salvador.

?Que habia mas perverso que abusar de la mente de un nino? Tung Chih seria privado de sus derechos legitimos. Su Shun cumpliria finalmente sus ambiciones a traves de Tung Chih. Dirigiria el imperio en nombre de Hsien Feng para su hijo. Desvelaria la debilidad de Tung Chih y luego buscaria una excusa para derrocarle y proclamarse emperador.

Cuanto mas nitida veia la imagen del futuro, mas me hundia en la desesperacion. Las noticias de la muerte de Hsien Feng podian llegar en cualquier momento y aquella podia ser mi ultima oportunidad para estar con Tung Chih. Lo aprete tanto contra mi que se quejo de que le hacia dano.

– Llorar solo puede haceros perder mas tiempo, mi senora -interrumpio An-te-hai levantandose del suelo, donde habia estado arrodillado.

Sus ojos, normalmente tiernos, se endurecieron.

– ?Por que no escapas, An-te-hai? -le pregunte con frustracion-. Has sido bueno conmigo y yo te bendecire.

– Vivo para vos, mi dama. -An-te-hai golpeo estrepitosamente con su cabeza en el suelo-. ?No os rindais todavia!

– ?Quien me rescatara, An-te-hai? El emperador esta demasiado ido y los espias de Su Shun andan por todas partes.

– Hay dos personas que pueden salvaros, mi senora.

Rong y su marido, el principe Ch’un, eran las dos personas en quienes An-te-hai estaba pensando. An-te-hai creia que el principe Ch’un encontraria el modo de llegar hasta el lecho de su majestad. Se llevaria a Rong para que pudiera hablar en mi nombre.

La sugerencia tenia sentido. Rong estaba embarazada, lo que aumentaba su estatus a los ojos de la familia imperial. El principe Ch’un tenia cuatro hijas pero ningun hijo y haria lo que fuera por contentar a su mujer. An- te-hai se ofrecio voluntario para salir a hurtadillas de Jehol y ponerse en contacto con mi hermana.

Despues de una semana, una manana temprano, mi hermana estaba a mi lado, con el vientre del tamano de una linterna y un brillo saludable en el rostro. Nos abrazamos y lloramos y Rong me conto que habia triunfado en su empresa.

– Al principio Su Shun no nos dejaba entrar -recordo-. Ch’un estaba dispuesto a retirarse despues de varias horas de espera. Yo le suplique, le dije que tenia que hablar con su majestad en persona sobre el sacrificio de mi hermana. Si no conseguia hacerle cambiar de opinion, el nino de mi vientre se veria afectado por mi pena y podia sufrir un aborto.

Rong me tomo las manos entre las suyas y sonrio.

– Mi marido no podia soportar la idea de perder un posible hijo. Asi que le obligue a entrar y a ver a su majestad en su lecho de muerte.

»Entre detras de Ch’un y le deseamos a su majestad que recuperara la salud. Mi vientre era demasiado grande para realizar un kowtow, pero aun asi lo hice como pude; tenia que demostrarle mi desesperacion. No tuve que fingir; estaba realmente asustada. Su majestad me perdono y me dijo que me levantara. Yo me negue y me quede de rodillas hasta que mi marido abrio la boca. Le dijo a su hermano que yo tenia pesadillas, que no podia superar mi tristeza, que podia perder a mi hijo en un aborto.

– ?Y cual fue la reaccion de Hsien Feng?

– Su majestad tenia un aspecto terrible y apenas podia hablar. Me pregunto cuales eran mis preocupaciones y mi marido respondio: «Mi esposa suena que habeis dictado un decreto para llevaros a Orquidea con vos. Quiere saber si es cierto. Necesita oir las palabras de vuestros labios celestiales».

– ?Que dijo su majestad?

– Su majestad senalo a Su Shun y dijo que habia sido idea suya.

– ?Lo sabia!

– Su Shun parecia furioso, pero permanecio en silencio. -Rong volvio a guardar el panuelo en su bolsillo.

Justo entonces aparecio An-te-hai.

– Su majestad ha ordenado la inmediata cancelacion del decreto. Chow Tee me conto que su majestad habia expresado a Su Shun su deseo de que no volviera a mencionar la idea nunca mas.

