Seng-ko-lin-chin se explico detalladamente: era el momento de abandonar Pekin, era el momento de olvidar las apariencias. Sugeria que el emperador usara los tradicionales terrenos de caza de Jehol como excusa para escapar. En opinion del general, la situacion era irreversible; China estaba perdida. Los enemigos estaban de camino para arrestar y derrocar al hijo del cielo.

– Mis costillas, Orquidea. -Su majestad se esforzo en sentarse-. Me duele como si tuviera hierbas y matojos creciendo en su interior. Oigo el viento soplar a traves de ellas cuando respiro.

Le di un leve masaje en el pecho.

– ?Significa eso un si a la caceria? -pregunto Seng-kolin-chin.

– Si no me crees, puedes tocarme la barriga con la mano -me comento su majestad, ignorando a Seng-ko- lin-chin-. Vamos, golpea mi pecho, oiras un sonido vacio.

Senti lastima por Hsien Feng, pues no tenia vocabulario para lo que estaba sintiendo, ni lo comprendia. Habia perdido el orgullo; sin embargo no podia evitar seguir viendose como el amo del universo. Sencillamente no podia vivir de otro modo.

– Entonces tendre los terrenos de caza preparados.

Seng-ko-lin-chin dejo caer las palabras y se retiro en silencio.

– ?Una rata va a parir! -Su majestad prorrumpio en gritos histericos-. Esta pariendo a sus crias en un monton de harapos, en un agujero que hay detras de mi cama. Mi palacio se llenara de ratas. ?A que esperas, dama Yehonala? ?No vas a acompanarme a cazar en Jehol?

Mis pensamientos se aceleraron. ?Abandonariamos la capital? ?Dejariamos el pais a los barbaros? Habiamos perdido puertos, fuertes y costas, pero no habiamos perdido a nuestro pueblo. Seguramente nos quedariamos en Pekin, porque incluso cuando los barbaros llegaran, tendriamos la oportunidad de luchar si nuestro pueblo estaba con nosotros.

Si el emperador Hsien Feng hubiera sido un hombre fuerte, habria actuado de otro modo. Habria sido un ejemplo de como conducir una nacion en la guerra, habria ido el mismo a la frontera y, si hubiera muerto, habria preservado el honor de China y salvado su nombre, pero era un hombre debil.

Nuharoo trajo a Tung Chih para la cena. A pesar del mal tiempo, parecia una bola de nieve, envuelto en un abrigo de piel blanco. Le estaban dando de comer carne de pichon con una rebanada de pan cocido. Parecia alegre y jugaba a un juego de cuerda llamado «Atame, desatame» con An-te-hai. Tumbado en su cama, Hsien Feng contemplaba a su hijo. Sonreia y alentaba al nino a desafiar al eunuco. Entonces aproveche la oportunidad para hablar.

– ?Majestad? -Intente no plantear una discusion-. ?No creeis que el espiritu de la nacion se desmoronara si su emperador… esta ausente? -Evite la palabra «deserta»-. Un dragon necesita una cabeza, una capital vacia alentara el pillaje y la destruccion. El emperador Chou Wen-wang de la dinastia Han opto por huir durante la crisis de su reino y el resultado fue que perdio el respeto de su gente.

– ?Como te atreves a plantear esta comparacion! -El emperador Hsien Feng escupio las hojas de te en el suelo-. He decidido irme por la seguridad de mi familia, tu incluida.

– Creo que demostrar la fuerza de la corte al pueblo es crucial para la supervivencia de China -susurre suavemente.

– No me siento como para hablar de esto ahora.

Su majestad llamo a su hijo y empezo a jugar con el. Tung Chih corria riendose y se escondio debajo de una silla.

Ignore a Nuharoo, que me hacia gestos para que me fuera, y prosegui:

– El abuelo de Tung Chih y el bisabuelo se habrian quedado si se hubieran enfrentado a esta situacion.

– ?Pero no se les presento esta situacion! -exploto Hsien Feng-. Siento celos de ellos; son ellos quienes me han dejado esta marana. En 1842, cuando se perdio la primera guerra del Opio, yo era solo un nino. No he heredado mas que problemas. Todo lo que recuerdo de aquellos dias son las indemnizaciones que estoy obligado a pagar. ?Ocho millones de taels a cada pais! ?Como voy a satisfacer esa cantidad?

