Luchando por mantener la compostura, se levanto con la ayuda de sus eunucos; con ambos brazos en el aire parecia un buitre extendiendo sus alas desde lo alto de un acantilado. No nos atreviamos a movernos; ninguna de sus nueras -Nuharoo y las damas Yun, Li, Mei, Hui y yo- soportabamos sus peroratas y esperabamos el momento en que nos dejara marchar.

– ?Has oido la historia de un pais lejano donde los ojos de la gente parecen haber sido aclarados y tienen el cabello de color paja? -La dama Jin entorno los ojos. El paisaje de su frente cambiaba y las colinas suaves se fruncian en profundos valles-. ?Toda la familia del rey fue asesinada cuando derrocaron el imperio, todos ellos, incluidos los ninos pequenos!

Se sintio satisfecha al ver que sus palabras nos asustaban.

– ?Pandilla de analfabetas! -grito, y de repente su garganta empezo a proferir una retahila de sonidos-: ?Ohhhhh, ua! ?Ohhhhh, ua! -Me costo un poco entender que se estaba riendo-. ?El miedo es bueno! ?Ohhhhh, ua! El miedo os tortura y hace que os comporteis. No podeis alcanzar la inmortalidad sin el, y mi trabajo es inspiraros miedo. ?Ohhhhh, ua! ?Ohhhhh, ua!

Aun oigo su risa. Me preguntaba si la dama Jin sabria que habia sido victima de mi hijo, de la maldicion de su nieto. Me sentia dichosa de que la dama Jin me considerase una analfabeta; de haber sabido cual era mi amor por el conocimiento o haberse molestado en desentranar el origen de la maldicion, habria ordenado que me cortaran la cabeza.

Observandola en el lecho de muerte, apenas sentia remordimientos y tampoco veia signos de compasion en las demas, salvo en Nuharoo. La expresion general era de cara de palo. Los eunucos acababan de quemar papel de estraza en el pasillo y ahora la multitud salia para quemar mas papel. En el patio estaban instalando grandes palanquines, caballos, carruajes, mesas y orinales de papel de tamano natural junto con figuras de personas y animales. Las figuras estaban vestidas con rica seda y lino, como tambien los muebles. Segun la tradicion funeraria manchu que habia adoptado, la dama Jin lo habia dispuesto todo ella misma anos antes. Su figura de papel parecia real, aunque la representaba cuando era joven, ataviada con un vestido de magnolia.

Antes de la ceremonia crematoria, se levanto un poste de diez metros, en cuyo extremo se monto un rollo de seda roja con la palabra Tien, «culto». Era la primera vez que tenia la oportunidad de asistir a este ritual. Siglos atras, los manchues habitaban grandes praderas donde era dificil notificar a los parientes que se habia producido una muerte en la familia. Cuando moria un miembro de la familia, se levantaba un poste con un rollo de seda rojo ante la tienda de la familia, para que los jinetes y pastores que pasaran se detuvieran a presentar sus respetos, en lugar de los parientes ausentes.

Fieles a la costumbre, se instalaron tres grandes tiendas en la Ciudad Prohibida; una se uso para exhibir el cadaver; la segunda, para albergar a los monjes, lamas y sacerdotes que vinieron de lejos; la ultima, para recibir a los parientes e invitados de alto rango. Las tiendas eran de unos tres metros de altura y los postes de sujecion de bambu estaban decorados con magnolias blancas de seda. Como nueras de la difunta nos dieron a cada una una docena de panuelos para nuestras lagrimas. Seguia oyendo a la dama Jin gritando «?Analfabetas!» y tenia ganas de reir en lugar de llorar, asi que tuve que taparme la cara con las manos.

Entre los dedos vi llegar al principe Kung, vestido con una tunica blanca y botas a juego. Cuando examino el ataud, parecia consternado. Se suponia que las mujeres teniamos que evitar a los primos o cunados masculinos, asi que nos retiramos a la otra habitacion. Por suerte podia mirar a traves de las ventanas. Levantaron la tapa del ataud para el principe Kung; en el pecho de la dama Jin, habian apilado joyas resplandecientes, oro, jade, perlas, esmeraldas, rubies y jarrones de cristal, y, junto al espejito, su caja de maquillaje.

El principe Kung permanecia de pie solemnemente al lado de su madre. El dolor le hacia parecer un anciano. Se arrodillo, toco el suelo con la frente y la venero de este modo durante largo rato. Cuando se levanto, aparecio un eunuco y separo con cuidado los labios de la dama Jin para ponerle en la boca una larga ristra de perlas engarzadas sobre hilo rojo. Luego le cerro la boca y dejo que el extremo del hilo colgara de su barbilla. La perla era el simbolo de la esencia de la vida y representaba la pureza y la nobleza. El hilo rojo, que su hijo ataria, servia para indicar que no deseaba separarse de ella.

