Empece a estudiar manuscritos budistas. Rezaba por que mi nino estuviera contento de crecer dentro de mi. Rezaba por que mis pesadillas no perturbaran su crecimiento. Si tenia una nina, queria sentirme igual de feliz y dichosa. Por las mananas me sentaba en la habitacion banada por el sol y leia. Por la tarde practicaba la caligrafia, parte de un entrenamiento budista para cultivar el equilibrio y la armonia. Poco a poco note que recuperaba la paz. Desde que habia captado la atencion de su majestad, este habia visitado a Nuharoo solo dos veces. Tras la muerte de la dama Jin y despues del funeral, llamaba a Nuharoo para tomar el te. Segun los espias de An-tehai, su majestad no le hablo de otra cosa mas que de la ceremonia.

La segunda vez que el emperador visito a Nuharoo fue a peticion de ella. Hizo lo que creia que complaceria a su majestad: le pidio permiso para anadir un ala a la tumba de la dama Jin. Nuharoo le informo de que habia hecho una colecta entre todos y habia contribuido con su propio dinero.

Al emperador Hsien Feng no le complacio, pero elogio la devocion de Nuharoo. Para demostrarle su afecto y agradecimiento, dicto un edicto y anadio un titulo mas al nombre de Nuharoo: ahora era Dama Virtuosa de la Gran Piedad. Pero aquello no era lo que Nuharoo deseaba. Yo sabia lo que queria, queria a Hsien Feng otra vez en su cama, y el no tenia ningun interes en ello. Su majestad se quedaba en mis dependencias cada noche hasta la salida del sol, sin importarle las reglas. Seria deshonesto por mi parte decir que estaba deseosa de compartir a Hsien Feng con otra, pero comprendia el sufrimiento de Nuharoo. En el futuro yo misma podia encontrarme en su situacion. Por el momento intentaba conseguir lo que podia. El manana era un misterio y dejaba que se revelara por si mismo. La palabra «futuro» me hacia pensar en la guerra que mi padre habia librado contra las langostas en Wuhu, cuando los campos germinados desaparecieron de la noche a la manana.

Nuharoo se las arreglaba para mostrar esplendidas sonrisas en publico, pero el cotilleo de sus eunucos y damas de honor revelaba que estaba afligida. Profundizaba en su fe budista y visitaba el templo para cantar con su maestro tres veces al dia.

El emperador Hsien Feng me aconsejo que no «mirara a los demas por el ojo de una aguja», pero mi instinto me decia que no debia tomarme a la ligera los celos ocultos de Nuharoo. Yuan Ming Yuan no era un lugar seguro en absoluto. En apariencia Nuharoo y yo eramos amigas; ella se implicaba en los preparativos de la llegada del nino: habia visitado el taller de ropa imperial para inspeccionar las prendas para el bebe, habia visitado tambien los almacenes imperiales para asegurarse de que tendriamos fruta y nueces frescas y, por ultimo, habia revisado la piscifactoria. Como se decia que el pescado aumentaba el flujo de leche materna, Nuharoo se aseguro de que hubiera mucho pescado para alimentar a las nodrizas.

La seleccion de nodrizas se convirtio en el interes de Nuharoo. Inspecciono a un ejercito de mujeres embarazadas cuyos ninos nacerian por las mismas fechas que el mio. Luego viajo en carruaje hasta Yuan Ming Yuan para hablarme del asunto.

– He comprobado el historial medico de tres generaciones -me explico.

Cuanto mas excitada estaba Nuharoo, mas crecia mi temor. Deseaba que tuviera sus propios hijos. Todo el mundo en la Ciudad Prohibida, excepto el emperador, comprendia la presion a la que Nuharoo estaba sometida tras varios anos de matrimonio y ningun signo de fertilidad. El hecho de que semejante presion la llevara a comportarse extranamente era comun en las mujeres sin hijos. Una manifestacion de ello era la obsesion por los yoo-hoo-loos; tirarse a un pozo era otra. Yo aun ignoraba las verdaderas intenciones de Nuharoo.

Inmediatamente despues de que el medico Sun Pao-tien me examinara y declarase que llevaria el embarazo a buen puerto, el emperador convoco a su astrologo. Ambos fueron al templo del Cielo, donde Hsien Feng rezo para que nuestro hijo fuera nino. Poco mas tarde, fue a ver a Nuharoo para felicitarla.

?Pero si ella no es la madre de nuestro hijo!, grite para mi.

Nuharoo hizo bien su papel; demostro su felicidad con lagrimas de verdad. Yo pense que tal vez me habia equivocado, tal vez era hora de que cambiase mi opinion sobre ella; tal vez Nuharoo se habia convertido en una autentica budista.

