An-te-hai coloco la bandeja con el pez en un palanquin como si fuera una persona. Ya en el lago, libere al pez y este volvio al agua de un salto.

Con el fin de asegurar el futuro de mi hijo y aumentar las bendiciones de todos los dioses, An-te-hai trajo diez jaulas de pajaros preciosos para que los liberara. Ofreci la libertad de los pajaros en nombre de Tung Chih.

Al volver a mi palacio, me aguardaban buenas noticias: Rong y el principe Ch’un estaban comprometidos y mi madre, emocionada.

Segun el emperador Hsien Feng, su hermano tenia poco talento y poca ambicion. Cuando se presento ante Rong, el principe Ch’un se habia descrito a si mismo como un «seguidor de las ensenanzas de Confucio», lo que significaba que llevaba la vida de una mente libre. Aunque disfrutaba de los beneficios que le otorgaba su condicion regia, creia que «demasiada agua hace derramar la taza» y «demasiado ornamento hace que un tocado parezca barato».

Ninguno de nosotros nos percatamos de que la retorica del principe Ch’un era un paraguas bajo el que escondia sus defectos. Pronto descubri que la «modestia» y el «autoimpuesto exilio espiritual» eran fruto de su pereza.

Volvi a advertir a Rong de que no se hiciera demasiadas ilusiones sobre su matrimonio imperial.

– Mirame -le ordene-. La salud de su majestad ha empeorado de manera irreversible y me estoy preparando para convertirme en una viuda del emperador.

Yo no era la unica que se preocupaba por la salud del emperador; Nuharoo compartia el mismo sentimiento. En su ultima visita, conseguimos llegar a terminos amistosos por primera vez; el miedo a perder a Hsien Feng nos unia. Ella empezaba a aceptar el hecho de que me habia convertido en su igual. Su sentido de la superioridad se habia ablandado y empezaba a usar «te importaria» en lugar de «asi es como piensa la emperatriz». Ambas habiamos aprendido de la historia lo que podia ocurrir a las esposas y concubinas de un emperador despues de su muerte. Ambas nos percatabamos de que solo podiamos contar la una con la otra.

Tenia mis razones para querer a Nuharoo como aliada. Notaba que el destino de mi hijo pronto estaria en las manos de ministros de la corte tan ambiciosos como el gran consejero Su Shun, que parecia gozar de la absoluta confianza del emperador. De todos era conocido que incluso el principe Kung temia a Su Shun.

Su Shun habia estado dirigiendo los asuntos de Estado y concediendo audiencias en nombre de Hsien Feng durante la enfermedad de su majestad. Y cada vez actuaba con mayor independencia. El poder de Su Shun me preocupaba, pues lo consideraba un astuto manipulador. Cuando visitaba al emperador Hsien Feng, rara vez repasaban asuntos de Estado. Con la excusa de velar por la salud de su majestad, aislo a Hsien Feng y fortalecio su propia posicion. Segun el principe Ch’un, Su Shun habia cimentado a conciencia su plataforma politica durante anos a traves del apoyo de amigos y colegas que ocupaban cargos importantes.

Convenci a Nuharoo de que debiamos insistir en que enviaran los documentos importantes al emperador Hsien Feng. Tal vez su majestad estuviera demasiado enfermo como para revisar los documentos, pero nosotras podiamos ayudarle a estar informado. Al menos no permaneceriamos en la oscuridad y nos asegurariamos de que Su Shun no abusaba de su poder; sin embargo, Nuharoo no queria tomarse la molestia.

– Una dama sensata deberia pasarse la vida apreciando la belleza de la naturaleza, preservando su elemento yin y persiguiendo la longevidad.

Pero mi instinto me decia que si nos negabamos a participar del gobierno, nos arriesgabamos a perder el control.

Nuharoo me dio la razon, pero no compartia por entero mi plan. Aquella misma noche hable con su majestad y al dia siguiente dicto un decreto: todos los documentos debian ser enviados primero a la oficina del emperador Hsien Feng.

No me sorprendio que Su Shun, con la excusa de la salud del emperador, ignorase el decreto y ordenase a los mensajeros que transportaban los documentos que «siguieran la ruta original». Eso hizo aumentar mis sospechas y mi desconfianza.

– Me veo a mi misma envejeciendo debido a tu lucha por el control de las ambiciones de Su Shun -se quejo Nuharoo y me pidio que le ahorrara las molestias-. Haz lo que quieras con Su Shun mientras respetes el hecho de que «el sol sale por el este y se pone por el oeste» -dijo refiriendose a nuestros titulos.

