sala de la corte» y «las batallas» con el. Delicada y silenciosamente, intentaba influirle, pero en cuanto detectaba mis verdaderas intenciones, salia huyendo.
– Hay gente que intenta tomar el pelo al hijo del cielo -sentencio Tung Chih una vez en mitad de un juego.
Nuharoo y el tutor principal Chih Ming querian que Tung Chih aprendiese el «lenguaje de emperador». Tambien disenaron las lecciones para que Tung Chih se centrase en la retorica china, en la antigua poesia Tan y en los versos de Sung, «para que pudiera hablar de una forma elegante». Cuando me opuse a la idea y quise anadir ciencias, matematicas y estrategia militar basica, se molestaron.
– Se considera prestigioso dominar el lenguaje -explicaba el maestro Chih Ming con pasion-. Solo un emperador puede permitirselo y esa es la cuestion.
– ?Por que quieres privar a nuestro hijo? -me pregunto Nuharoo-. ?Acaso no ha sufrido Tung Chih, como hijo del cielo, suficientes privaciones?
– Es una perdida de tiempo aprender un lenguaje que no podra usar para comunicarse -argumente-. ?Tung Chih debe conocer de inmediato la verdad sobre China! No me preocupa lo bien que se vista, coma o diga
– Es una idea terrible hacer eso a un nino. -Nuharoo nego con la cabeza, haciendo sonar todas las campanillas de adorno de su cabello-. Tung Chih estara tan asustado que no querra gobernar.
– Estamos aqui para apoyarlo -me queje-. Trabajaremos con el y asi aprendera el arte de la guerra luchando en la guerra.
Nuharoo me miro con dureza.
– Yehonala, ?no me estaras pidiendo que desobedezca las reglas e ignore las ensenanzas de nuestros antepasados, verdad?
Me destrozaba el corazon ver como ensenaban a mi hijo a malinterpretar la realidad; era incapaz de distinguir la realidad de la fantasia. Las ideas falsas que le metian en su cerebrito lo hacian vulnerable; creia que podia decir al cielo cuando tenia que llover y al sol cuando debia brillar.
En contra del consejo del maestro Chih Ming, la repetida interferencia de Nuharoo y el propio interes de Tung Chih, impuse mi criterio a mi hijo, y aquello hizo que se alejara de mi. Yo lo consideraba de la mayor importancia. En nuestros juegos de «corte» Tung Chih hacia de emperador y yo de su malvado ministro; yo imitaba a Su Shun sin emplear su nombre, incluso adoptaba su acento norteno. Queria ensenarle a no dejarse intimidar por el enemigo.
Al acabar las lecciones, nunca me decia «gracias» ni «adios». Cuando abria los brazos y le decia «te quiero, hijo», Tung Chih me apartaba.
La ceremonia que senalaba el ascenso oficial de Tung Chih al trono empezo cuando el cuerpo de Hsien Feng se deposito en el ataud. En la corte se dicto un decreto proclamando la nueva era y se esperaba que Tung Chih emitiera otro decreto en honor a sus madres. Como de costumbre, recibimos un monton de tributos y regalos inutiles.
Era consciente de que Su Shun habia preparado aquel honor. Pero me impidieron conocer su contenido hasta que se anunciara el decreto, de modo que me sentia tensa y nerviosa, aunque no podia hacer nada.
Cuando se anuncio el decreto, Nuharoo fue honrada como «la emperatriz de la Gran Benevolencia Tzu An» y yo como la «emperatriz de la Santa Amabilidad Tzu Hsi». Para cualquiera que supiera chino, la diferencia era evidente: «gran benevolencia» era mas poderoso que «santa amabilidad». Tal vez nos honrasen a ambas como emperatrices del mismo rango, pero a la nacion se le transmitia el mensaje de que mi situacion no era la misma que la de Nuharoo.
El sutil enfasis en su mayor prestigio con respecto a mi agrado a Nuharoo. Aunque ella habia sido nombrada emperatriz durante el reinado de Hsien Feng, aquello no le aseguraba que conservase el mismo titulo tras el cambio de era. Al fin y al cabo, yo era la madre del heredero. Mi nuevo titulo inducia a la nacion a creer que Tung Chih consideraba a Nuharoo por encima de mi, Su Shun se habia salido con la suya.
