en su voz-. Por favor, permitid que os ayude a subir al palanquin.

Senti una tirantez alrededor del cuello.

Nuharoo estaba mayestatica mirandome desde lo alto del trono. Me arrodille y me postre con la frente en el suelo. Habian pasado solo unas semanas desde que nos habiamos visto por ultima vez y parecia que estaba aun mas bella. Vestia una tunica dorada con fenix bordados, lucia una gruesa capa de maquillaje y un punto rojo en su labio inferior. Sus grandes ojos de doble parpado parecian mas brillantes de lo habitual. No podia decir si era debido a sus lagrimas o al efecto de la pintura oscura de sus ojos.

– No me gusta que me obligues a hacer esto -dijo, y sin darme permiso para levantarme, prosiguio-: Todo el mundo sabe que yo no estoy hecha para soportar un momento asi; sin embargo, es la ironia de la vida. Como responsable de la casa, no me queda otra opcion; mi deber me obliga a impartir justicia. La regla esta clara para todos en la Ciudad Prohibida: nadie tiene derecho a maltratar a una doncella, y no digamos a quitarle la vida.

De repente bajo la barbilla, se mordio el labio y rompio a llorar; al poco estaba sollozando.

– Majestad -anuncio el eunuco jefe Shim-, los latigos estan empapados y los esclavos estan dispuestos a cumplir con su obligacion.

Nuharoo asintio.

– Dama Yehonala, de pie, por favor.

Cogiendo un grueso y largo latigo a su asistente, Shim hizo una profunda reverencia a la emperatriz y salio de la habitacion. Por los cuatro costados entraron guardias y me aferraron con sus manos. Yo me resisti.

– ?Llevo el hijo del emperador Hsien Feng!

El eunuco jefe Shim regreso y me retorcio el brazo a mi espalda. Me fallaron las rodillas y cai. Mi vientre se balanceo en el suelo.

Me arrastre de rodillas hasta Nuharoo y suplique:

– Siento mucho lo que le ha sucedido a Pequena Nube, majestad, pero fue un accidente. Si teneis que castigarme, por favor, hacedlo despues de que de a luz. Aceptare cualquier tipo de encarcelamiento.

Nuharoo esbozo una sonrisa que me hizo estremecer. La sonrisa me dijo que era su deseo que perdiera el nino y que restauraria la armonia entre nosotras solo a ese precio. Estaba segura de que sabia bien que yo no me rendiria, que tendria que obligarme y que la respaldaban el resto de las concubinas. Ella queria que supiera que su voluntad era fuerte y no podia ser contrariada. Nos miramos y entre nosotras se produjo un entendimiento manifiesto.

– Yo juego limpio, dama Yehonala, eso es todo -declaro Nuharoo casi con amabilidad-. Puedo asegurarte que no es nada personal.

– ?Al potro! -grito el eunuco jefe Shim.

Los guardias me levantaron como a una gallina.

– Majestad emperatriz Nuharoo -grite, luchando por liberarme-, como esclava reconozco mi crimen; aunque sea indigna, os suplico que tengais piedad de mi. He empezado a explicar a este nino de mi vientre que vos sois su verdadera madre, vos sois su destino. La razon de que este nino nazca a traves de mi es para llegar hasta vos. Tened piedad de este nino, emperatriz Nuharoo, del que sera vuestro hijo.

Pegue la frente al suelo. La idea de perder a mi hijo me resultaba peor que mi propia vida.

– Nuharoo, por favor, dadle la oportunidad de amaros, hermana mayor. Yo volvere en mi proxima vida para ser aquello que vos deseeis. Sere la piel de vuestro tambor, el papel con el que os limpiais el trasero, un gusano para vuestro anzuelo…

El eunuco jefe Shim le susurro algo al oido y Nuharoo cambio de expresion. Shim debio de decirle que si enojaba a los ancestros imperiales, seria despojada de sus titulos y golpeada por el rayo. Al igual que An-te-hai conmigo, Shim estaba alli para proteger no solo el futuro de Nuharoo sino tambien el suyo.

– ?Continuamos? -pregunto Shim.

Nuharoo asintio.

