Nuharoo cito a Yung Lu, el comandante en jefe de la Guardia Imperial. Creia que, mientras tuviera a alguien que le guardara las puertas de la Ciudad Prohibida, estaria a salvo. Yo no podia discutir con ella. Pocos dias antes, Nuharoo habia celebrado la ceremonia nupcial de Rong con el principe Ch’un. Fue un largo acontecimiento que me dejo exhausta, pero Nuharoo rebosaba de energia y animo. Durante la ceremonia, se cambio de vestido trece veces; mas que la novia.
Segui a Nuharoo hasta una tranquila camara del ala oeste donde aguardaba Yung Lu. Al entrar vi a un hombre con un fisico vigoroso levantarse de una silla.
– Yung Lu, al servicio de sus majestades.
Las maneras del hombre eran humildes y su voz, firme. Se arrodillo, hizo una pronunciada reverencia y completo el ritual realizando los
– Levantate -ordeno Nuharoo, e hizo un gesto para que los eunucos nos trajeran te.
Yung Lu tenia casi treinta anos, un par de ojos fieros y una piel curtida por las inclemencias del tiempo. Tenia cejas como espadas y la nariz de un toro, una mandibula grande y cuadrada y la boca en forma de lingote. Por sus anchas espaldas y el modo de plantarse, me recordaba a un antiguo senor de la guerra.
Nuharoo empezo a hablar de naderias, hizo comentarios sobre el tiempo mientras el le preguntaba sobre la salud del emperador. Cuando le pregunto sobre los Taiping, Yung Lu respondio con paciencia y precision.
Me impresionaron sus maneras, reservadas y sinceras. Yo estudiaba sus ropas; vestia un uniforme de brigada de caballeria de tres piezas, una falda cubierta por una tunica de corte sin mangas, sujeta por muletillas y lazos y revestida de tachuelas de cobre. El tejido de tafetan indicaba su rango.
– ?Puedo ver tu ballesta? -le pregunte.
Yung Lu se la saco del cinturon y se la paso a Nuharoo, que a su vez me la dio a mi. Yo examine la funda del arco. El carcaj estaba hecho de saten, piel, muleton y zafiros, con plumas de buitre en las flechas.
– ?Y la espada?
Me paso la espada; era pesada. Mientras probaba el filo con la yema del dedo, senti que me estaba mirando y me sonroje. Me avergonce del modo en que prestaba atencion a un hombre, aunque no sabia darle un nombre a la naturaleza de mi repentino interes.
An-te-hai me informo de que Yung Lu habia saltado a la escena politica de China por meritos propios. Tuve que contener mi afan por interrogar a Yung Lu. Tenia que ser cuidadosa con lo que decia, aunque pretendiera impresionarlo.
Me pregunte si Yung Lu tenia idea de lo raro que era para alguien como Nuharoo o yo celebrar aquel encuentro. Lo precioso que era poder pasar el tiempo con alguien cuya vida transcurria fuera de la Ciudad Prohibida.
– El palacio interior esta tan aislado que a menudo nos parece que solo existimos como nombres para el pais… -Mi voz traiciono de manera involuntaria mis pensamientos. Mire a Nuharoo, que sonrio y asintio. Aliviada, prosegui-. Las elaboradas vidas que llevamos solo sirven para confirmarnos a nosotros mismos que poseemos el poder, que somos quienes creemos que somos, que no tenemos nada que temer. Lo cierto es que no solo estamos asustados, sino que tambien tememos que el emperador Hsien Feng se muera de afliccion; el es quien tiene mas miedo.
Como si mi revelacion le impresionara, Nuharoo me cogio la mano y me clavo las unas en la palma. Pero yo no podia parar.
– No pasa un dia que no tema por mi hijo. -Me aventure algo mas y luego me calle subitamente, con profundo azoramiento. Baje la vista y note la magnifica espada en la mano-. Espero que algun dia Tung Chih se enamore de una espada tan bella como esta.
– ?Ojala sea asi!
