edictos.
– Con nuestros dos sellos es valido.
– ?Como haras llegar el decreto al principe Kung?
– Debemos pensar el modo.
– Con los perros guardianes de Su Shun por todas partes, nadie puede salir de Jehol.
– Debemos elegir a una persona en quien podamos confiar la mision -dije-, alguien que este dispuesto a morir por nosotras.
An-te-hai solicito ese honor. A cambio quiso que le prometiera que le dejaria servirme durante el resto de mi vida, de lo cual le di mi palabra. Le explique que si Su Shun lo atrapaba, esperaba que se tragara el decreto e hiciera todo lo posible para no confesar.
Con Nuharoo a mi lado, trabaje en los detalles del plan de huida de An-te-hai. Mi primer paso fue que An-te- hai propagara un rumor entre el circulo de Su Shun. Captamos a un hombre llamado Liu Jen-shou, con fama de chismoso. Divulgamos la historia de que habiamos perdido el sello mas poderoso de todos, el sello de Hsien Feng, que escondimos cuidadosamente. Dimos la impresion de que habiamos ocultado la verdad porque sabiamos que la pena por perder el sello era la muerte. Barajabamos tres posibilidades sobre el paradero del sello. Una, que lo habiamos perdido en el trayecto de Pekin a Jehol; dos, que lo habiamos extraviado en algun lugar del palacio de la Gran Pureza en la Ciudad Prohibida; y tres, que lo habiamos olvidado en mis joyeros de Yuan Ming Yuan y probablemente lo habian robado los barbaros.
Nuestro rumor tambien propagaba que, antes de morir, el emperador Hsien Feng supo que el sello se habia perdido y habia sido demasiado blando de corazon para castigarnos. Con el fin de protegernos, su majestad no habia mencionado la desaparicion a Su Shun.
Como esperabamos, Liu Jen-shou tardo poco en transmitir el rumor hasta los mismisimos oidos de Su Shun, quien creyo la historia, pues nadie habia visto el preciado sello desde que salimos de Pekin.
Su Shun no espero para hacer su jugada. Solicito de inmediato una audiencia con nosotras a la que asistio toda la corte. Declaro que acababa de terminar un borrador de un nuevo decreto dirigido a la nacion sobre el traslado del feretro y necesitaba usar el sello de Hsien Feng.
Simulando nerviosismo, saque mi panuelo y me seque la frente.
– Nuestros sellos dobles son tan buenos como el de Hsien Feng -susurre en voz baja.
Su Shun estaba claramente encantado. Las lineas de su rostro danzaban y le sobresalian las venas de excitacion.
– ?Donde esta el sello de Hsien Feng? -exigio.
Con la excusa de que me sentia indispuesta, Nuharoo y yo pedimos que concluyese la audiencia. Pero Su Shun siguio presionando. Me acoso hasta que confese que An-te-hai habia perdido el sello.
An-te-hai fue arrestado por los guardias mientras gritaba solicitando perdon. Se lo llevaron para castigarlo: cien latigazos, sin posibilidad de redencion si moria durante el castigo.
Temi que An-te-hai no pudiera soportar el sufrimiento, pero por suerte, el eunuco tenia intenciones de vivir; tenia verdaderos amigos en todas partes. Mas tarde, cuando fue devuelto por los guardias de Su Shun, tenia la tunica hecha jirones y tenida de sangre.
Yo era muy consciente de que Su Shun me observaba, asi que no solo simule que no me importaba sino que exclame con voz fria:
– El eunuco lo merecia.
Vertieron agua sobre el rostro de An-te-hai y volvio en si. Delante de la corte, Nuharoo y yo ordenamos que An-te-hai fuera arrojado a las mazmorras imperiales de Pekin.
A Su Shun no le hacia ninguna gracia dejar a An-te-hai fuera de su vista, pero Nuharoo y yo insistimos en que debiamos desembarazarnos de aquella criatura ingrata. Cuando Su Shun protesto, argumentamos que teniamos el derecho a castigar a un eunuco de nuestra propia casa sin restriccion alguna. Volvimos al salon, nos acercamos al feretro de Hsien Feng y lloramos ostentosamente.
Presionado por los ancianos del clan para que nos dejara en paz, Su Shun transigio, pero insistio en que sus hombres escoltarian a An-te-hai hasta Pekin. Nosotras estuvimos de acuerdo y An-te-hai salio para Pekin. Oculto en los zapatos de An-te-hai, estaba el decreto que yo habia escrito.