Me sorprendia que Nuharoo pensara que aquello era importante. Le di mi palabra e inmediatamente se relajo.

– ?Por que no te ocupas tu y me pones al corriente de vez en cuando? -me pidio-. Odio sentarme en la misma habitacion que hombres a quienes les apesta el aliento.

Al principio sospeche que Nuharoo estaba poniendo a prueba mi lealtad, pero con el tiempo me demostro que le estaba haciendo un favor. Era ese tipo de mujer que perderia el sueno por la mas minima imperfeccion en su bordado, pero no por la perdida de una clausula importante en un tratado.

La luz del sol recortaba el hermoso y gracil contorno de los hombros de Nuharoo. Nunca olvidaba acicalarse ante una posible aparicion del emperador. Su maquillaje debia de llevarle un dia entero; utilizaba una pasta negra hecha de petalos de flores perfumadas para acentuar sus pestanas, y sus ojos parecian dos pozos profundos. Se pintaba los labios cada dia de un color diferente: aquel dia, de un toque bermellon; el dia anterior habia sido rosa y el anterior, purpura. Sin duda ella esperaba que le hiciera cumplidos y habia aprendido lo importante que era para nuestra relacion que yo la halagara.

– Detesto verte envejecer, Yehonala. -Nuharoo levanto los dedos con unas unas de cinco centimetros de largo pintadas de oro, plata y delicados detalles de la naturaleza-. Sigue mi consejo y haz que tu cocinero te prepare sopa tang kuei cada dia y que le ponga gusanos de seda secos y datiles negros; el sabor es asqueroso, pero te acostumbraras.

– Tenemos que hablar de Su Shun y su gabinete, Nuharoo -le inste-. Me ponen nerviosa las cosas que ignoro.

– ?Oh!, nunca lo sabras todo; es un lio centenario. -Me tapo los ojos con las «espuelas» de sus dedos-. Enviare a mi manicura a tu palacio, si no sabes hacerte tu misma las unas.

– No estoy acostumbrada a las unas largas; se rompen enseguida.

– ?Acaso no soy la jefa de la casa imperial? -me reprendio frunciendo el ceno.

Selle mis labios, recordandome a mi misma la importancia de mantener la armonia entre ambas.

– Las unas largas son simbolos de nobleza, dama Yehonala.

Asenti, aunque mi mente volvia a pensar en Su Shun. Nuharoo recupero su sonrisa.

– Al igual que una dama china que se venda los pies, que no vive para trabajar sino para ser transportada en palanquines, cuanto mas largas son nuestras unas, mas nos apartamos de lo ordinario. Por favor, deja de jactarte de trabajar en el jardin con tus manos; no solo te pones tu en evidencia, sino tambien a toda la familia imperial.

Yo segui asintiendo, simulando agradecer su consejo.

– Evita la mandarina. -Se acerco tanto a mi que pude oler el jazmin de su aliento-. Si tomas demasiados elementos calientes, te saldran granos. Hare que mi eunuco te envie un cuenco de sopa de tortuga para que te quite el fuego de tu interior. ?Me haras el honor de aceptarla?

Estaba segura de que Nuharoo creia haber conseguido su objetivo cuando el emperador dejo de frecuentar mi lecho y ahora tenia mejores motivos para sentirse a salvo conmigo: Hsien Feng nunca iba a levantarse y volver a entrar en mi alcoba.

– Entonces te dejare a ti los dolores de cabeza -anuncio sonriendo y poniendose en pie.

Para tranquilizarla aun mas, le comunique que no tenia experiencia en tratar con la corte ni contacto alguno.

– Eso es algo en lo que estoy segura de poder ayudarte -se alegro Nuharoo-. Se acerca mi cumpleanos y he ordenado que se celebre un banquete. Quiero que invites a quienquiera que te resulte util. No te preocupes, la gente se muere por establecer contactos con nosotros.

– ?En quien podemos confiar ademas del principe Kung?

Lo medito un momento y luego respondio:

– ?Que te parece Yung Lu?

– ?Yung Lu?

– El comandante en jefe de la Guardia Imperial; trabaja bajo las ordenes de Su Shun y es un hombre muy competente. Fui a una reunion familiar para la fiesta del pastel de arroz y su nombre estaba en boca de

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