esperanzas. Ya no me importaba lo que decia-. Aqui esta tu maldito hijo celestial. ?Abandonalo! ?Vete y mira como nos destruyen! Yo aceptare mi destino si es eso lo que quieres, pero Tung Chih es digno de ti. Eres un padre despiadado.

Llorando, Tung Chih enterro el rostro en el pecho de su padre.

– Tung Chih. -Hsien Feng volvio a abrir los ojos. Aunque debil, su voz era clara-. Hijo mio… deja… que te vea. ?Como estas? ?Que puedo darte?

– Majestad -dije-, ?Tung Chih os sucedera en el trono?

Hsien Feng sonrio con carino.

– Si, claro, Tung Chih me sucedera en el trono.

– ?Teneis titulo para su reinado?

– Ch’i Hsiang -dijo su majestad con el ultimo hilo de aliento.

– Felicidad de buen augurio -interpreto el secretario imperial mientras anotaba las palabras.

Muchos han dicho que mi iniciativa de aquel momento encarnaba un principio importante: una mujer debia ser audaz para sobrevivir en la corte manchu, y tienen razon.

Poco despues de que el medico Sun Pao-tien dictaminara la muerte de su majestad, Nuharoo y yo nos retiramos de la estancia. Fuimos al vestidor y nos quitamos el maquillaje. Temblaba tanto que mis manos no podian sujetar la manopla. Llore al recordar las ultimas palabras de Hsien Feng; el esfuerzo que hizo para pronunciarlas reflejaba el amor que debia de albergar su corazon.

Cuando Nuharoo y yo regresamos, vestimos toscos atuendos de arpillera blanca y envolvimos nuestro cabello en tiras de tela tambien blanca. Nuestro cambio de aspecto indicaba a toda nuestra nacion que habiamos entrado en la primera etapa de luto por su emperador.

Su Shun solicito de inmediato un encuentro con Nuharoo y conmigo. No sirvio de nada decir que preferiamos aguardar hasta que nuestra inquietud se hubiera calmado. Su Shun insistio en que debia cumplir una promesa hecha a nuestro marido.

En el vestidor habia discutido con Nuharoo sobre el modo en que debiamos tratar a Su Shun. Ella estaba consternada y me dijo que en aquel instante no podia pensar. Yo sabia que Su Shun estaba preparado, que se aprovecharia de la inminente confusion para consolidar su control sobre la corte y nosotras corriamos el peligro de ser fulminadas.

Cuando se acerco a mi, le hable sin rodeos y le sugeri que, antes que nada, abrieramos la caja con el testamento de su majestad. Acostumbrado a la aquiescencia por parte de las mujeres, Su Shun se quedo sin palabras. La corte estuvo de acuerdo conmigo.

Era cerca de la medianoche cuando abrimos la caja. El gran secretario Kuei Liang leyo el testamento, que era tan confuso como la forma de vida de su majestad. Ademas de nombrar a Tung Chih nuevo emperador, establecia un Consejo de Regentes, que seria dirigido por Su Shun, para administrar el gobierno hasta que Tung Chih fuera mayor de edad. Como si careciera de confianza en su propia decision, o con la intencion de refrenar el poder de los regentes, o tal vez simplemente para constituir el consejo como una regencia ortodoxa, el emperador Hsien Feng confiaba a Nuharoo y a mi un par de sellos importantes: tungtiao, «una sociedad», y yushang, «la voluntad imperial reflejada». Nos concedia el poder de validar los edictos de Su Shun, emitidos en nombre de Tung Chih. Nuharoo tendria que estampar el sello tungtiao al principio del documento y yo el yushang al final.

Su Shun demostro su frustracion. Con los sellos de Hsien Feng en nuestras manos, habia puesto una cadena alrededor de su cuello. Mas tarde Su Shun haria cualquier cosa para ignorar esta constriccion.

Lo que yo no esperaba era que Hsien Feng excluyese a todos sus hermanos, incluido el principe Kung, del poder. Aquello violaba los precedentes historicos y horrorizo a los sabios y a los miembros del clan, que, sentados en un rincon de la sala, se mostraron visiblemente disgustados al oir el testamento.

Sospeche que aquello era obra de Su Shun. Segun Chow Tee, Su Shun le habia mencionado a su majestad que el principe Kung estaba perdiendo el tiempo negociando con los extranjeros. Era evidente que Su Shun habia convencido a su majestad de que Kung habia vendido su alma a los barbaros. La prueba que presento era que el principe habia empleado a extranjeros para entrenar a su propio personal en todos los ambitos del gobierno chino, incluido el militar y el financiero. Su Shun mostro a su majestad el plan de reforma del principe Kung, que pretendia acercar el sistema politico chino a los modelos occidentales de gobierno.

