?Representais a su majestad el emperador de China o a la reina de Inglaterra?
– ?Su Shun! -El rostro del principe Kung se enrojecio y crispo las manos-. ?Es mi deber servir al emperador con veracidad!
Su Shun se acerco al emperador Hsien Feng.
– Debemos frenar a su majestad el principe Kung. Ha enganado a la corte. El y su suegro se han encargado de todas las negociaciones. Segun el resultado de los tratados y la informacion que me han proporcionado mis investigadores, tenemos razones para sospechar que el principe Kung se ha aprovechado de su cargo. -Su Shun hizo una pausa y acerco el cuerpo hacia el principe Kung como si estuviera acorralandolo-. ?Acaso no habeis hecho tratos con nuestros enemigos? ?No os han prometido los barbaros que, cuando entren en la Ciudad Prohibida, os recompensaran?
Las venas del cuello del principe Kung se hincharon y las cejas se le arrugaron como una raiz de jengibre. Se abalanzo sobre Su Shun, lo derribo y empezo a golpearle.
– ?Comportaos! -grito el emperador Hsien Feng-. Su Shun tiene mi permiso para manifestarse.
Las palabras de su majestad abatieron al principe Kung. Bajo las manos y se puso de rodillas.
– Mi hermano imperial, no conseguiremos nada apresando a su embajador. Apuesto mi cabeza. La situacion solo se volvera en nuestra contra. En lugar de retroceder, enviaran sus flotas a nuestras costas. He estudiado lo bastante como para conocer sus maneras.
– Claro. -Su Shun se puso en pie, con las largas mangas flotando en el aire-. Lo bastante como para establecer contactos y lo bastante como para olvidar quien sois.
– ?Una palabra mas, Su Shun -dijo el principe Kung con las mandibulas apretadas-, y os arrancare la lengua!
A pesar de las advertencias de Kung, se dicto un edicto para capturar al embajador britanico. Durante los dias que siguieron, la Ciudad Prohibida estuvo tranquila. Cuando llegaron noticias de que el embajador habia sido apresado, Pekin lo celebro. Su Shun fue saludado como un heroe. Casi inmediatamente, las noticias de ataques extranjeros a lo largo de la linea de la costa acabaron con el jubilo. Los documentos que llegaban a su majestad desde la frontera olian a humo y sangre. Pronto los papeles se apilaron contra las paredes y ya no habia modo de clasificarlos. La situacion fue exactamente la que el principe Kung habia previsto.
El 1 de agosto de 1860 fue el peor dia para el emperador Hsien Feng. Nada podia detener a los barbaros. El principe Kung fue denunciado y el Tsungli Yamen disuelto. Bajo el nombre de «los aliados», los ingleses entraron con ciento setenta y tres buques de guerra y diez mil soldados, los franceses con treinta y tres buques y seis mil soldados. Luego se les unieron los rusos y, juntos, desembarcaron una fuerza de dieciocho mil hombres en las costas del golfo de Chihli.
Los aliados se lanzaron contra las inmensas fortificaciones que se extendian a lo largo de la desembocadura del rio Amarillo y el litoral, las atravesaron, hundiendose hasta las rodillas en el barro y alcanzaron tierra firme. Luego empezaron a avanzar hacia Pekin. El general Seng-ko-lin-chin, comandante en jefe de las Fuerzas Imperiales, envio un mensaje al emperador comunicando que estaba preparado para morir; en otras palabras, que todas las esperanzas de proteger la capital se desvanecian.
Otros informes describian el valor y el patriotismo, lo que me llenaba de tristeza. El sistema defensivo de la antigua China se habia convertido en un estorbo: solo barreras de estacas de bambu y complejos diques y zanjas defendian nuestros fuertes. Nuestros soldados no podian demostrar su dominio de las artes marciales en el combate. Les disparaban antes incluso de divisar al enemigo.
La caballeria mogol era famosa por su invencibilidad. En un dia desaparecieron tres mil jinetes. Los canones y las armas de los occidentales los barrian como el viento de final del otono a las hojas secas.
