con un traje de chaqueta azul marino y llevaba un maletin de piel de aspecto caro. Cuando la oyo entrar, se giro y le tendio la mano con una sonrisa.

– Senorita Wilson, soy Franklin Kudrow, agregado de la embajada de EEUU.

Cleo estaba cansada por haberse pasado la noche llorando. Le sonrio lo mas sinceramente que pudo y luego le dijo lo que de verdad pensaba.

– El cargo impresiona, pero no tengo la mas remota idea de quien es usted ni por que esta aqui.

– Claro. Por supuesto -respondio el hombre indicandole con un gesto los sofas.

Cleo tomo asiento en uno de ellos y el senor Kudrow hizo lo propio en el que estaba enfrente.

– ?Le gustaria beber algo? -le pregunto al diplomatico recordando que debia ser educada.

– No, gracias -respondio el hombre dejando el maletin en el suelo-. Senorita Wilson, yo…

– Cleo -lo interrumpio ella-. Llameme simplemente Cleo.

El hombre asintio con la cabeza.

– Cleo, desde palacio nos han notificado su proxima boda con el principe Sadik.

El funcionario siguio hablando, pero Cleo habia dejado de escucharlo. ?Su boda con el principe Sadik?

Sintio como la rabia se apoderaba de ella. Como Sadik no podia convencerla con los metodos tradicionales iba a hacer todo lo que estuviera en su mano para manipularla desde todos los frentes. Era un experto en manejarse entre los enganosos mercados financieros. Seguro que estaba convencido de que ella seria igual de facil.

Cleo se dio cuenta de que el senor Kudrow estaba haciendo verdaderos esfuerzos para no mirarla a la tripa. Su discrecion seria con toda probabilidad una de las razones por las que habia conseguido ingresar en el Departamento de Estado.

– ?Quien le ha dicho que voy a casarme con Sadik?

El senor Kudrow parecio quedarse muy sorprendido por la interrupcion. Se inclino hacia delante y coloco el maletin sobre la mesa. Lo abrio y saco un papel de su interior.

– Hemos recibido un comunicado de prensa.

Cleo agarro el papel y lo examino. Alli, bajo el sello real de Bahania se anunciaba el proximo enlace del principe Sadik con Cleo Wilson, ciudadana americana.

No podia creerselo. ?De verdad pensaba que actuando por detras y haciendo publico su compromiso conseguiria obligarla a casarse con el?

– Estamos muy contentos -dijo el senor Kudrow-. Su matrimonio con el Principe contribuira a fomentar las relaciones de nuestro pais con la familia real y desde luego nos beneficiara desde el punto de vista comercial. Tal vez podria usted mencionarle al rey Hassan la excelente calidad de los aviones de combate estadounidenses…

– Comprendo lo que quiere decir -aseguro Cleo poniendose en pie y obligando al diplomatico a hacer lo mismo-. Soy consciente de que mi matrimonio beneficiaria a mucha gente pero le voy a adelantar una primicia, senor Kudrow. No he aceptado la proposicion del Principe, asi que yo de usted no empezaria a encargar aviones todavia. Muchas gracias por la visita.

Cleo hizo un gesto de despedida con la cabeza, se dio la vuelta y salio de la habitacion. Estaba furiosa. No, «furiosa» era una palabra que se quedaba corta para describir como se sentia. Estaba rabiosa. Si hubiera tenido un martillo en la mano se lo habria lanzado a Sadik a la cabeza. ?Como se atrevia a manipularla de aquella manera?

Comenzo a andar en direccion al centro de palacio, decidida a enfrentarse con el y decirle a las claras lo que pensaba. Por desgracia Sadik estaba en la seccion de negocios y Cleo nunca habia estado alli.

Tras un par de intentos fallidos se encontro en medio de una docena de ordenadores y faxes. Imagino que ya deberia andar cerca. Se cruzo entonces con un asistente y le pregunto por el despacho del Principe.

Dos minutos mas tarde lo tenia delante. Sadik estaba sentado en su escritorio mirando fijamente la pantalla del ordenador. Cuando Cleo entro ni siquiera tuvo la deferencia de mostrarse sorprendido. Se limito a ponerse en pie y sonreir con satisfaccion.

– Cleo, que alegria que hayas venido a verme.

– No te atrevas a charlar conmigo como si no hubiera ocurrido nada -respondio ella entornando los ojos y colocando de un golpe el comunicado de prensa encima de su escritorio-. Tal vez para la familia real seas muy poderoso y muy rico, pero para mi no eres mas que un perro mentiroso. ?Que significa esto?

– Creo que esta muy claro -respondio Sadik ignorando sus insultos y mirando el papel.

– Si, desde luego que lo esta. Como no has conseguido que acepte por las buenas has pensado que me casaria contigo por las malas. Pues bien, no lo has conseguido. No vas a manipularme. No me importa que seas el principe Sadik. Soy una persona y tengo mis derechos.

Sadik le hizo un gesto con la mano para que tomara asiento. Cleo no queria darle la satisfaccion de aceptar, pero estaba tan enfadada que le temblaba todo el cuerpo. Sentia como si le fueran a fallar las piernas, y si se caia no daria la imagen de seguridad que buscaba.

Se dejo caer en un sillon de cuero. El hizo lo propio en su silla y coloco las manos sobre el escritorio.

– Estas haciendo un mundo de esto -dijo con voz pausada-, ?Para que negar lo inevitable? Nos vamos a casar.

– No, no lo haremos. No quiero casarme contigo. No tengo ningun interes en…

Sadik la interrumpio negando con un movimiento de cabeza.

– Puedes protestar todo lo que quieras, pero no puedes escapar de la verdad. Estas esperando un hijo mio, Cleo. Un principe real. Tus unicas opciones son casarte conmigo o tener el nino y abandonar Bahania sin el.

– No puedes hacerme eso -respondio ella sintiendo de pronto como se le secaba la boca-. No eres un monstruo. No me apartarias de mi hijo.

Sadik se puso de pie y rodeo la mesa de su escritorio.

– No tengo intencion de separarte de nuestro hijo -aseguro tomando asiento en la silla que estaba al lado de Cleo-. Ya te he dicho que quiero que nos casemos y formemos una familia. Eres tu la que se empena en poner las cosas dificiles.

Cleo sintio que le dolia el pecho y le costaba trabajo respirar. No podia creer que aquello estuviera sucediendo.

Tenia que razonar con el, hacerle ver que lo que pretendia era una locura.

– Tu quieres actuar por conveniencia -le solto sin poder evitarlo-. Quieres hacer lo que crees correcto, pero no quieres amarme.

Aquellas palabras se esparcieron por la habitacion como si fueran niebla. Sadik se puso rigido unos instantes antes de reclinarse en la silla.

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