Shim se lo impedia con la excusa de que era impropio que las viudas reales vieran a un principe de su misma edad durante el periodo de luto.
El principe Kung se arrojo al suelo y suplico a Su Shun que le permitiera ver a su sobrino Tung Chih. Yo sugeri a Nuharoo que fueramos a la sala del ataud. Vestimos a Tung Chih y fuimos alli. Detras del panel de un muro, oimos las voces de Su Shun y del principe Kung. Su Shun insistio en que estaba actuando en nombre del emperador Hsien Feng.
El frustrado principe maldijo:
– El que piensa en si mismo como si tuviera el viento a sus espaldas y la luz de la luna en sus mangas no es mas que una marioneta de madera infestada de acaros.
Me preocupaba el temperamento del principe Kung. Si despertaba las iras de Su Shun, podia acusarlo de interferir en la ejecucion del testamento imperial.
– ?Es mi derecho inalienable, Su Shun!
Su Shun se echo a reir; sabia que estaba en una situacion de ventaja sobre el y se tomo su tiempo.
– No, no es que esteis autorizado a ello, principe Kung. Se trata de la justificacion del mas poderoso. El testamento del emperador Hsien Feng da a la nacion la impresion de que sois una gallina debil que pone huevos de cascara fragil. No se lo que os falta, pero el defecto esta claro.
La corte se rio con Su Shun. Algunos ancianos del clan dieron una patada en el suelo.
– Imaginad el huevo de cascara blanda -prosiguio Su Shun-. Una yema amarilla envuelta en una cascara blanca fina como el papel. ?Oh, esta rezumando! No se puede vender ni guardar. Tenemos que comernoslo como miembros de la familia.
La risa llego hasta el techo.
– Su Shun. -La voz del principe Kung era peligrosamente baja-. No pido demasiado. Os lo ruego por ultima vez; quiero ver a mis cunadas y a mi sobrino.
– No vais a pasar por esa puerta.
Yo notaba que el principe Kung estaba perdiendo la paciencia y lo imagine apartando a Su Shun de un empujon. Cogi a Tung Chih y le susurre al oido:
– El emperador invita a su tio…
Mi hijo repitio lo que yo le decia:
– El emperador invita a su tio el principe Kung a entrar en la sala del ataud imperial. El emperador tambien concede permiso al principe Kung para que presente sus respetos a sus majestades las emperatrices.
Tras oir la voz de Tung Chih, Li Lien-ying, mi joven eunuco, salio corriendo. Se arrojo al suelo entre el principe Kung y Su Shun.
– ?Honorable gran consejero, su majestad el emperador Tung Chih manda llamar al principe Kung!
– ?Algun gran consejero quiere acompanarme al encuentro con sus majestades? -pregunto el principe Kung dirigiendose a Su Shun-. Asi podreis aseguraros de que todo lo que decimos o hacemos es apropiado.
Antes de que Su Shun pudiera responder, el principe Yee debio de pensar que era su oportunidad para hablar y exclamo:
– Proceded, principe Kung, es a vos a quien su majestad ha llamado.
Nos quedamos sin palabras cuando nos vimos con las tunicas blancas. Tung Chih se arrojo a los brazos de su tio, que a su vez se arrodillo y toco el suelo con la frente. Viendolos en el suelo, Nuharoo y yo lloramos con toda libertad.
– Este no ha sido un lugar apacible -le explico por fin Nuharoo-. Nos tememos…
Impedi que siguiera hablando, insinuando que Su Shun y sus hombres estarian escuchando al otro lado. Nuharoo asintio y se recosto en su silla.
– Llama a los monjes -ordene a Li Lien-ying.
Amparados por el canto de los monjes, el principe Kung y yo intercambiamos informacion y discutimos futuros planes. Tramamos un contraataque contra Su Shun mientras Nuharoo salia a entretener a Tung Chih. Me conmociono saber que Su Shun habia sobornado a los militares. Ambos coincidimos en que debia ser eliminado.
Mis dudas eran: si arrestabamos a Su Shun, ?contariamos con el respaldo de la nacion? ?Se aprovecharian los extranjeros del caos subsiguiente y nos invadirian?
