– Que…
– ?Hijo de puta! -grito Dallie, sacudiendo el puno al aire-. ?Voy a matarlo! Cuando consiga ponerle las manos encima, va a lamentar el dia que nacio. Me lo tenia que haber imaginado… que este cabron haria algo parecido.
– No entiendo -dijo Francesca-. ?Que hace? ?Por que nos deja aqui?
– ?Porque no puede seguir soportando oirte discutir mas, por eso!
– ?A mi!
Hubo una corta pausa antes de que el la agarrara del brazo.
– Venga, vamonos.
– ?A donde?
– A mi casa. Esta cerca, a un kilometro mas o menos.
– Que conveniente -dijo ella secamente-. ?Estas seguro que no habeis planeado esto juntos?
– Creelo -gruno, comenzando a andar otra vez-. Lo que menos me apetece en este mundo es estar en esa casa contigo. Ni siquiera hay telefono.
– Considera la parte positiva -contesto sacasticamente-. Con esas reglas de Goody que has impuesto, no podemos discutir dentro de la casa.
– Si, bien, y mas te vale que te atengas a esas reglas si no quieres ver tu lindo trasero pasando la noche en el porche delantero.
– ?Pasar la noche?
– No creeras que va a venir a buscarnos antes de manana, verdad?
– Estas de broma.
– ?Te parece que bromeo?
Caminaron juntos, y solamente para fastidiarlo, ella comenzo a tararear el Pitilin Nelson 'Sobre El Camino Otra vez'.
El paro y la miro airadamente.
– Ah, no seas tan subceptible -le regano ella-. Tienes que admitir que cuando menos es ironicamente divertido.
– ?Divertido! -otra vez cerro sus manos de golpe abajo sobre sus caderas-. Me gustaria saber que es tan condenadamente divertido. Tienes que ser consciente de lo que puede ocurrir entre nosotros en esa casa esta noche.
Un camion paso a su lado, sacudiendo el pelo de Francesca contra su mejilla. Ella sintio su pulso saltando en su garganta.
– No se que quieres decir -contesto ella con altaneria.
El le dirigio una mirada desdenosa, diciendole sin palabras que pensaba que ella era la hipocrita mas grande del mundo. Ella lo miro airadamente y luego decidio que la mejor defensa era un buen ataque.
– Incluso si tuvieras razon, que no la tienes, no tienes que comportarte como si fueras a ir a una operacion a corazon abierto.
– Posiblemente eso sea mucho menos doloroso.
Por fin una de sus pullas dio en el blanco, y fue ella ahora quien dejo de andar.
– ?Realmente piensas eso? -pregunto realmente dolida.
El metio una mano en el bolsillo de su corta-vientos y dio patadas a una piedra con su pie.
– Desde luego que lo pienso.
– No te creo.
– Pues creelo.
Su cara debia parecer tan desolada, porque su expresion se ablando y dio un paso hacia ella.
– ?Ah! Francie…
Antes de que cualquiera de ellos supiera lo que sucedia, ella estaba en sus brazos y el con lentitud bajaba su boca a la suya. El beso comenzo suave y dulce, pero estaban tan hambrientos el uno del otro que eso cambio casi inmediatamente.
Sus dedos se movian por su pelo, peinandolo atras de sus sienes para coger la cara en sus manos. Ella envolvio sus brazos alrededor de su cuello y, de puntillas, separo los labios para dar la bienvenida a su lengua.
El beso los sacudio. Se parecia a un gran tifon que arrastraba todas sus diferencias con su fuerza. Una de sus manos bajo a sus caderas, levantandola del suelo. Sus labios se movian de la boca al cuello y de nuevo a su boca.
Su mano encontro la piel desnuda donde su chaqueta y sueter se habian elevado encima de sus pantalones, y la acaricio hacia arriba a lo largo de su columna. En pocos segundos, estaban acalorados y sudorosos, maduros, listos para comerse el uno al otro por completo.
Un coche paso a su lado, tocando el claxon, y silbando por la ventana. Francesca quito los brazos de su cuello.
– Para -gimio-. No podemos… Ah, Dios…
El la bajo despacio al suelo. La piel le ardia.
Despacio, Dallie retiro su mano de debajo de su sueter y la dejo ir.
– La cosa es -dijo el, su voz ligeramente sin aliento-. Cuando este tipo de cosas pasa entre la gente, esta clase de quimica sexual, pierden el sentido comun.
– ?Este tipo de cosas te pasa a menudo? -dijo ella, de repente tan nerviosa como un pavo viendo panderetas.
– La ultima vez fue cuando tenia diecisiete anos, y me prometi que aprenderia una leccion de ello. Maldita sea, Francie, tengo treinta y siete anos, y tu cuantos, ?treinta?
– Treinta y uno.
– Somos bastante mayores para esto, pero aqui estamos, actuando como un par de adolescentes calientes - sacudio su cabeza rubia con repugnancia-. Sera un milagro si no terminas con un estupido chupeton en el cuello.
– No me culpes a mi -replico ella-. Llevo tanto tiempo sin catarlo que hasta tu ahora me pareces bueno.
– Pense que tu y el Principe Stefan…
– Lo haremos. Solo que aun no ha llegado el momento.
– Estando asi seguramente no puedas postergarlo mas.
Comenzaron a andar otra vez. Poco despues, Dallie tomo su mano y le dio un apreton apacible. Su gesto deberia haber sido amistoso y consolador, pero esto envio hilos de calor viajando por el brazo de Francesca. Decidio que el mejor modo de disipar la electricidad entre ellos era usar la voz fria de la logica.
– Todo ya es tan complicado para nosotros. Esta atraccion sexual va a hacerlo todavia mas imposible.
– Hace diez anos podias besar de primera, carino, pero desde entonces te has movido en las grandes ligas.
– No hago esto con todos -contesto ella con irritacion.
– No te ofendas, Francie, pero recuerdo que cuando hace diez anos comenzamos a acostarnos, tu tenias muchas carencias…y eso que aprendias realmente rapido. ?Me dices por que tengo la sensacion que has practicado mucho desde entonces?
– ?No es cierto! Soy terrible con el sexo. Esto… estropea mi pelo.
El rio entre dientes.
– No me parece que te preocupes demasiado por tu peinado ahora, aunque lo llevas precioso, ni de tu maquillaje, tambien, a proposito.
– Ah, Dios – gimio-. Tal vez deberiamos fingir que nada de esto ha pasado, y dejar las cosas como estaban.
El metio su mano, con la suya, en el bolsillo de su anorak.
– Carino, tu y yo hemos estado rondandonos desde que nos hemos vuelto a encontrar, oliendonos y grunendo como un par de perros en celo. Si no dejamos a las cosas que tomen su curso natural pronto, vamos a terminar totalmente chiflados -hizo una pausa un momento-. O ciegos.
En vez de discrepar con el, como deberia hacer, Francesca se encontro diciendo:
– Suponiendo que decidamos seguir adelante con esto, ?cuanto tiempo crees que nos llevara terminar con