Discutimos hasta que me ordeno que regresara a mis dependencias. Sus ultimas palabras rondaron mi cabeza toda la noche.

– Una palabra mas y te recompensare con una cuerda para que te ahorques.

Nuharoo me invito a dar un paseo por su jardin. Me conto que sus arbustos se marchitaban debido a alguna plaga de una rara especie de mariposa. Le respondi que no estaba de humor para hablar de mariposas.

– Deben de ser polillas; de cualquier modo, son bonitas. -Sin prestarme atencion, ella continuaba-.Vamos a cazar mariposas, olvidate de los barbaros.

Entramos cada una en nuestro palanquin. Me habria gustado poder disfrutar de la invitacion de Nuharoo, pero en mitad del paseo cambie de opinion y ordene a mis porteadores que me condujeran al salon de la Virtud Luminosa. Envie un mensajero a Nuharoo para pedirle perdon y comunicarle que la decision del emperador de abandonar la capital pesaba gravemente en mi.

En el vestibulo me encontre con mis cunados, el principe Kung, el principe Ch’un y el principe Ts’eng. El principe Ch’un me dijo que habian ido a convencer a su majestad de que se quedara en Pekin, lo que me alegraba y me llenaba de esperanza.

Antes de entrar, aguarde en el jardin hasta que sirvieron el te. Una vez dentro, me sente junto al emperador Hsien Feng. Me di cuenta de que habia otros invitados; ademas de los principes, tambien estaban alli Su Shun y su hermanastro Tuan Hua. Durante los ultimos dos dias, Su Shun y Tuan Hua habian estado haciendo preparativos para que el emperador se fuera a Jehol. Al otro lado de las paredes, el sonido de los carruajes yendo y viniendo era constante.

– ?Me voy de Pekin porque no he tenido noticias del reemplazo de Seng-ko-lin-chin, el general Shen Pao! - argumento Hsien Feng-. Los rusos afirman que Sheng Pao ha sido capturado. En ese caso, los barbaros estaran en mi jardin en cuestion de horas.

– ?Majestad! -El principe Kung cayo de su silla al suelo-. ?Por favor, no deserteis!

– ?Majestad! -El principe Ts’eng, su quinto hermano, tambien de rodillas, cerro filas junto al principe Kung-. ?Os quedareis unos dias mas? Yo mismo conducire a los portaestandartes a la batalla contra los barbaros. Dadnos la oportunidad de honraros. Sin vos… -Ts’eng estaba tan emocionado que tuvo que hacer una pausa- no habra espiritu.

– El emperador ya se ha decidido -anuncio friamente Hsien Feng.

El principe Ch’un se arrodillo entre el principe Kung y el principe Ts’eng.

– Majestad, abandonar el trono alentara la locura de los barbaros. Dificultara mucho las futuras negociaciones.

– ?Quien dice que abandono el trono? Solo me voy de caza.

El principe Kung sonrio amargamente.

– Cualquier nino dira en la calle: «El emperador huye».

– ?Como te atreves!

El emperador Hsien Feng dio una patada a un eunuco que habia acudido a darle una medicina.

– Por vuestra salud, majestad, perdonadnos. -El principe Ts’eng se agarro a las piernas del emperador-. Permitidme deciros adios, entonces. Voy a enfrentarme a los canones.

– Dejad de hacer el tonto. -Hsien Feng se levanto y ayudo a hacerlo al principe Ts’eng-. Hermano mio, una vez este fuera del alcance, puedo seguir una politica mas consistente en el campo de batalla. -Se dirigio a Su Shun-. Vamonos antes de que el cielo aclare.

La determinacion de Kung, Ch’un y Ts’eng me hicieron sentir orgullosa de ser manchu. No me sorprendia la cobardia de Hsien Feng; perder los fuertes Taku lo habia destrozado y ahora solo queria alejarse y esconderse.

Su Shun se presento en el vestidor de Hsien Feng.

– Debemos apresurarnos, majestad, tardaremos varios dias en llegar a Jehol.

Entro Tuan, el hermanastro de Su Shun, un hombre delgado con un cuello largo y torcido que hacia que su cabeza se inclinara hacia un lado.

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