viejos palacios de Jehol aparecieron en el horizonte, todos salimos de los palanquines y nos arrodillamos. Agradecimos al cielo haber llegado hasta aquel lugar que nos daria refugio temporal. En cuanto lo bajaron de la silla, Tung Chih echo a correr detras de las liebres y las ardillas, que salian zumbando huyendo de el.

Nos apresuramos hasta las grandes verjas. Era como entrar en una tierra de ensueno, en la escena de una pintura deslucida. El abuelo de Hsien Feng, Chien Lung, habia construido Jehol en el siglo XVIII. Hoy el palacio se levantaba como una belleza ajada a la que se le habia corrido el maquillaje. Habia oido hablar tanto de aquel lugar que la vision casi me resultaba familiar. A diferencia de la Ciudad Prohibida, Jehol era casi una obra de la naturaleza. En el curso de los anos, arboles y arbustos habian crecido entrelazados. La hiedra se extendia de pared en pared, escalaba por arboles tan altos como el cielo, y se derramaba desde ellos en racimos exuberantes. El mobiliario de los palacios era de maderas nobles, piezas exquisitamente talladas con incrustaciones de jade y piedras preciosas. Los dragones de los paneles del techo eran de oro puro y las paredes resplandecian de la seda brillante.

Me fascinaba el paisaje agreste; no me habria importado vivir en Jehol. Pense que seria un buen sitio para criar a Tung Chih; podia aprender el oficio de portaestandarte y aprender a cazar. Deseaba ardientemente que creciera a lomos de un caballo como nuestros antepasados. Deseaba no tener que recordarme a mi misma que estabamos en el exilio.

Jehol era un lugar de extraordinarios silencios. La blanquecina luz del sol se reflejaba tenuemente en las cubiertas de tejas. Los patios estaban pavimentados con adoquines; las puertas, flanqueadas por gruesos muros. Los palacios estaban vacios desde la muerte de Chien Lung, hacia medio siglo, y olian a moho. Azotados por decadas de viento y lluvia, los exteriores parecian difuminarse en el paisaje. El color original, amarillo arena, habia dejado paso al marron y al verde. Dentro, el verdin cubria los techos y oscurecia las esquinas de las espaciosas camaras.

La familia real entro en Jehol y el lugar volvio a la vida. Los dormidos salones, patios y edificios se despertaron con el eco de las voces y las pisadas humanas. Se abrieron las puertas con el crujido de la madera y el metal. Las herrumbrosas cerraduras de las ventanas se rompieron cuando intentamos abrirlas. Los eunucos hicieron lo que pudieron para quitar la podredumbre y la mugre de anos.

Me asignaron unos aposentos junto a los de Nuharoo, en el lado este del palacio principal. El emperador, como era natural, ocupaba el dormitorio mas grande, situado justo en el medio. Su despacho, llamado salon de la Pasion Literaria, se encontraba en el ala oeste del palacio cerca de las dependencias de Su Shun y de los demas grandes consejeros. Nuharoo cuidaba de Tung Chih mientras yo cuidaba a Hsien Feng. Nuestros horarios y responsabilidades se establecian segun las necesidades del padre y el hijo.

Desde que su majestad habia dejado de conceder audiencias, ya no le presentaban documentos para revisar o firmar. Su Shun seguia gestionando a sus anchas los asuntos de la corte. Mi trabajo ahora se limitaba a mezclar hierbas para Hsien Feng. El olor amargo era tan fuerte que el emperador se quejaba y tenia que ordenar a los criados que se llevaran los cacharros a la cocina, que estaba en un extremo del palacio. Yo trabajaba con el herborista y medico Sun Pao-tien para asegurarme de que preparaba correctamente la medicina, lo cual no era facil. Una de las recetas requeria que la sopa se mezclara con sangre fresca de ciervo, que se echaba a perder rapidamente. El equipo de cocina tenia que matar un ciervo cada dos dias, preparar inmediatamente la medicina y luego esperar a que su majestad no vomitase justo despues de que se la obligaramos a tragar.

A finales de octubre, el sol parecia incendiar los arces. Una manana, cuando Nuharoo y yo sacamos a Tung Chih a dar un paseo, descubrimos que habia un regato cercano sorprendentemente caliente. Un eunuco que habia custodiado los palacios toda su vida nos conto que habia varios cursos de agua caliente en la zona. De ahi provenia el nombre de je-hol, rio caliente.

– El rio se calienta aun mas cuando nieva -dijo el eunuco-. Podeis probar el agua con la mano.

Tung Chih sentia curiosidad e insistia en banarse en el arroyo. Nuharoo estaba a punto de ceder, pero yo me negue a darle permiso. Tung Chih no sabia nadar y yo acababa de recuperarme de un constipado. Molesto con mi disciplina, se volvio hacia Nuharoo haciendo pucheros. Mi hijo sabia que Nuharoo estaba jerarquicamente por encima de mi y que no se me permitia desobedecerla. Aquello constituia la dinamica entre Nuharoo, mi hijo y yo. A mi me irritaba y me hacia sentir indefensa. La cocina se convirtio en mi refugio.

La salud de Hsien Feng parecia haberse estabilizado un poco. En cuanto su majestad pudo sentarse, el principe Kung le envio borradores de los tratados. Me mando llamar para que le ayudara.

– Vuestro hermano espera que hagais honor a los terminos -dije, resumiendo la carta del principe Kung a su majestad-. Dice que estos son los documentos finales; despues de vuestra firma, se restauraran la paz y el orden.

– Los barbaros me piden una recompensa por escupirme a la cara -respondio indignado Hsien Feng-. Ahora entiendo por que mi padre no cerro los ojos al morir: no pudo tragarse el insulto.

Espere a que se calmara antes de reanudar la lectura. Algunos de los terminos alteraron tanto a su majestad que jadeaba como si le faltara el aire. Su garganta emitia sonidos guturales y luego tuvo un acceso de tos.

Minusculas manchas de sangre cubrian el suelo y las mantas. Yo no queria seguir leyendo, pero tenia que devolver los documentos al cabo de diez dias. El principe Kung habia dicho que, de no ser asi, los aliados destruirian la capital.

No tenia sentido que el emperador Hsien Feng se golpeara el pecho y gritara: «?Todos los extranjeros son unas bestias brutas!». Tampoco tenia sentido emitir edictos instando al ejercito a luchar con mas fuerza. La situacion era irreversible.

Tung Chih miraba a su padre arrastrarse fuera de la cama y arrodillarse suplicando ayuda al cielo. Una y otra vez, Hsien Feng deseaba tener el coraje suficiente para quitarse la vida.

En el salon de la Pasion Literaria se sellaron los tratados con Francia y Gran Bretana. Ambos tratados validaban el anterior Tratado de Tientsin, pero anadian articulos. Era la primera vez en varios miles de anos que China soportaba semejante humillacion.

El emperador Hsien Feng se vio obligado a abrir la ciudad de Tientsin como nuevo puerto comercial. Para el aquello no solo permitia a los barbaros comerciar en el jardin de su casa, sino tambien su acceso militar a la capital a traves de mar abierto. Su majestad tambien se vio obligado a «alquilar» Kowloon a los britanicos como compensacion de guerra. Los tratados declaraban que los misioneros occidentales tendrian total libertad y proteccion para operar en China, lo cual incluia la construccion de iglesias. Las leyes chinas no se aplicarian a ningun extranjero y las violaciones de los tratados por cualquier chino serian prontamente castigadas. China tendria que pagar indemnizaciones de ocho millones de taels a los ingleses y a los franceses.

Como si esto no fuera suficiente, los rusos presentaron un nuevo borrador del tratado chino-ruso de Pekin. El enviado ruso intentaba convencer al principe Kung de que el incendio de los palacios imperiales indicaba que China necesitaba proteccion militar de Rusia. Aunque era completamente consciente de que los rusos estaban abusando, no podia negarse. China no estaba en posicion de defenderse y no podia permitirse un enemigo como Rusia.

«Cuando un punado de lobos cazan a un ciervo enfermo, ?que otra cosa puede hacer el ciervo mas que suplicar misericordia?», escribio el principe Kung en una carta. Los rusos querian las tierras de Amur en el norte, que los zaristas ya habian ocupado. Los rusos tambien se habian establecido a lo largo de todo el rio Ussuri, al este de la frontera de Corea. Reclamaban el vital puerto chino de Haishenwei, que pronto seria conocido como Vladivostok.

Nunca olvidare el momento en que el emperador Hsien Feng firmo los tratados. Fue como una pena de muerte; el pincel que sostenia parecia pesar mil kilos, la mano no le dejaba de temblar y no podia escribir su nombre. Para estabilizarle los codos, anadi dos cojines mas a su espalda. El eunuco jefe Shim preparo la tinta y sujeto las paginas de los tratados delante de el sobre un cartapacio de papel de arroz.

No podia expresar mi pena por Hsien Feng y por mi pais. En la comisura de los labios purpura de su majestad, se acumulaba la saliva. Lloraba, pero no tenia lagrimas. Grito y vocifero durante dias, hasta que su voz sencillamente se extinguio. Entonces respirar se convirtio en una lucha.

Tenia los dedos como palillos crispados y su cuerpo no era mas que un esqueleto; habia iniciado el viaje que le llevaria a convertirse en un fantasma. Sus antecesores no habian respondido a sus plegarias y el cielo habia sido inmisericorde con su hijo. Sin embargo, a pesar de su impotencia, Hsien Feng demostro la dignidad del emperador de China. Su lucha fue heroica: el moribundo sostenia el pincel, reticente a firmar la devastacion de China.

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