Cuando presente a Rong al principe Ch’un, nunca imagine que se convertirian en mis dioses protectores. Rong me dijo que el peligro no habia pasado y que debia ir con cuidado. Sabia que Su Shun no depondria sus armas y se convertiria en un Buda de la noche a la manana; su lucha por destruirme acababa de comenzar.

Pasaron tres dias tranquilos, y la manana del cuarto, el medico Sun Pao-tien pronostico que Hsien Feng no veria el proximo amanecer. Su Shun convoco urgentemente en nombre del emperador una audiencia final, que tendria lugar aquella tarde a ultima hora, en la cual la corte escucharia los ultimos deseos de su majestad.

No sabia que yo estaba excluida hasta que fui a visitar a Nuharoo a mediodia. Ella no se encontraba en sus dependencias; su eunuco me dijo que habia salido en un palanquin enviado por Su Shun. Me dirigi a An-te-hai y le ordene que averiguara que estaba pasando. An-te-hai recibio un mensaje de Chow Tee. Habia empezado la ultima audiencia imperial y Su Shun acababa de anunciar que mi ausencia se debia a mi mala salud.

Me entro panico; en cuestion de horas mi marido expiraria y la oportunidad de actuar se me escaparia para siempre. Corri al estudio de An-te-hai. Mi hijo estaba jugando al ajedrez con un eunuco y se negaba obstinadamente a ir conmigo. Tire del tablero y las piezas se desmoronaron por toda la habitacion. Lo lleve a rastras todo el camino hasta el salon de la Bruma Fantastica mientras le explicaba la situacion. Le dije que pidiera a su padre que nombrara a su sucesor.

Tung Chih estaba asustado y me suplico que lo volviera a llevar a su sala de juegos. Le explique que el tenia que hablar con su padre y que era la unica forma de salvar su futuro. Tung Chih no lo entendia. En medio de un berrinche, grito y forcejeo conmigo. En mi lucha por controlar a mi hijo, se me rompio el collar y las perlas rodaron por el pasillo.

Los guardias nos impedian la entrada al salon, aunque parecian temer a Tung Chih.

– Debo ver a su majestad -anuncie en voz alta.

Aparecio el jefe eunuco Shim.

– Su majestad no desea ver ahora a sus concubinas. Cuando quiera veros, os lo hare saber.

– Estoy segura de que su majestad querra ver a su hijo por ultima vez.

El eunuco jefe Shim nego con la cabeza.

– Tengo ordenes del gran consejero Su Shun de que os encierre si insistis en entrar, dama Yehonala.

– ?Tung Chih tiene derecho a despedirse de su padre! -grite con la esperanza de que Hsien Feng me oyese.

– Lo siento. Ver a Tung Chih solo turbaria a su majestad.

Estaba desesperada. Intente apartar a Shim, pero este permanecia inmovil como un muro.

– Tendreis que matarme para que renuncie a cumplir con mi deber.

Me puse de rodillas y le suplique.

– ?Al menos permitiras que Tung Chih vea a su padre a lo lejos? -pregunte empujando a mi hijo.

– No, dama Yehonala.

Hizo una senal a los guardias, que me inmovilizaron en el suelo.

Algun resorte debio de dispararse en la cabecita de Tung Chih. Tal vez no le gusto el modo en que me trataban, y cuando Shim se le acerco con una falsa sonrisa y le pidio que volviera a su sala de juegos, mi hijo respondio por primera vez utilizando el lenguaje reservado a un emperador.

– Zhen desea que lo dejen en paz para ver que esta pasando aqui.

La palabra Zhen dejo helado al eunuco jefe Shim en su sitio. Tung Chih se aprovecho de la situacion y entro en la sala.

La gigantesca cama del dragon negro de Hsien Feng estaba en el centro de la plataforma del trono. Encabezados por Su Shun y los miembros de su gabinete, los ministros y funcionarios de la corte rodeaban a la palida figura que yacia bajo la colcha. Mi marido parecia ya muerto; yacia inmovil, sin mostrar ningun signo vital.

Nuharoo estaba de rodillas junto a su cama, vestida con una tunica beis, sollozando en silencio. Todos los

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