ello?

– No lo se. Somos completamente diferentes. Mi opinion es que si lo hacemos dos o tres veces, el misterio se ira, y pondremos punto y final.

?El tenia razon? Ella se pregunto. Desde luego el tenia razon. Esta clase de quimica sexual era como una llamarada… era poderosa y rapida, pero no duraba demasiado.

Una vez mas hacia un problema demasiado grande del sexo. Dallie actuaba con completa normalidad y ella lo haria tambien. Era una oportunidad perfecta de sacarlo de su sangre sin perder la dignidad.

Caminaron el resto del camino hacia la finca en silencio. Cuando entraron, el realizo todos los rituales del perfecto anfitrion colgando sus chaquetas, ajustando el termostato para que la casa fuera comoda, llenando unos vasos de vino de una botella que habia traido de la cocina. El silencio entre ellos habia comenzado a ser opresivo, y ella se refugio en el sarcasmo.

– Si esa botella tiene tapon de rosca, no creo que me guste.

– He sacado el corcho con mis propios dientes.

Ella reprimio una sonrisa y se sento sobre el canape, solo para descubrir que estaba demasiado nerviosa para quedarse quieta. Se levanto.

– Voy a usar el cuarto de bano. Y, Dallie… no he… no he traido ninguna proteccion. Se que es mi cuerpo, y me siento responsable de el, pero no he planeado acabar en tu cama, todavia no he decidido si lo hare, pero si lo hago, si lo hacemos…si tu no has traido nada tampoco, sera mejor que me lo digas ahora mismo.

El sonrio.

– Tomare precauciones.

– Sera lo mejor -le miro poniendo su ceno mas feroz, porque todo se movia demasiado rapido para ella. Sabia que se preparaba a hacer algo que luego lamentaria, pero no parecia tener la voluntad para pararse. Era porque habia estado celibe durante un ano, razono. Esta era la unica explicacion.

Cuando volvio del cuarto de bano, el estaba sentado en el sofa, con una bota atravesando su rodilla, bebiendo un vaso de jugo de tomate. Ella se sento en el lado opuesto del canape, no apoyada contra el brazo, precisamente, pero tampoco demasiado cerca de el.

El la observo con interes.

– Santo Dios, Francie, relajate un poquito. Comienzas a ponerme nervioso.

– No te creo -replico-. Estan tan inquieto como yo. Solo que tu lo ocultas mejor.

El no lo nego.

– ?Quieres que tomemos una ducha juntos para calentarnos?

Nego con la cabeza.

– No quiero quitarme la ropa.

– Eso va a ser bastante dificil.

– Creo que no. Unicamente me quitare la ropa, si es que decido desnudarme, cuando considere que estoy tan caliente que ya no lo soporte.

Dallie sonrio abiertamente.

– ?Sabes una cosa, Francie? Me estoy divirtiendo mucho estando aqui sentado hablando contigo. Casi lamento comenzar a besarte.

Entonces ella comenzo a besarlo a el, porque simplemente ya no podia aguantarse mas.

Ese beso era aun mejor que el de la carretera. Su esgrima verbal les habia puesto a ambos al limite y habia una brusquedad en sus caricias que parecieron exactamente apropiadas para un encuentro que ambos sabian que era una insensatez.

Cuando sus bocas se juntaron y sus lenguas se tocaron, Francesca otra vez tuvo la sensacion que el resto del mundo habia ido a la deriva.

Ella metio las manos bajo su camisa. En cuestion de segundos, su sueter era sacado y los botones de su blusa de seda abierta. Su ropa interior era hermosa… dos copas de seda color marfil cubrian sus senos.

El retiro con reverencia una de ellas para encontrar el pezon y chuparlo.

Cuando no pudo soportarlo mas, ella tiro de su cabeza y comenzo un ataque implacable sobre su labio inferior, perfilando la curva con su lengua, con cuidado mordiendole con sus dientes. Finalmente ella resbalo sus dedos a lo largo de su espina dorsal y los metio dentro de la cinturilla de sus vaqueros.

El gimio y la dejo de pie, quitandole la ropa apresuradamente, primero los pantalones y luego los zapatos y los calcetines.

– Quiero verte -dijo el con voz ronca, liberando la blusa de seda de sus hombros. La tela parecia una caricia cuando se deslizo hacia abajo sobre sus brazos.

Dallie recobro el aliento.

– ?Toda tu ropa interior se parece a esta, como sacada de una fantasia de lujo?

– Cada bit de ella -se elevo de puntillas para darle un mordisco en su oreja. Sus dedos juguetearon con las dos pequenas cuerdas sobre su cadera que sostenia el diminuto triangulo de seda en su lugar, dejando la curva de su muslo desnudo. La carne de gallina se deslizo sobre su piel.

– Llevame arriba -susurro.

El paso su brazo bajo sus rodillas, la levanto, y la sostuvo cerca de su pecho.

– Pesas menos que una bolsa llena de palos, carino.

Su dormitorio era grande y comodo, con una chimenea al fondo y una cama metida bajo un techo inclinado. El la puso con cuidado encima de la colcha y luego alcanzo hacia los delicados lazos en sus caderas.

– No, no -le aparto la mano y senalo hacia el centro del cuarto-. Actua tu primero, soldado.

El la miro con desconfianza.

– ?Que actue?

– Tu ropa. Entreten a la tropa.

– ?Mi ropa? -fruncio el ceno-. Pensaba que tal vez querrias hacerlo tu por mi.

Ella nego con la cabeza y se apoyo atras en un codo, dedicandole una sonrisa maliciosa.

– Empieza.

– Esto, escucha, Francie…

Levantando una languida mano, senalo otra vez hacia el centro del cuarto.

– Hazlo muy despacio, guapo -ronroneo-. Quiero disfrutar cada minuto.

– ?Ah!, Francie… -miro con ansia hacia las copas identicas de su sujetador y luego hacia el pequeno triangulo de seda. Ella abrio ligeramente sus piernas para inspirarlo.

– No creo que sea un espectaculo muy interesante ver desnudarme -se quejo mientras se colocaba en el centro de la habitacion.

Ella paso los dedos con delicadeza sobre el triangulo de la seda.

– Eso no me parece muy adecuado. Por lo que a mi respecta, los hombres como tu fueron puestos en este mundo para entretener a mujeres como yo.

Sus ojos siguieron sus dedos.

– ?Ah, si?

Ella jugo con la pequena cuerda.

– Fuerza fisica, ningun cerebro, ?que mas sabes hacer bien?

Levantando su mirada fija, el le lanzo una sonrisa burlona perezosa y despacio comenzo a desabotonar sus punos.

– Bien, ahora, creo que estas a punto de averiguarlo.

Francesca sintio una oleada de flujo de calor por su sangre. El acto simple de desatar un puno de camisa de repente la golpeo como la cosa mas erotica que alguna vez hubiera visto. Dallie debio notar que su respiracion se aceleraba, porque una sonrisa parpadeaba en la esquina de su boca y luego desaparecio cuando comenzo a mirarla en serio.

Se tomo su tiempo para desabrochar el resto de los botones de la camisa y luego dejarla colgar abierta por un momento antes de quitarsela y echarla lejos. Separo los labios suavemente. Ella admiro sus musculos cuando se agacho para quitarse las botas y los calcetines.

Vestido solo con unos vaqueros y un ancho cinturon de cuero, se enderezo y metio un pulgar en la presilla del pantalon.

– Quitate el sujetador -dijo-. No me quito nada mas hasta que no vea algo bueno.

Вы читаете Pantalones De Lujo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату