clases. Nuharoo se molesto porque no confiaba en ella, pero yo estaba demasiado enfadada para preocuparme por sus sentimientos. Queria cambiar a Tung Chih antes de que fuera demasiado tarde.

Tung Chih sabia como enfrentarnos a Nuharoo y a mi. Sabia que yo no podia negarle que visitara a Nuharoo, asi que la vio tan a menudo como pudo para darme celos. Por desgracia yo cai en su trampa. Y siguio causando problemas en sus clases. Un dia arranco dos largos pelos del entrecejo del tutor con dientes de conejo. Sabia perfectamente bien que el viejo los consideraba un «signo de longevidad». El hombre estaba tan abatido que tuvo un achaque y le enviamos a casa por su bien. Nuharoo considero comico el incidente. Yo discrepaba e intente castigar a mi hijo por su crueldad.

La corte sustituyo al viejo tutor por otro nuevo, pero fue despedido por su alumno el primer dia de trabajo. La razon alegada por Tung Chih fue que el hombre soltaba ventosidades durante las lecciones. Acuso al tutor de «faltar al respeto al hijo del cielo» y lo azotaron por ello. Al oirlo Nuharoo elogio a Tung Chih por «actuar como un autentico gobernante», mientras que yo estaba deshecha.

Cuanto mas presionaba yo mas se rebelaba Tung Chih. En lugar de apoyarme, la corte pidio a Nuharoo que «vigilase» mi «comportamiento indignante». Me preguntaba si Su Shun estaba detras de aquello. Ahora Tung Chih me replicaba abiertamente delante de los eunucos y las doncellas; muy elocuente. A veces parecia demasiado sofisticado para ser un nino de cinco anos. Decia: «?Que bajo es por tu parte negar mi naturaleza!» o «?Soy un animal dotado!» o «?Esta mal que me pongas a dormir para poder jugar a la domadora!».

Nuharoo decia algo similar: «Permite a Tung Chih viajar hacia delante, dama Yehonala» o «es un viajero que comprende el universo. No piensa en si mismo sino en el viaje, en los suenos, en el alma y en la espiritualidad de Buda» o «arroja tus llaves al viento y deja abierta su jaula».

Empece a dudar de las intenciones de Nuharoo. Siempre habia algo perverso en su aproximacion a Tung Chih. Hiciera lo que hiciese, ella siempre se mostraba carinosa con el. Me di cuenta de que si no frenaba a Nuharoo, no podria frenar a Tung Chih. Para mi la lucha se habia convertido en una batalla por salvar a mi hijo. Me pasaba los dias pensando en como hablar con ella. Queria ser firme en mis intenciones sin herir su orgullo. Queria que comprendiera que le agradecia su afecto hacia Tung Chih, pero tenia que aprender a imponerle disciplina.

Para mi sorpresa, Nuharoo se me adelanto y vino a verme. Llevaba puesto un vestido informal de color marfil. Me trajo flores de loto frescas como regalo. Se quejo de mis restricciones en la dieta de Tung Chih. Insistio en que estaba demasiado delgado. Le explique que no tenia inconveniente en que comiera mas, pero su dieta debia ser equilibrada. Le explique que Tung Chih se sentaba durante horas en el excusado sin que le saliera un solo zurullo.

– No veo que esto sea un problema -objeto Nuharoo-. Los ninos tardan un rato cuando van al lavabo.

– Los ninos de los campesinos nunca tienen ese problema -le rebati-. Comen mucha fibra.

– Pero Tung Chih no es un nino campesino. Resulta insultante que hagas esa comparacion. -La expresion de Nuharoo se enfrio-. Lo correcto es que Tung Chih siga la dieta imperial.

Habia contratado personalmente a un cocinero para que le preparase comidas saludables, pero Tung Chih se quejo a Nuharoo de que el cocinero le sirvio unas gambas podridas que le dieron retortijones. Nadie salvo Nuharoo se trago la mentira. Sin embargo, para complacer a Tung Chih, ella despidio al cocinero.

Tenia que reprimirme para no luchar abiertamente contra Nuharoo. Habia tomado la decision de concentrarme primero en los estudios de Tung Chih. Cada manana cogia un latigo y acompanaba a Tung Chih hasta donde estaba su tutor.

Le estaban ensenando la boveda celeste. Le pedi al tutor una copia del texto y le dije a mi hijo que yo misma le haria un examen cuando terminara la leccion.

