– El proposito de este bano es exponer a Tung Chih a los poderes magicos del universo.
Esta vez me negue a ceder.
– La tienda se quedara -insisti.
Nuharoo no dijo nada, pero cuando fui al excusado, quitaron la tienda. Sabia que era una locura pensar que Nuharoo tenia la intencion de que mi hijo enfermara, pero no podia evitar esa idea.
Nuharoo defendio que no estabamos autorizadas a alterar la tradicion.
– De un emperador a otro, cada heredero se ha banado asi.
– Pero nuestros antepasados eran diferentes -proteste-. Vivian a lomos del caballo y se paseaban medio desnudos.
Le recorde a Nuharoo que el padre de Tung Chih era un hombre de fragil salud y el mismo habia pesado muy poco al nacer. Nuharoo se callo, pero no se rindio. Tung Chih empezo a estornudar. Sin poder controlarme, fui a la banera y aparte a las criadas, cogi a Tung Chih y corri al interior del palacio.
Las ceremonias y festividades seguian sin cesar. En mitad de ellas, un jardinero descubrio un fetiche en forma de muneca enterrado en el jardin. En el pecho de la muneca, se leian dos caracteres escritos en negro: TUNG CHIH.
El emperador Hsien Feng convoco a las esposas y a las concubinas; queria resolver el crimen personalmente. Me vesti y fui al palacio de la Eterna Primavera. No sabia por que teniamos que reunirnos en la residencia de la dama Yun. De camino me encontre con Nuharoo. Venia de otro palacio y tampoco tenia idea de lo que sucedia.
Al acercarnos al palacio de la Eterna Primavera, oimos sollozos. Corrimos al pasillo y descubrimos al emperador Hsien Feng enojado, sin mas atuendo que su camison. Cerca de el, dos eunucos en pie sostenian cada uno un latigo. En el suelo, arrodillados, habia numerosos eunucos y sirvientes y, entre ellos, en primera fila, se encontraba la dama Yun. Vestia una tunica de seda rosada y era quien sollozaba.
– Deja de llorar -le ordeno el emperador Hsien Feng-. ?Como una noble dama como tu ha podido rebajarse a esto?
– ?Yo no he sido, majestad! -La dama Yun echo la cabeza hacia atras y lo miro-. Estaba encantada con el nacimiento de Tung Chih, no podia alegrarme mas. ?No cerrare los ojos si me cuelgan por ello!
– Todo el mundo en la Ciudad Prohibida reconoce tu escritura -afirmo alzando la voz el emperador-. ?Es que todo el mundo se equivoca?
– Mi caligrafia no es ningun secreto -protesto la dama Yun-. Se me conoce por mi arte, seria muy facil para cualquiera copiar mi estilo.
– Pero una de tus doncellas te sorprendio haciendo la muneca.
– Debe de ser cosa de Dee; hace esto porque me odia.
– ?Por que te odia Dee?
La dama Yun se dio media vuelta y sus ojos se encontraron con los de Nuharoo.
– Su majestad la emperatriz Nuharoo me regalo a Dee, yo nunca la quise. La he castigado varias veces porque metia las narices por todas partes…
– Dee solo tiene trece anos -la interrumpio Nuharoo-. Es vergonzoso que acuses a un ser inocente para encubrir tu crimen. -Se volvio hacia mi en busca de apoyo-. Dee es famosa por su dulzura, ?verdad?
Yo no tenia respuesta y baje la cabeza. Entonces Nuharoo se dirigio a Hsien Feng.
– Su majestad, ?me dais vuestro permiso para cumplir con mi deber?
– Si, mi emperatriz.
En esto la dama Yun grito:
– ?Esta bien, confesare! Se exactamente quien ha preparado todo esto: una zorra maligna con piel humana, enviada por el demonio para destruir a la dinastia Qing. Pero hay mas de una zorra en la Ciudad Prohibida. La zorra maligna ha llamado a su manada. Tu -dijo senalando a Nuharoo- eres una de ellas. Y tu -afirmo senalandome a mi- tambien. Su majestad, es hora de que me recompenseis con la cuerda de seda blanca para que tenga el honor de colgarme yo misma.
Aquello causo una breve conmocion en la sala. El murmullo se acallo cuando la dama Yun volvio a hablar.