– Zah! -El eunuco dio un paso atras mientras concluia su reverencia. Me cogio por el cuello y ordeno a su gente-: ?A la manera de Woo Hua, la Flor! ?Cuerda!

Me arrastraban afuera y de repente note un liquido calido resbalando por entre mis piernas; me sujete el vientre y chille. Fue entonces cuando oi un gran grito de protesta.

– ?Quietos y en silencio!

El emperador Hsien Feng entro como una exhalacion entre el eunuco jefe Shim y yo. Aun vestia su tunica de seda amarilla clara. Resoplo enfadado, con los ojos llenos de rabia. An-te-hai estaba detras de el sin aliento. El eunuco jefe Shim fue a saludar a su majestad, pero no recibio respuesta. Nuharoo se levanto de la silla.

– Majestad, gracias por venir a liberarme. -Se arrojo a los pies del emperador-. No puedo soportarlo mas, no consigo ordenar el castigo de la dama Yehonala sabiendo que lleva un hijo vuestro.

El emperador Hsien Feng se quedo helado durante un momento, luego se inclino y con ambas manos se dispuso a ayudar a Nuharoo a levantarse.

– Mi emperatriz -dijo suavemente-. Levantate, por favor.

Nuharoo no se levantaba.

– Soy una emperatriz indigna y merezco un castigo -dijo con las lagrimas bajandole por las mejillas-. Perdonadme por no poder cumplir con mi deber.

– Eres la persona mas misericordiosa que he conocido -respondio el emperador-. Orquidea es muy afortunada de tenerte como hermana.

Me tumbe en el suelo y An-te-hai me ayudo a sentarme sobre mis talones. El liquido caliente de entre mis piernas parecia haberse detenido. Cuando Hsien Feng me miro para ver si estaba realmente herida, vi que llegaba a la conclusion de que An-te-hai habia exagerado.

Su majestad le dijo a Nuharoo que no habia hecho nada malo, luego saco su panuelo y se lo dio.

– No era mi intencion cargarte de responsabilidades; sin embargo, debes comprender que la casa imperial necesita una autoridad y esa eres tu. Por favor, Nuharoo, tienes mi mas profunda confianza y gratitud.

Nuharoo se levanto e hizo una reverencia al emperador, le devolvio el panuelo y cogio una toalla del eunuco jefe Shim. Se mojo las mejillas con la toalla y dijo:

– Me preocupa que el nino haya sufrido debido a esto. No seria capaz de enfrentarme a nuestros antepasados si le ocurriera algo malo.

Volvio a romper a llorar y entonces, el emperador Hsien Feng se ofrecio a acompanarla al parque imperial por la tarde para ayudarla a recobrarse.

Era duro observar el modo en que su majestad demostraba afecto por Nuharoo y aun mas duro pasar la noche sola sabiendo que Hsien Feng estaba con ella. Lo que podia haber pasado y lo que pasaria en el futuro, me asustaban mas que cualquier pesadilla.

Vivia en un mundo caotico en el que la tortura era una practica rutinaria. Empece a comprender por que tantas concubinas se obsesionaban con la religion; era eso o la locura total.

Habia sobrevivido al peor invierno de mi vida. Estabamos a mediados de febrero de 1856 y mi vientre se habia puesto del tamano de una sandia. Contra el consejo de An-te-hai, sali a caminar por la tierra helada. Queria visitar mi jardin y anhelaba respirar aire fresco. La belleza de los pabellones y las pagodas cubiertos por la nieve me produjo un alegre sentimiento de esperanza. En pocos meses naceria el bebe.

Intente cavar en el suelo, pero la tierra estaba aun dura. An-te-hai habia traido un saco de bulbos de flores del ano anterior y me habia dicho:

– Plantad un deseo para el nino, mi senora.

Parecia que mi eunuco habia estado durmiendo a pierna suelta, pues tenia las mejillas arreboladas como una manzana.

– Si -le conteste.

Tardamos todo el dia en plantar los bulbos. Pensaba en los granjeros del campo e imaginaba a las familias trabajando para quebrar la tierra helada.

– Si vas a ser nino -dije, colocando la mano en mi vientre- y alguna vez llegas a ser emperador de China, deseo que seas bueno y digno.

– A-ko!

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