Me enviaron la copia de un decreto escrito por Su Shun para el principe Kung en nombre de Tung Chih. El decreto prohibia al principe Kung venir a Jehol y se habia promulgado sin el sello de Nuharoo ni el mio. Aparentemente, se le habia encargado al principe Kung la tarea mas honorable -guardar la capital-, pero lo que se pretendia en realidad era evitar cualquier contacto entre el y nosotras.
Fui a ver a Nuharoo y le sugeri que debiamos mantener la comunicacion con el principe Kung. Habia ciertas decisiones que yo no podia tomar sin antes consultarselas. Nuestras vidas estaban en la cuerda floja, pues ahora Su Shun nos ignoraba abiertamente. Para demostrar mi argumentacion, lei a Nuharoo el segundo articulo del decreto, una orden por la que se trasladaba a varios generales leales a Su Shun de Jehol a Pekin.
– ?No te dice eso lo que Su Shun tiene en mente? -le pregunte.
Nuharoo asintio con la cabeza. Su espia le habia informado de que el principe Kung habia enviado mensajeros a Jehol, pero ninguno de ellos habia llegado hasta nosotras.
Aquella misma manana, mi hermana Rong me trajo nuevos datos. El principe Ch’un habia recibido una orden de la corte dictada por Su Shun: al principe ya no se le permitia viajar libremente desde Jehol a Pekin. Por aquel motivo no estaba en Jehol con su esposa. El principe Ch’un se encontraba bajo la estrecha vigilancia de Su Shun. Nuestra conexion con el principe Kung se habia cortado.
Los espias de An-te-hai en Pekin nos informaron de que el principe Kung trabajaba activamente en el reclutamiento de una fuerza para contrarrestar a la de Su Shun. Tres dias antes, habia organizado una reunion aparentando una ceremonia funebre para el emperador Hsien Feng. Ademas de a los lideres del clan real, el principe Kung habia invitado a importantes comandantes militares como el general Sheng Pao, el guerrero mongol Sen-ko-lin-chin y el general Tseng Kou-fan, que ahora era el virrey de la provincia de Anhwei. El principe Kung habia invitado tambien a los embajadores extranjeros de Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia, Italia y Japon. Robert Hart habia sugerido la idea de la reunion. Durante algun tiempo, Hart habia estado aconsejando al principe Kung sobre temas financieros y ahora ejercia de consejero politico no oficial de Kung.
– Creo que deberiamos esperar -aconsejo Nuharoo-. Deberiamos permitir que la maldad de Su Shun se pusiera en evidencia por si misma. Necesitamos tiempo para demostrar a nuestros ciudadanos que Su Shun no merece nuestro respeto. Por otro lado, no deberiamos olvidar que fue el emperador Hsien Feng quien nombro a Su Shun. La situacion podria volverse en nuestra contra si actuasemos sin el respaldo de la corte.
Intente hacer ver a Nuharoo que su ultimo decreto limitaba severamente las posibilidades de supervivencia del principe Kung. Si el principe Kung ignoraba a Su Shun y venia a Jehol, le acusarian de desobedecer el decreto y le arrestarian en cuanto cruzase la verja, y si se quedaba en Pekin, Su Shun ganaria el tiempo necesario para tener la corte entera en sus manos. No tardaria en encontrar una excusa para procesarnos.
– ?Estas loca, dama Yehonala! -exclamo Nuharoo-. Su Shun no tiene ninguna razon legitima para procesarnos.
– Puede inventar una. Si es capaz de emitir decretos por su cuenta, no dudara cuando llegue la hora en quitarnos de en medio. Luego ira a por el principe Kung.
Nuharoo se puso en pie.
– Debo ir a rezar al ataud de Hsien Feng. Debo contarselo a su majestad para que su espiritu nos ayude desde el cielo.
La guardia nocturna dio tres repiques de tambor: las tres de la madrugada. Aun era noche cerrada. En la cama pensaba en las palabras de Nuharoo. En realidad, Su Shun habia sido elegido por nuestro marido. Hsien Feng habia confiado en el. ?Me equivocaba al dudar de Su Shun? ?Serviria de algo que le expresase mi voluntad de trabajar con el a pesar de nuestras diferencias? Despues de todo, ambos eramos manchues. ?Acaso no intentabamos sostener el mismo cielo?
No conseguia convencerme a mi misma. Nuharoo y yo actuabamos como regentes de Tung Chih nombradas por el emperador Hsien Feng, pero Su Shun nos consideraba meras figuras decorativas. No teniamos ni voz ni voto en los edictos y decretos. Pocos dias antes, incluso se habia negado a revisar un borrador que habiamos autorizado despues de unos pequenos cambios. Las ordenes y peticiones que haciamos por boca de Tung Chih circulaban por los meandros jerarquicos de la corte y volvian sin respuesta, mientras que las palabras de Su Shun eran llevadas inmediatamente a la practica.