Nuharoo parecia encantada de que volviera a encauzar el tema. Uniendose a mi, alabo la espada como una obra maestra.
Reconoci los simbolos en la empunadura de la espada, que estaban reservados para el emperador, y, sorprendida, pregunte:
– ?Fue un regalo de su majestad?
– En realidad fue un regalo del emperador Hsien Feng a mi superior, Su Shun -respondio Yung Lu-, quien a su vez me recompenso, con el permiso de su majestad.
– ?Con que motivo? -preguntamos Nuharoo y yo casi al mismo tiempo.
– Tuve la suerte de poder salvar la vida de Su Sung en una lucha contra los bandidos en la region montanosa de Hupei. Esta daga fue tambien mi recompensa.
Yung Lu se busco la rodilla izquierda, saco una daga de su bota y me la paso. La empunadura era de jade con piedras incrustadas. En cuanto mis manos tocaron el arma, note una sensacion muy excitante.
Era mediodia cuando Nuharoo dijo que tenia que irse para cumplir con sus obligaciones budistas. Para ella lo que Yung Lu y yo estabamos hablando carecia de interes. Una vez le pedi a Nuharoo que me hablara sobre el budismo y me dijo que todo se resume en el
Cuando Nuharoo se fue, reanude la conversacion con Yung Lu. Me sentia iniciando un viaje fascinante del que disfrutaba a pesar de mi culpa. Yung Lu era de origen manchu y procedia del norte. Nieto de un general, se habia unido al Portaestandarte Blanco a los catorce anos y habia ido ascendiendo, siguiendo la ruta academica imperial mientras proseguia con su instruccion militar. Le pregunte sobre sus relaciones con Su Shun.
– El gran consejero estaba al frente de un caso en el que yo era el demandante -respondio Yung Lu-. Era el octavo ano del mandato de su majestad y yo me examinaba para ingresar en la administracion publica.
– Se lo ocurrido en aquellos examenes, pero nunca habia conocido a nadie que se hubiera presentado.
Yung Lu sonrio y se paso la lengua por los labios.
– Lo siento, no pretendia interrumpirte.
– ?Oh, no! -se disculpo.
– ?Asi que conseguiste un cargo gracias al examen?
– No, no lo consegui -respondio el-. Sucedio algo extrano; la gente sospechaba que el ganador habia hecho trampas; era un rico haragan. Mucha gente acuso de corrupcion a los altos cargos. Con el apoyo de varios estudiantes, desafie al tribunal y exigi que repasaran la puntuacion. Rechazaron mi propuesta pero no me rendi y yo mismo investigue el caso. Al cabo de un mes, a traves de un anciano miembro del clan, presente un informe detallado al emperador Hsien Feng, quien entrego el caso a Su Shun.
– ?Su Shun conocia el tribunal, no?
– Si, majestad. No le costo demasiado descubrir la verdad; sin embargo, el caso no era facil de resolver.
– ?Por que?
– Implicaba a uno de los parientes cercanos del emperador.
– ?Convencio Su Sung a su majestad de que debia tomar las medidas oportunas?
– Si, y como consecuencia el director de la academia imperial fue decapitado.
– El poder de Su Shun reside en su lengua flexible -nos interrumpio Nuharoo, que habia regresado en silencio, se habia sentado sujetando su rosario de oracion y hablaba con los ojos cerrados-. Su Shun podria hacer cantar a un muerto.
Yung Lu se aclaro la garganta, sin asentir ni rebatirla.
– ?Que le dijo Su Shun al emperador Hsien Feng entonces? -le pregunte.
– Le puso a su majestad el ejemplo de un motin que hizo tambalearse al imperio durante el decimocuarto ano de reinado del emperador Shun Chih, en 1657 -respondio Yung Lu-. Lo organizo un grupo de estudiantes que fue tratado injustamente en el examen para la administracion publica.
Cogi la taza de te y bebi de ella.
– ?Y como has acabado trabajando para Su Shun?
– Me metieron en la carcel por causar problemas.
– ?Y Su Shun te rescato?
– El fue quien ordeno mi liberacion.