Cuando yo llevaba cinco meses de embarazo, Nuharoo sugirio al emperador Hsien Feng que me trasladara de nuevo al palacio de la Belleza Concentrada.

– La dama Yehonala necesita paz absoluta -le dijo Nuharoo-. Necesita alejarse de cualquier clase de tension, incluidas las malas noticias sobre la marcha del pais que recibe a traves de ti.

Me permiti creer que Nuharoo pensaba en mi bienestar y consenti en mudarme, pero en cuanto abandone el dormitorio del emperador, senti que habia cometido un error. Pronto la verdad saldria a la luz y ya nunca regresaria a aquel dormitorio.

Como para anadir mas caos a mi vida, el eunuco jefe Shim me comunico que no se me permitiria criar a mi propio hijo. Yo era considerada «una de las madres del principe», pero no la unica.

– Esta es la tradicion imperial -dijo Shim friamente.

Nuharoo tambien seria responsable del cuidado y la educacion diarios de mi hijo y tendria el derecho a apartarlo de mi lado si yo me negaba a cooperar con ella. Tanto el clan manchu como el emperador Hsien Feng creian en que la sangre imperial de Nuharoo la calificaba para ser la madre principal del futuro principe. Nadie me acusaria nunca de ser una concubina de clase baja, pero mi pasado, el hecho de ser una muchacha de pueblo, y el estatus de mi padre, un gobernador de bajo rango, resultaba una verguenza que la corte y el emperador nunca olvidarian.

Capitulo 14

Al cabo de un mes de que yo desapareciera de su vista, el emperador Hsien Feng tomo cuatro nuevas concubinas chinas de origen Han. Como las reglas imperiales no permitian mujeres que no fueran manchues en el palacio, Nuharoo lo arreglo todo para introducirlas.

Es duro para mi hablar de aquel dolor. Era como si me ahogara lentamente; me habian cortado el aire en los pulmones y la muerte aun no llegaba.

– Sus pies adolescentes en forma de loto han cautivado a su majestad -me informo An-te-hai-. Las damas han sido un regalo del gobernador de Soochow.

Supuse que a Nuharoo no le habia costado sugerir a los gobernadores que era el momento de complacer a su amo. An-te-hai descubrio que Nuharoo habia alojado a las nuevas concubinas en la ciudad en miniatura de Soochow, dentro del mas grande jardin imperial del palacio de Verano, situado a varios kilometros de Yuan Ming Yuan. El palacio de Verano, con su pequena Soochow, habia sido levantado alrededor de un lago y estaba formado por mas de trescientas construcciones en casi trescientas hectareas.

?Habria actuado de otro modo de haber estado en su pellejo? ?De que me quejaba? ?Acaso no habia acudido yo con todo el descaro a una casa de putas para aprender tecnicas para complacer a un hombre?

El emperador Hsien Feng no me habia visitado desde mi partida. Mi anoranza de el me hacia pensar en cuerdas blancas de seda. Las pataditas del interior de mi vientre me animaban y fortalecian mi voluntad de sobrevivir. Reflexionaba sobre mi vida y luchaba para mantener la compostura. Para empezar, Hsien Feng nunca habia sido mio; asi eran las cosas. La ironia era que se suponia que el emperador, despues de la muerte de su madre, tenia que permanecer sobrio y abstenerse de hacer el amor durante tres meses pero el solo respetaba las tradiciones que le convenian. No podia imaginar a mi hijo educado del mismo modo que su padre. Necesitaba convencer a Nuharoo de que yo no seria una amenaza para ella con el fin de estar siempre cerca de mi hijo.

Los rumores de la obsesion de su majestad por las damas chinas se esparcieron por todos los rincones de la Ciudad Prohibida. Yo empezaba a tener suenos horribles. Sonaba que estaba durmiendo y alguien intentaba tirarme de la cama. Yo me resistia en vano y era arrastrada fuera de la habitacion; mientras tanto, veia claramente que mi cuerpo estaba aun en la cama, inmovil.

En mis suenos tambien veia bayas rojas que caian prematuramente de los arboles, e incluso las oia caer: pop, pop, pop. Segun la supersticion, aquello profetizaba un aborto, asi que en medio de un ataque de panico, envie a An-te-hai afuera para comprobar si era cierto que los arbustos de bayas de la parte trasera de mi palacio habian empezado a soltar sus frutos. An-te-hai regreso y me informo de que no habia encontrado ninguna baya en el suelo.

Dia tras dia oia los sonidos de las bayas que caian en mis suenos. Sospechaba que las bayas podian haber

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