mientras salia del cuarto de bano abotonandose la camisa. Parecia un hombre que habia estado cociendose en su propia ira en los ultimos minutos. Y era evidente que su colera habia dado paso a una indignacion de gran calibre-. ?Ya habeis decidido que vais a hacer conmigo?
– Francie dice que no puedo tenerte -contesto Holly Grace.
Alarmada, Francesca chillo.
– Holly Grace, eso no es lo que yo…
– Ah, ?si? -Dallie metio su camiseta por dentro de sus vaqueros-. Maldita sea, odio a las mujeres.
Senalo con el dedo a Francesca con ira.
– Simplemente porque producimos fuegos artificiales anoche no significa que puedas tomar decisiones personales por mi.
Francesca se sentia ultrajada.
– No he hecho nada de eso…
Fulmino con la mirada a Holly Grace.
– Y si tu quieres tener un bebe, mas vale que mires dentro de otros pantalones, porque maldita sea, yo no soy un banco de semen.
Francesca sintio una colera hacia el porque no entendia la situacion. ?Pero no podia ver que Holly Grace estaba sufriendo de verdad y que no pensaba claramente?
– ?No crees que estas siendo un poco insensible? -pregunto.
– ?Insensible? -Su cara se puso palida por la colera. Las manos apretadas en punos, con aspecto de querer destruir algo.
Cuando el camino hacia ellas, Francesca se encogio instintivamente dentro de las sabanas, y hasta Holly Grace parecio retroceder.
Su mano se metio dentro de la cama. Francesca solto un pequeno silbido de alarma solo para ver que el habia agarrado el bolso de Holly Grace del lugar donde ella lo habia tirado. Lo abrio, vertio el contenido y cogio rapidamente las llaves del coche.
Su voz sono triste.
– Por lo que a mi respecta, las dos podeis iros al infierno.
Y diciendo esto salio del cuarto.
Mientras Francesca oia el sonido distante del coche alejandose, sentia una punalada de pena por la perdida de una casa donde nunca se habian dicho palabras enfadadas.
Capitulo 30
Seis semanas mas tarde, Teddy salia del ascensor y caminaba por el pasillo hasta el apartamento, arrastrando su mochila todo el camino. Odiaba la escuela. Toda su vida le habia gustado, pero ahora la odiaba.
Hoy la senorita Pearson habia dicho en clase que tendrian que hacer un trabajo de ciencias sociales para finales de curso, y Teddy sabia que el probablemente lo suspenderia. La senorita Pearson le tenia mania. Le habia amenazado con echarle de la clase si su actitud no mejoraba.
Justamente eso… pero es que despues de volver de Wynette, nada parecia divertirle. Se sentia confuso todo el tiempo, como si hubiera un monstruo oculto en su armario listo para saltar sobre el. Y ahora tambien podian expulsarle de su clase.
Teddy sabia que de alguna manera tenia que idear realmente un gran trabajo de ciencias sociales, sobre todo despues del desastre del trabajo de los bichos para ciencias naturales que habia presentado.
Tenia que ser mucho mejor que el del tonto de Milton Grossman que iba a escribir al alcalde Ed Koch para preguntarle si podria pasar parte de una tarde con el. A la senorita Pearson le habia encantado la idea. Dijo que la iniciativa de Milton deberia ser una inspiracion para toda la clase. Teddy no veia como alguien que habia escogido su nariz y olia como bolas de naftalina podia ser una inspiracion.
Cuando entro por la puerta, Consuelo salia de la cocina.
– Ha venido un paquete para ti hoy. Esta en tu habitacion.
– ?Un paquete? -Teddy se fue quitando la chaqueta mientras iba por el pasillo.
La Navidad ya habia pasado, su cumpleanos no era hasta julio, y para el Dia de San Valentin quedaban todavia dos semanas. ?Quien le habia mandado un paquete?
Cuando entro en su dormitorio, descubrio una enorme caja de carton con el remite de Wynette, Texas, en el centro de la habitacion. Dejo caer su chaqueta, empujo sus gafas sobre el puente de su nariz, y se mordio la una del pulgar.
Una parte de el queria que la caja fuera de Dallie, pero la otra parte de el hasta odiaba pensar en Dallie. Siempre que lo hacia, parecia que el monstruo del armario estaba de pie directamente detras de el.
Cortando la cinta de embalar con sus tijeras de punta redonda, abrio las tapas de la caja y miro alrededor buscando una nota. Todo lo que vio fue un monton de cajas mas pequenas, y una por una, comenzo a abrirlas.
Cuando termino, se sentia aturdido, mirando la generosidad que le rodeaba, una serie de regalos tan increibles para un chico de nueve anos que era como si alguien hubiera leido su mente.
Sobre un lado descansaba un pequeno monton de cosas maravillosas, como un estupendo cojin, chicle de pimienta picante, y un falso cubito de hielo de plastico con una mosca muerta en el centro.
Algunos regalos apelaban a su intelecto… una calculadora programable y la serie completa de las Cronicas de Narnia. Otra caja tenia objetos que representaban un mundo entero de masculinidad: una navaja verdadera del ejercito suizo, una linterna con el mango de goma negra, un juego completo de destornilladores de adulto Decker. Pero su regalo favorito estaba en el fondo de la caja.
Desempaquetando el papel de seda, solto un grito de placer cuando la vio mejor, desdoblando la sudadera mas imponente que alguna vez habia visto.
Azul marino, tenia una tira de historietas de un motorista barbudo, con los globos oculares reventados y la boca chorreando babas.
Bajo el motorista estaba el nombre de Teddy en letras naranjas fosforescentes y con la leyenda: 'Nacido para sobrepasar el Infierno'.
Teddy abrazo la sudadera contra su pecho. Por una fraccion de segundo se permitio pensar que Dallie le habia enviado todo esto, pero entonces comprendio que esas no eran la clase de cosas que envias a un nino del que piensas que es un bragazas, y como sabia que eso era lo que Dallie creia de el, suponia que los regalos eran de Skeet. Apreto mas fuerte la sudadera, y se consolo pensando la suerte que tenia de tener un amigo como Skeet Cooper, alguien que podia ver mas alla de su aspecto, al nino que habia dentro.
?Theodore Day…Nacido para sobrepasar el Infierno!
Le gustaba el sonido de esas palabras, el sentimiento que le provocaban, y sobretodo, la idea de que un nino como el, que era un completo desastre en deportes y podian echarlo de su clase talentosa, hubiera nacido para… ?sobrepasar el Infierno!
Mientras Teddy admiraba su sudadera, Francesca terminaba de grabar su programa. Cuando la luz roja del estudio se apago, Nathan Hurd llego para felicitarla. Su productor era parcialmente calvo y rechoncho, fisicamente poco impresionante, pero mentalmente una dinamo.
De alguna manera le recordaba a Clara Padgett, quien actualmente llevaba el departamento de noticias en una cadena de television de Houston especializada en suicidios. Cosa que enfurecia a los perfeccionistas, cuando sabian exactamente que habia trabajado para ella.
– Me encanta cuando el programa termina asi -dijo Nathan, con la papada temblando de placer-. Si continuamos por este camino… nuestras audiencias seguiran subiendo como la espuma.
El programa que acababa de terminar trataba sobre el evangelismo electronico en el cual el invitado de honor, el reverendo Johnny T. Platt, se habia marchado enfadado despues de que ella hubiera revelado mas de lo