Nuharoo me sugirio que hicieramos una ultima oferta para arreglar las cosas con Su Shun y yo acepte. A la manana siguiente, vestidas con nuestras tunicas oficiales, Nuharoo y yo convocamos a Su Shun a una audiencia en nombre del joven emperador. Fuimos hasta el salon donde el ataud de Hsien Feng descansaba detras de un panel. Mientras aguardabamos, Tung Chih se subio encima del ataud y se tumbo boca bajo.
Observe a mi hijo golpear el feretro y contarle entre susurros a su padre que tenia un nuevo amigo, el conejo de los ojos rojos. Luego invito a su padre a salir y verlo: «Yo te abrire la tapa».
– Explicanos por que se ha enviado un decreto al principe Kung sin nuestros sellos -exigio Nuharoo cuando aparecio Su Shun.
Su Shun se quedo de pie con arrogancia, enfundado en su tunica de saten marron larga hasta los pies con franjas doradas en la parte inferior. Llevaba un sombrero decorado con un boton rojo y una vistosa pluma de pavo real, que se quito y sujeto en las manos. Se habia afeitado el craneo y lustrado la trenza. Su barbilla apuntaba al techo mientras nos miraba con los ojos entreabiertos.
– La corte tiene el derecho a emitir documentos de naturaleza urgente sin vuestros sellos.
– Pero eso viola nuestros acuerdos -rebati, intentando controlar mi ira.
– Como regentes de su joven majestad -siguio Nuharoo-, tenemos que plantear una objecion al contenido del ultimo decreto. El principe Kung tiene derecho a venir a Jehol a llorar a su hermano.
– Nos gustaria que el principe Kung pudiera cumplir su deseo -presione yo.
– ?Muy bien! -Su Shun dio una patada en el suelo-. Si deseais mi puesto, es vuestro. ?Me niego a seguir trabajando hasta que valoreis mi bondad!
Hizo una descuidada reverencia y se marcho. El resto de miembros del consejo, a quienes no habiamos invitado, lo recibieron con agrado en el patio.
Los documentos se apilaban; formaban muros en mi habitacion. Todos requerian atencion inmediata. Nuharoo se lamentaba de haber desafiado a Su Shun. Yo intentaba no dejarme dominar por el panico. Revise los documentos como cuando trabajaba para el emperador Hsien Feng. Tenia que demostrar a Su Shun que yo era apta para el trabajo. Necesitaba ganarme el respeto, no solo el de Su Shun, sino el de toda la corte. En cuanto empece a trabajar, me di cuenta de que la empresa me superaba; Su Shun me habia tendido una trampa.
Muchos casos eran imposibles de resolver. En aquellas circunstancias, era una irresponsabilidad emitir un juicio; solo provocaria injusticia y dolor innecesarios. Carecia de la informacion suficiente y evitaban que la recopilara. En un caso, un gobernador regional fue acusado de malversacion y de mas de una docena de homicidios. Necesitaba reunir pruebas y ordenar una investigacion, pero no recibi ningun informe. Semanas mas tarde, descubri que mi orden nunca habia sido cursada.
Llame a Su Shun y le exigi una explicacion. Su Shun nego toda responsabilidad y afirmo que no era asunto suyo. Me remitio al Ministerio de Justicia y, cuando pregunte al ministro, dijo que nunca habia recibido la orden.
Llegaron cartas de todas partes del pais quejandose de la lentitud de la corte. No cabia duda de que Su Shun sembro el rumor de que yo era la unica culpable del retraso. Los rumores se difundieron como una enfermedad contagiosa. No me percate de lo mal que se estaban poniendo las cosas hasta que un dia recibi una carta muy franca del alcalde de una pequena ciudad que cuestionaba mi formacion y credenciales. El hombre jamas se habria atrevido a enviar una carta semejante de no estar respaldado por alguien como Su Shun.
Mientras paseaba por mi habitacion atestada de documentos, An-te-hai volvio de llevar a Tung Chih a visitar a mi hermana. Estaba tan nervioso que tartamudeaba.
– En la ci… ciudad de Jehol corren ru… ru… rumores de una historia de fantasmas. Los aldeanos cre… creen que vos sois la reencarnacion de una malvada concubina que esta aqui para destruir el imperio. Por todas partes se habla de apoyar la accion de Su Shun contra vos.
Al darme cuenta de que ya no podia esperar mas, fui a hablar con Nuharoo.
– Pero ?como debemos actuar? -pregunto Nuharoo.
– Dicta un decreto urgente en nombre de Tung Chih convocando al principe Kung a Jehol -respondi.
– ?Seria valido? -Nuharoo se puso nerviosa-. Suele ser Su Shun quien redacta las ordenes y prepara los