– Quiero morir, mi vida ha sido un infierno; os he dado una princesa -dijo senalando al emperador Hsien Feng- y vos la tratais como un pedazo de basura. En cuanto cumpla los trece anos, la echareis y la casareis con un salvaje de las fronteras para sellar la paz. Vendereis a vuestra propia hija…
La dama Yun se quebro; sus dos hoyuelos formaban una extrana mueca.
– No creais que soy sorda; os he oido a vos y a vuestros ministros hablar de esto. No se me ha permitido hablar de mi dolor, pero hoy, os guste o no, oireis todo lo que tengo que decir. Claro que tengo celos del modo en que se trata a Tung Chih, claro que lloro por la mala suerte de mi hija Jung y pregunto al cielo por que me ha negado un hijo… Dejadme que os pregunte, Hsien Feng, ?sabeis cuando es el cumpleanos de vuestra hija? ?Sabeis cuantos anos tiene? ?Cuanto tiempo ha pasado desde la ultima vez que la visitasteis? Apuesto a que no teneis respuesta para mis preguntas. ?Las zorras os han comido el corazon!
Nuharoo saco su panuelo y empezo darse golpecitos en la cara.
– Me temo que la dama Yun no deja a su majestad otra alternativa.
– Acaba este asunto por mi, Nuharoo.
El emperador Hsien Feng se puso en pie y salio del salon con los pies descalzos.
La dama Yun se ahorco aquella noche. An-te-hai me dio la noticia a la manana siguiente mientras desayunaba. Me revolvio el estomago y durante el resto del dia veia el rostro de la dama Yun detras de cada puerta y cada ventana. Le pedi a Ante-hai que no se alejase, mientras comprobaba y volvia a comprobar la cuna de Tung Chih. Me pregunte que seria de la hija de la dama Yun, la princesa Jung. Deseaba poder invitar a la muchacha a pasar unas horas con su hermanastro. An-te-hai me conto que a la nina de cinco anos le habian dicho que su madre habia realizado un largo viaje. Se ordeno a eunucos y criados que mantuvieran en secreto la muerte de la dama Yun. La nina lo descubriria de la manera mas cruel: se enteraria de la muerte de su madre a traves de los chismorreos de las rivales de la dama Yun, que querian ver sufrir a la nina.
A medianoche, Nuharoo llego sin anunciarse. Sus eunucos llamaron a mi verja con tanta fuerza que casi la rompen. Nuharoo se arrojo a mis brazos cuando la salude; parecia enferma y tenia la voz sofocada.
– ?Viene a por mi!
– ?Quien viene a por vos?
– ?La dama Yun!
– Despertad, Nuharoo, debeis de haber tenido una pesadilla.
– Estaba de pie junto a mi cama con un vestido verdusco transparente -sollozo Nuharoo-. Tenia el pecho cubierto de sangre y el cuello cortado como por un hacha, de manera que la cabeza le colgaba a la espalda, unida a su cuello por una fina tira de piel. No pude ver su cara, pero oi su voz que decia: «Se suponia que tenia que ser ahorcada, no decapitada». Me conto que la enviaba el juez del infierno a encontrar una sustituta para volver en su proxima vida; tenia que hacer que la sustituta muriera del mismo modo en que habia muerto ella.
Console a Nuharoo, pero yo tambien estaba aterrorizada. Regreso a su palacio y devoro todos los libros de fantasmas que tenia. Pocos dias mas tarde, me visito y me explico que habia descubierto algo que debia saber.
– El peor castigo para una mujer fantasma es que la tiren a la «alberca de la Sangre Impura».
Nuharoo me enseno un libro con escabrosas ilustraciones del «Departamento de Castigos» que habia en el infierno. Cabezas cortadas con cabellos largos flotaban en una piscina roja oscura; parecian bolas de masa en agua hirviendo.
– ?Lo ves? De esto queria hablarte -me explico Nuharoo-. La sangre de la alberca procede de la impureza de todas las mujeres; tambien hay serpientes venenosas y escorpiones que se alimentan con los que acaban de morir. Son las transformaciones de quienes han cometido maldades en sus vidas.
– ?Y si no he hecho nada realmente malo durante toda mi vida? -le pregunte.
– Orquidea, el juicio del infierno atane a todas las mujeres. Por eso necesitamos la religion. El budismo nos ayuda a arrepentirnos de los crimenes que cometemos por el simple hecho de ser mujeres y vivir una vida material. Necesitamos renunciar a todo placer terrenal y rezar por el perdon del cielo. Debemos hacer todo lo que