La tarde del 22 de agosto de 1861, Jehol estaba envuelto en la niebla. Las ramas del exterior del salon de la Bruma Fantastica golpeaban contra los paneles de la ventana, produciendo ruidos turbadores.

Tung Chih se habia quedado dormido en mis brazos y no se desperto cuando el medico Sun Pao-tien se lo llevo para que Nuharoo y yo pudieramos lavar la cara de nuestro marido con toallas de seda humedecidas. Acariciamos con cuidado a Hsien Feng, que parecia aliviado tras su muerte.

– Es el momento de vestir a su majestad -anuncio el eunuco jefe Shim-. Es mejor hacerlo ahora, antes de que el cuerpo de su majestad se endurezca.

Llegaron los eunucos con la tunica eterna, nosotras hicimos una reverencia a nuestro marido y luego nos retiramos.

An-te-hai llevaba en brazos al durmiente Tung Chih cuando salimos del salon de la Bruma Fantastica. Yo lloraba pensando en lo terrible que era que Hsien Feng hubiera muerto tan joven, con solo treinta y un anos.

Nuharoo interrumpio mis pensamientos.

– No debiste entrometerte; me dejaste como una idiota delante de su majestad.

– Lo siento, no era mi intencion -me disculpe.

– Me has avergonzado al no confiar en que me hiciera cargo de la situacion.

– Tung Chih necesitaba oir las palabras de su padre y no habia tiempo.

– Si alguien hubiera debido hablar por Tung Chih, esa era yo. ?Tu accion ha sido, cuando menos, muy desconsiderada, dama Yehonala!

Me irrito, pero preferi no decir nada; sabia que necesitaria a Nuharoo para ganar la guerra contra Su Shun.

Abrace a mi hijo cuando me fui a la cama. Debio de ser duro para Su Shun aceptar que no solo me libre de ser enterrada viva sino que tambien gozaba del poder de limitar su ambicion.

Estaba agotada, pero no conseguia relajarme y empezo a invadirme la pena por Hsien Feng. La preocupacion por la seguridad de mi hijo contuvo mi melancolia. Recordaba el inesperado rescate de Yung Lu. ?Habia estado velando por Tung Chih y por mi? No debia olvidar que Su Shun era su superior. ?Formaba Yung Lu parte de la conspiracion de Su Shun?

Tumbada en la cama, repase la lista de regentes uno por uno. Los rostros de los hombres aparecian muy claros en mi mente. Ademas de Su Shun, estaban los eruditos que habian llegado hasta los grados academicos mas elevados y los ministros que habian servido desde hacia largo tiempo en la corte, entre los que se encontraban Tuan Hua, el hermanastro de Su Shun, y el principe Yee, un bravucon que era primo hermano del emperador Hsien Feng y tambien comisionado imperial. Aunque sabia poco de sus meritos, sabia lo bastante como para darme cuenta de que estaban tan hambrientos de poder y eran tan peligrosos como Su Shun.

Examine en particular la trayectoria del principe Yee. Era el unico pariente real a quien Hsien Feng habia confiado el poder. Su Shun se lo debio de susurrar al oido del emperador, pero ?por que? Porque por las venas del principe Yee corria sangre imperial, pense. Su Shun necesitaba a Yee para enmascarar sus malvadas intenciones.

Al dia siguiente, los regentes, a quienes Nuharoo llamaba «la banda de los ocho», nos visitaron. Era evidente que Su Shun guardaba las llaves del pensamiento de la banda. En la recepcion se evitaron los asuntos importantes. Parecia que la escolaridad y los cuidados de Tung Chih eran suficiente responsabilidad para nosotros. La banda propuso aliviar nuestra carga ahorrandonos los asuntos de la corte, ante lo que Nuharoo expreso estupidamente su agradecimiento.

Su Shun fue el ultimo en llegar, alegando que habia estado extraordinariamente ocupado con los acontecimientos de la frontera. Le pregunte si tenia noticias del principe Kung y me respondio con una negativa. Mentia; An-te-hai me habia informado de que el principe Kung habia enviado cuatro documentos urgentes pidiendo instrucciones y ninguno de ellos habia recibido la menor atencion.

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