El emperador Hsien Feng estaba banado en sudor. Una fiebre alta le habia consumido tanta energia que ya no podia ni comer. La corte temia que sufriera un colapso. Cuando le bajo la fiebre, me pidio que dictara cinco edictos para que fueran entregados inmediatamente al general Seng-ko-lin-chin. En nombre de su majestad, informe al general de que se estaban reuniendo tropas de todo el pais y que en cinco dias el legendario general Sheng Pao dirigiria un rescate. Casi veinte mil hombres mas, incluyendo siete mil de la caballeria, se incorporarian al contraataque.
En el siguiente edicto, escribi como si su majestad hablara a la nacion:
Los traicioneros barbaros estan dispuestos a sacrificar nuestra fe en la humanidad. Avanzan hacia Tungchow. Vergonzosamente anuncian su intencion de obligarme a recibirlos en audiencia. Su amenaza supone que cualquier tolerancia por nuestra parte seria negligencia en el cumplimiento del deber hacia el imperio.
Aunque mi salud esta en grave estado, no puedo hacer mas que luchar hasta mi ultimo aliento. Me he dado cuenta de que ya no puedo conseguir paz y armonia sin la fuerza. Ahora os ordeno a vosotros, ejercitos y ciudadanos de todas las razas, que os unais a la batalla. Recompensare a quienes hagan gala de valor. Por cada cabeza de un barbaro negro [tropas sijs britanicas] ofrezco una recompensa de cincuenta taels y por cada cabeza de barbaro blanco ofrezco una recompensa de cien mil taels. Los subditos de otros Estados sumisos no deben ser molestados, y siempre que ingleses y franceses demuestren arrepentimiento y abandonen sus maneras perversas, me complacera permitirles que comercien otra vez, como antano. Que se arrepientan mientras aun tienen tiempo.
El salon de la Virtud Luminosa estaba humedo por los dias de las fuertes lluvias. Me sentia como dentro de un ataud gigante. Alrededor del lecho del emperador Hsien Feng, se construyo un trono provisional y se elevo una plataforma. Cada vez mas ministros acudian en busca de audiencias de emergencia. Todos parecian ya derrotados. Se descuidaba la etiqueta y la gente discutia y se peleaba en voz alta. Numerosos ancianos morian en mitad de las discusiones. En la frontera las balas y los proyectiles de canon eran gruesos como el granizo. Recostado en su silla, el emperador leia los ultimos informes. Le volvio a subir la fiebre y le colocaron toallas frias en la frente y en el cuerpo. Se le caian las paginas de los dedos temblorosos.
Dos dias mas tarde, llegaron noticias de la caida. La primera fue el fuerte septentrional superior, tomado despues de un feroz combate bajo un bombardeo intensivo por los dos lados. Los aliados presionaban y Seng-ko- lin-chin decia que los obuses que alcanzaron los almacenes de polvora de los fuertes del norte habian mermado sus defensas.
El 21 de agosto, Seng-ko-lin-chin se entrego y los fuertes Taku se rindieron. El camino hacia Pekin estaba despejado.
Nos informaron de que los aliados estaban a solo veinte kilometros de la capital. Llegaron las tropas del general Sheng Pao, pero no resultaron de ninguna ayuda; el general habia perdido su ultima division el dia anterior.
La gente entraba y salia del salon de audiencias a grandes zancadas, como personajes de papel recortado. Las palabras en las que cada uno deseaba a su majestad una vida longeva sonaban huecas. Aquella manana las nubes estaban tan bajas que podia sentir la humedad del aire en los dedos. Las ranas saltaban por todo el patio; parecian desesperadas. Habia ordenado a los eunucos limpiar el patio de ranas, pero habian vuelto.
El general Seng-ko-lin-chin estaba de rodillas ante su majestad, implorando un castigo que le fue aplicado. Le despojaron de todos sus titulos y se le condeno al destierro. Pregunto si podia ofrecer a su majestad un ultimo servicio.
– Concedido -murmuro el emperador Hsien Feng.
Seng-ko-lin-chin dijo:
– Se acerca la luna llena…
– Ve al grano -dijo el emperador volviendo la cabeza hacia el techo.
– Yo…
Con manos titubeantes el general saco un pequeno pergamino del bolsillo interior de su tunica y se lo dio al eunuco jefe Shim. Shim desplego el rollo para que lo viera el emperador. «Ir a Jehol», decia.
– ?Que quieres decir? -pregunto el emperador Hsien Feng.
– Cazar, majestad -respondio Seng-ko-lin-chin.
– ?Cazar? ?Crees que estoy de humor para ir de caza?