En Pekin los hombres de Su Shun entregaron a An-te-hai al ministro de Justicia Imperial, Pao Yun, junto con un mensaje secreto de Su Shun -de esto me entere mas tarde- que ordenaba que An-te-hai fuera azotado hasta la muerte. Ignorante de la situacion, Pao Yun se disponia a cumplir la orden de Su Shun, pero antes de que los latigos restallaran en el aire, An-te-hai pidio quedarse un momento a solas con el ministro.
An-te-hai saco el decreto de su escondrijo. Pao Yun se quedo atonito. Sin mas demora, aviso al principe Kung. Despues de leer mi decreto, el principe Kung reunio a sus consejeros. Escucharon el informe de An-te-hai sobre la situacion en Jehol y debatieron una linea de accion durante toda la noche. La conclusion fue unanime: derrocar a Su Shun.
El principe Kung comprendio que si vacilaba en ayudarnos a Nuharoo y a mi, el poder podia caer rapidamente en manos de Su Shun. Y aquella perdida seria irreparable, pues el y el principe Ch’un habian sido excluidos del testamento del emperador Hsien Feng.
El primer paso del principe Kung fue elegir a alguien para presentar su idea a la corte de la manera mas legal y logica. Kung se dirigio al jefe de Personal Imperial y le pidio que presentara una propuesta sugiriendo que Nuharoo y yo fueramos nombradas regentes ejecutivas -autenticas regentes esta vez- de Tung Chih, sustituyendo a Su Shun, y que nosotras dirigieramos la corte junto con el principe Kung.
Acabada la propuesta, un fiel funcionario local fue el elegido para presentarla. Se trataba de dar la impresion de que la idea procedia de las bases, lo que haria dificil que Su Shun la rechazara sin revisarla. Al usar este metodo, la proposicion tambien circularia y seria revisada por todos los gobernadores de China antes de que llegara a su destino final, el despacho de Su Shun.
El 25 de septiembre, envuelto de la cabeza a los pies en una tunica de luto de algodon blanco, el principe Kung llego a Jehol. Se dirigio directamente a la sala del ataud, donde los guardias le impidieron la entrada y le dijeron que esperara la llegada de Su Shun. Cuando Su Shun aparecio -segun me informaron mas tarde-, lo hizo con el Consejo de Regentes a su espalda, la banda de los ocho.
Antes de que el principe Kung pudiera abrir la boca, Su Shun ordeno su arresto, acusado de desobedecer el decreto.
– Estoy aqui porque se me ha convocado mediante un nuevo decreto -explico con calma el principe Kung.
– ?De veras? Entonces presentadlo -sonrio Su Shun con desden.
La banda se echo a reir.
– ?Sin que lo hayamos escrito nosotros no puede ser un decreto! -exclamo uno de ellos.
El principe Kung saco de su bolsillo interior el decreto que An-te-hai le habia entregado. El pequeno rollo de seda amarilla con el sello de Nuharoo y el mio desconcerto a Su Shun y a sus hombres. Todos debian plantearse en silencio una unica pregunta: ?como ha salido esto de aqui?
Sin mas palabras, el principe Kung hizo a un lado a la banda y entro. Al ver el feretro, el principe perdio la compostura. Golpeo con la cabeza en el suelo y lloro como un nino. Nadie habia visto a alguien tan desconsolado ante el emperador muerto. Kung gemia y se quejaba de que no podia comprender por que Hsien Feng no le habia dado la oportunidad de despedirse de el.
Se le caian las lagrimas y los mocos. Debio de desear que su hermano hubiera comprendido el error que habia cometido. El principe Kung sabia lo que Nuharoo y yo ignorabamos: que Su Shun ya habia fracasado en su primer intento de derrocar a Tung Chih el dia de su ascension. El gran consejero habia enviado a Chiao Yu-yin, un miembro de la banda de los ocho, a pedir el apoyo militar del general Sheng Pao y el general Tseng Kou-fan. Cuando Chiao revelo accidentalmente la informacion, Su Shun lo nego todo y cancelo en secreto la conspiracion.
Me empolve las mejillas y luego me puse un vestido de luto. Note que Nuharoo tenia la cara hinchada. Su piel normalmente lustrosa, tenia un color apagado, blanco y mortecino. Las lagrimas habian trazado dos arrugas onduladas bajo sus ojos.
Estabamos preparadas para encontrarnos con el principe Kung, pero nos enteramos de que el eunuco jefe