El principe Kung confiaba en recibir el apoyo necesario, en especial si podiamos contarle al pueblo la verdad. En cuanto a las potencias occidentales, el estaba en contacto permanente con ellos y les habia hecho saber que queria una sociedad mas libre para el futuro de China, ante lo cual le habian garantizado su apoyo.
Pregunte al principe Kung que pensaba sobre los rebeldes Taiping. Yo creia que podian convertirse facilmente en una seria amenaza si bajabamos la guardia siquiera por un momento. Le conte que, segun los informes de Anhwei, los Taiping se habian unido a los vandalos locales y presionaban con sus fuerzas hacia la provincia de Shantung.
El principe Kung me informo de que los generales Sheng Pao y Tseng Kou-fan ya se estaban encargando del asunto. Yo queria saber el grado de compromiso de los generales. No osaba suponer que todo el mundo se comportaria tal como nosotros esperabamos que lo hiciera. Comprendia el poder del soborno de Su Shun.
– Sheng Pao esta dispuesto -respondio el principe Kung-. Solicito trabajar con las fuerzas mongoles de Senko-lin-chin y yo le di mi permiso. Sen-ko-lin-chin esta ansioso por demostrar su lealtad y restaurar su buen nombre; esta sera su oportunidad. No estoy seguro de los chinos: el general Tseng Kou-fan y el general Chou Tsung-tang ven nuestro conflicto con Su Shun como una querella entre nobles manchues. Creen que es mas prudente quedarse al margen, prefieren esperar hasta que haya un vencedor.
– Desprecio a la gente que se arrima al sol que mas calienta -comento Nuharoo. No me percate de que habia vuelto a entrar en la sala-. ?Su majestad tenia razon al no confiar nunca en los chinos!
– Para Tseng Kou-fan y Chou Tsung-tang, la situacion puede ser mas complicada -opine-. Debemos ser pacientes y comprensivos. Si yo fuera alguno de esos generales, haria exactamente lo que ellos. Al fin y al cabo el poder de Su Shun es innegable y ofenderlo es arriesgar la vida. Estamos pidiendo a la gente que de la espalda a Su Shun, asi que debemos conceder a los generales tiempo para sopesar sus acciones.
El principe Kung estuvo de acuerdo.
– Tseng y Chou estan liderando la lucha contra los Taiping. Aunque no nos hayan expresado su apoyo, tampoco le han prometido nada a Su Shun.
– Entonces esperaremos -anuncio Nuharoo-. No me siento comoda si nuestro poder militar esta en manos de los chinos. Cuando hayamos logrado la paz, los reemplazaremos o al menos los privaremos de los cargos mas altos.
Discrepaba, pero no dije nada. Como manchu, me sentia naturalmente mas segura si los manchues ocupaban la cuspide de la piramide militar. Sin embargo habia pocos hombres con talento entre los principes y los miembros del clan. Despues de doscientos anos en el poder, habiamos entrado en decadencia. Los nobles manchues se pasaban el tiempo sonando con pasadas glorias. Lo unico que sabian realmente era que disfrutaban del prestigio. Por suerte, los chinos siempre se habian conformado. Ellos honraban a nuestros antepasados y nos concedian sus bendiciones. La pregunta era ?hasta cuando?
– Me voy esta noche -aviso el principe Kung-, aunque le he dicho a Su Shun que me quedaria hasta manana.
– ?Quien nos protegera cuando traslademos el ataud desde Jehol a Pekin? -pregunto Nuharoo.
Bajando la voz, el principe Kung dijo:
– Yo lo controlare todo; nuestro trabajo es actuar con la mayor normalidad posible. No os preocupeis, el principe Ch’un estara por los alrededores.
El principe Kung nos advirtio de que esperasemos las iras de Su Shun. Queria que nos preparasemos para recibir un documento presentado por un inspector provincial de justicia llamado Tung Yen-ts’un. En el se hacian publicos los defectos de Su Shun y nos calificaba a Nuharoo y a mi como «la opcion del pueblo». El principe Kung queria que fueramos conscientes de que cuando Su Shun tuviera en sus manos el documento de Tung, ya lo habrian visto hombres de Estado de todo el pais. El principe Kung no revelo mas detalles. Me atreveria a decir que temia que Nuharoo fuera incapaz de mantener la boca cerrada si Su Shun le preguntaba. Y asi, nos separamos.