Como me esperaba, Tung Chih no recordaba una sola palabra de lo que habia estudiado. Acababamos de llegar de la escuela y estabamos a punto de comer. Pedi que le retiraran su comida y le cogi de la mano. Al levantarnos cogi el latigo. Lo lleve hasta un pequeno cobertizo situado en el jardin trasero, lejos de los salones principales y las habitaciones. Le dije a Tung Chih que no lo soltaria hasta que recitara todo el texto.

Se puso a gritar para ver si alguien acudia a rescatarlo, pero yo ya lo habia previsto. Habia pedido a An-te-hai que alejara a los tutores y habia ordenado expresamente que nadie informara a Nuharoo del paradero de Tung Chih.

– Hace muchos, muchos anos… -dije, para que mi hijo empezara-. ?Comienza!

Tung Chih sollozaba fingiendo que no me oia. Cogi el latigo y levante el brazo para que la cola bailara delante de el. Empezo a recitar:

– Hace muchos, muchos anos, habia cuatro enormes dibujos de constelaciones en el cielo estrellado. A lo largo del rio Amarillo, habia figuras de animales.

– Sigue, un dragon…

– Un dragon, una tortuga con una serpiente, un tigre y un pajaro, que salian y se ponian…

Nego con la cabeza y se lamento de no recordar bien la siguiente frase.

– ?Empieza otra vez y vuelve a leer!

Abrio el libro de texto pero recitaba a trompicones. Yo le lei:

– … uno tras otro, trazando un arco alrededor del polo norte celeste, circulaba una constelacion llamada el Cucharon del Norte [3].

– Es muy dificil -se quejo y tiro el texto.

Le cogi por los hombros y lo zarandee.

– ?Esto es por ser un nino malcriado que vive sin normas y sin pensar un momento en las consecuencias!

Lo levante del suelo y le quite la tunica. Levante el brazo y deje caer el latigo. Le dejo marcada una clara linea roja en su pequeno trasero. Tung Chih gritaba. A mi se me caian las lagrimas, pero volvi a azotarle. Tenia que obligarme a mi misma a continuar. Lo habia dejado a sus anchas demasiado tiempo; aquel era mi castigo y mi ultima oportunidad.

– ?Como te atreves a azotarme con el latigo! -exclamo con expresion de incredulidad. El ceno se juntaba en medio de su asustado rostro-. ?Nadie pega al hijo del emperador!

Le azote con mas fuerza.

– ?Esto es para que oigas el sonido de los canones extranjeros! ?Esto para que leas los tratados! -Senti derrumbarse una barrera emocional. Una flecha invisible atraveso mi cabeza. Casi ahogandome, continue-: Esto… es… para que mires a tu padre a la cara… quiero que sepas como se ha convertido en hombre hueco.

Como si actuara por voluntad propia, el latigo cambio de direccion. En lugar de impactar sobre Tung Chih, impactaba sobre mi, con un restallido fuerte y seco. Como una serpiente caliente, el cuero se envolvia alrededor de mi cuerpo, dejando su rastro de sangre a cada trallazo.

Embriagado por el espectaculo, Tung Chih se quedo en silencio. El cansancio me vencio, me derrumbe y me quede acurrucada. Lloraba porque Hsien Feng no viviria para educar a su hijo. Lloraba porque no me veia educando a Tung Chih como es debido con Nuharoo entrometiendose entre ambos. Lloraba porque habia oido a mi hijo gritar que me odiaba y que esperaba que Nuharoo me castigase. Y lloraba porque en lo mas profundo estaba descontenta de mi misma y, lo que era aun mas temible, no sabia que hacer.

Segui con la leccion mientras sostenia el latigo en alto.

– Responde, Tung Chih, ?que significa el dragon?

– El dragon significa transformacion -respondio el aterrorizado hombrecito.

– ?De que?

– ?De que que?

– ?Una transformacion de…?

– Una transformacion de… un pez. Significa la capacidad del pez para saltar por encima de un dique.

– Correcto. Eso es lo que hizo del pez un dragon. -Deje el latigo-. Significa el esfuerzo que se hace contra un obstaculo monstruoso. Significa el salto heroico que se requiere. Se le rompieron las espinas y las escamas se le arrancaron. Podia haber muerto en el esfuerzo, pero no se rindio. Eso es lo que le aparto de los peces comunes.

– No lo entiendo. ?Es demasiado dificil!

Ya no podia seguirme, incluso aunque le leyera la misma frase una y otra vez. Su mente parecia haberse bloqueado. Estaba en estado de shock; le habia asustado. Hasta aquel momento de su vida, nadie le habia levantado la voz. Siempre se habia salido con la suya, por muy denigrante que pudiera ser para los demas.

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