El principe Kung ato el hilo al primer boton de la tunica de su madre. Un eunuco le dio un par de palillos con una bola de algodon humeda entre ellos. El principe Kung humedecio cuidadosamente los parpados de su madre con la bola de algodon.

Los invitados traian cajas de panecillos decorados. Las bandejas que estaban enfrente de los altares tenian que cambiarse cada cinco minutos para poder colocar mas cajas. Tambien trajeron cientos de pergaminos, que se amontonaban y hacian que el palacio pareciera un festival de caligrafia. Pareados y poemas colgaban de todas las paredes, de tal forma que se necesito mas cordel para atar mas pareados a las vigas. En la cocina se preparo un banquete para mas de dos mil invitados.

Cuando el principe Kung volvio a arrodillarse, las planideras gimieron y fueron aumentando gradualmente la intensidad de la salmodia. Las trompetas eran ensordecedoras y pense que aquello significaba el fin de la ceremonia, pero no: oficialmente acababa de empezar.

El septimo dia se celebro la incineracion de la figura. Ardieron tres palacios de papel y dos montanas; palacios de casi cuatro metros de altura, cada uno con una pagoda dorada en la parte superior. Una montana estaba pintada de oro y la otra, de plata. La ceremonia tuvo lugar fuera de la Ciudad Prohibida, cerca del puente del Norte. La multitud que se congrego superaba la de la celebracion del Ano Nuevo. Los palacios de papel se habian hecho a imagen de los de la dinastia Sung. Las tejas de los tradicionales tejados alados se pintaron de azul marino. Desde donde yo me encontraba, veia los palacios, que estaban completamente amueblados. Las tapicerias de las sillas estaban pintadas de rayas y dibujos que imitaban bordados. En una mesa habian dispuesto pulcramente un monton de flores de papel, palillos de plata y copas de vino de oro.

Las montanas estaban cubiertas de rocas, arroyos, magnolios y hierbas ondulantes hechas a escala. Lo que mas me impresiono fueron las minusculas cigarras que descansaban en las ramas de los magnolios, las mariposas posadas sobre las peonias y los grillos echados en la hierba. Aquel mundo de papel era el trabajo realizado por cientos de artesanos durante anos y tardaria minutos en convertirse en cenizas.

Empezaron los cantos y se prendio el fuego. Mientras las llamas se elevaban, los monjes, lamas y sacerdotes arrojaban panecillos cocidos sobre las cabezas de la multitud que aclamaba. Se suponia que los panecillos eran para los fantasmas sin hogar; un gesto de benevolencia de la dama Jin.

El emperador Hsien Feng alego una enfermedad y estuvo ausente desde principio hasta el final. Yo sabia que odiaba a aquella mujer y no le culpaba. La dama Jin habia sido la causante del suicidio de su madre. Al no asistir al funeral, el emperador no disimulaba su rencor.

Invitados y concubinas constituian un pobre cortejo funebre. Comian, bebian y charlaban entre si; incluso oi a gente que hablaba de mi embarazo.

No habia modo de convencer al emperador Hsien Feng de que mis rivales conspiraban contra mi. Le dije a su majestad que los peces de mi estanque se estaban muriendo, que las orquideas de mi jardin se habian marchitado en medio de una espectacular floracion. An-te-hai descubrio que unos roedores se habian comido las raices de las plantas; alguien los habia metido alli.

Mis quejas irritaban a mi marido, que pensaba que Nuharoo era la diosa de la misericordia y me aconsejaba que dejara de preocuparme. Mi razonamiento era que podia tratar con una Nuharoo, pero no con tres mil. Desde que habian convertido mi vientre en un blanco, podia pasar cualquier cosa. Tenia casi veintiun anos y ya habia oido hablar de demasiados crimenes.

Suplique al emperador Hsien Feng que regresaramos a Yuan Ming Yuan hasta que diera a luz y, al final, accedio. Sabia que tenia que aprender a ocultar mi felicidad como un raton oculta su comida. Durante las semanas anteriores, habia intentado evitar hablar de mi embarazo cuando me visitaban otras concubinas, pero era dificil, sobre todo si traian regalos para el bebe. El emperador habia aumentado recientemente mi pension y yo usaba los taels extra para comprarles regalos de igual valor de los que me habian hecho. Me ponia enferma simular alegrarme de sus visitas.

La prioridad de An-te-hai era mi vientre. A medida que este crecia, se fue implicando cada vez mas. Estaba con los nervios a flor de piel, emocionado y asustado al mismo tiempo. En lugar de saludarme por las mananas, saludaba a mi vientre.

– Buenos dias, joven majestad. -Y hacia una pronunciada y solemne reverencia-. ?Que puedo traeros para desayunar?

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