Aun mas alarmante para mi era el hecho de que Su Shun hubiera emitido un decreto sin obtener el sello de Nuharoo ni el mio. Nuharoo no queria enfrentarse al problema, pues ya tenia lo que deseaba, pero para mi aquello era una violacion del principio: Su Shun no habia ejecutado debidamente el testamento del emperador Hsien Feng. Tenia todo el derecho a poner en tela de juicio el decreto; sin embargo, si combatia en este sentido, proporcionaria a Su Shun una oportunidad para deteriorar mi relacion con Nuharoo, asi que, tras meditar la situacion, decidi no hacer nada al respecto.
Despues del anuncio de los honores, Nuharoo y yo debiamos ser tratadas como iguales. Yo me traslade de mis dependencias hasta el ala oeste del salon de la Bruma Fantastica, conocida como Camara Occidental de la Calidez, lo cual indujo a los ministros a llamarme «emperatriz de la Camara Occidental». Nuharoo se traslado a la Camara Oriental de la Calidez y por ello la llamaron «emperatriz de la Camara Oriental».
El 2 de septiembre de 1861 se publico formalmente el primer decreto oficial anunciando la nueva era a la nacion y la llegada del emperador nino. El decreto incluia los honores que el nuevo emperador habia concedido a sus madres. Se otorgo diez dias de vacaciones a la nacion para celebrarlo.
Mientras el pais aprendia cosas sobre Nuharoo y sobre mi, Su Shun convoco al Consejo de Regentes para celebrar una audiencia por su cuenta. Exigia que, a partir de entonces, Nuharoo y yo estamparamos nuestros sellos en los decretos que el escribia sin cuestionarlos.
Esta vez Su Shun tambien ofendio a Nuharoo, asi que estallo una discusion en presencia de Tung Chih y toda la corte.
– Las mujeres permanecen al margen de los asuntos de la corte; esa es la tradicion imperial.
Su Shun hacia hincapie en que la administracion debia excluirnos por el bien del pais. Dio la impresion de que Nuharoo y yo eramos las responsables de retrasar los procedimientos de la corte y de que yo, particularmente, era una fuente de problemas.
– Si no vamos a tomar parte en los asuntos de la corte -dijo Nuharoo a la audiencia-, entonces, ?por que se molesto el emperador Hsien Feng en dejar los sellos en nuestras manos?
Antes de que a Su Shun le diera tiempo a responder, me hice eco de Nuharoo.
– El proposito del emperador Hsien Feng es mas que evidente. Los dos grandes sellos representan un juicio equilibrado. Su majestad queria que trabajaramos hombro con hombro, en colaboracion. Los sellos son para evitar la autocracia y -dije levantando la voz y hablando lo mas claro que pude-, evitar la posible tirania de un solo regente. Los ocho sois hombres sabios, asi que no es necesario que os recuerde las terribles lecciones que nos da el pasado. Estoy segura de que ninguno de vosotros desea imitar a Ao Pai, que paso a la historia como un villano porque dejo que sus ansias de poder corrompieran su alma. -Mire a Su Shun antes de concluir-. La emperatriz Nuharoo y yo hemos decidido que, mientras vivamos, haremos honor a nuestro compromiso con nuestro marido.
Antes de que la ultima palabra saliera de mi boca, Su Shun se puso en pie. Su tez normalmente olivacea se puso roja encendida y los ojos se le llenaron de una gran ira.
– En un principio no he querido revelar mis conversaciones privadas con el difunto emperador, pero no me dejais mas remedio, dama Yehonala. -Su Shun camino hacia sus hombres y exclamo en voz alta-: El emperador Hsien Feng ya habia visto la maldad de la dama Yehonala cuando vivia. Varias veces me hablo de llevarsela con el. Si ella no se hubiera aprovechado de la enfermedad de su majestad y lo hubiera manipulado para que cambiara de opinion, hoy podriamos hacer nuestro trabajo.
– ?Su majestad debio de haber insistido! -afirmo la banda de los ocho.
Estaba tan furiosa que no podia hablar y a duras penas logre contener las lagrimas.
Su Shun prosiguio, con el pecho tembloroso.
– Uno de los ancianos sabios de China pronostico que China seria destruida por una mujer. Espero que no adelantemos el dia.
Aterrorizado por la expresion del rostro de Su Shun, Tung Chih salto del trono y se abrazo primero a Nuharoo y luego a mi.
– ?Que ocurre? -pregunto Tung Chih cuando noto que me temblaba el brazo-. ?Estas bien?
