– Unicamente unos minutos -concedio.- Eso es todo.
– ?Grande! -parecio tan exultante como un adolescente-. Esto es realmente grande, Francie
Y luego dijo rapidamente.
– Despues de estar con Teddy, te llevare a cenar.
Y antes de que ella pudiera abrir la boca, colgo.
Reposo la cabeza sobre el escritorio y gimio. Ella no tenia una espina; tenia un espagueti recocido.
Cuando el portero le aviso el martes por la tarde anunciando la llegada de Dallie, Francesca era una ruina nerviosa.
Se habia probado gran parte de sus trajes mas conservadores antes de decidirse traviesamente por el mas salvaje… un conjunto nuevo, un bustier de seda verde menta junto con una minifalda de terciopelo esmeralda. Los colores hacian mas profundo el verde de sus ojos y, en su imaginacion al menos, hacian su mirada mas peligrosa. El hecho de que ella probablemente se estaba arreglando demasiado para pasar una tarde con Dallie no la disuadio.
Incluso aunque sospechaba que terminarian en alguna sordida taberna con vajilla de plastico, esta era todavia su ciudad y Dallie tendria que conformarse.
Despues de ahuecar el pelo en el desorden ocasional, se puso unos pendientes de cristal de Tina Chow con collar a juego alrededor de su cuello. Aunque tenia mas fe en sus propios poderes que en los collares misticos de Tina Chow, penso que no podia pasar por alto nada que la ayudara a sobrellevar esa dificil tarde.
Sabia que no tenia que ir a cenar con Dallie si no queria, incluso podia marcharse antes que el llegara, pero queria verlo otra vez.
Era asi de simple.
Oyo a Consuelo abrir la puerta de la calle, y casi salto fuera de su piel. Se obligo a esperar en su habitacion durante unos minutos hasta que se tranquilizo, pero solo consiguio ponerse aun mas nerviosa, por lo tanto salio hacia la sala para saludarlo.
El llevaba un paquete envuelto y estaba apoyado en la chimenea admirando el cuadro del dinosaurio rojo que estaba encima. Se dio la vuelta ante el sonido de sus pasos y la miro fijamente.
Ella admiro su bien cortado traje gris, camisa de etiqueta con punos franceses, y corbata azul oscuro. Nunca lo habia visto con traje, e inconscientemente se encontro esperando que comenzara a tocarse el cuello y se desanudara la corbata. No hizo nada de eso.
Sus ojos se posaron en la pequena minifalda aterciopelada, el bustier de saten verde, y sacudio la cabeza con admiracion.
– Maldita sea, Francie, te ves mejor con ropa de puta que cualquier otra mujer que conozco.
Ella quiso reirse, pero parecio mas prudente recurrir al sarcasmo.
– Si me surgen de nuevo mis antiguos aires de vanidad, recuerdame pasar cinco minutos en tu compania.
El sonrio abiertamente, luego camino hacia ella y acaricio sus labios con un beso ligero que sabia vagamente a goma de mascar. La piel del cuello se le puso con carne de gallina. Mirandola directamente a los ojos, el dijo.
– Eres la mujer mas hermosa del mundo, y lo sabes.
Ella se movio rapidamente para poner distancia con el. El comenzo a mirar alrededor de la sala de estar, su mirada vagando desde el puf de vinilo naranja de Teddy hasta un espejo Louis XVI.
– Me gusta este sitio. Es realmente acogedor.
– Gracias -contesto rigidamente, todavia intentando hacerse a la idea de que estaban cara a cara otra vez y que el parecia mucho mas a gusto que ella. ?Que se iban a decir al uno al otro esta noche? No tenian absolutamente nada de que hablar que no fuera potencialmente polemico, embarazoso, o emocionalmente explosivo.
– ?Esta Teddy por aqui? -paso el paquete envuelto de una mano a la otra.
– Esta en su habitacion -no vio necesario decirle que Teddy se habia recluido en su cuarto cuando supo que Dallie venia.
– ?Podrias decirle que salga unos minutos?
– Yo…dudo que quiera salir.
Una sombra paso por su cara.
– Entonces simplemente muestrame donde esta su habitacion.
Ella vacilo un momento, luego asintio y le condujo por el pasillo. Teddy estaba sentado en su escritorio, empujando ociosamente un jeep de G.I. Joe hacia adelante y hacia atras.
– ?Que quieres? -pregunto, cuando se giro y vio a Dallie de pie detras de Francesca.
– Te he traido algo -dijo Dallie-. Algo asi como un regalo de Navidad retrasado
– No lo quiero -replico Teddy asperamente-. Mi mama me compra todo lo que necesito.
Empujo el jeep sobre el borde del escritorio y dejo que se estrellarse contra la alfombra. Francesca le dirigio una mirada de advertencia, pero Teddy fingio no notarlo.
– ?En ese caso, por que no se lo regalas a alguno de tus amigos? -dijo Dallie atropelladamente y puso la caja sobre la cama de Teddy.
Teddy lo miro con desconfianza.
– ?Que hay ahi?
– Tal vez un par de botas camperas.
Algo parpadeo en los ojos de Teddy.
– ?Botas camperas? ?Skeet las envia?
Dallie nego con la cabeza.
– Skeet me ha enviado algunas cosas -anuncio Teddy.
– ?Que cosas? -pregunto Francesca.
Teddy se encogio de hombros.
– Un estupendo cojin y otras cosas.
– Eso es magnifico -contesto ella, preguntandose por que Teddy no se lo habia mencionado.
– ?La sudadera es de tu talla? -pregunto Dallie.
Teddy se enderezo de repente en su silla y miro fijamente a Dallie, la alarma instalada en sus ojos detras de las gafas.
Francesca les miro a ambos con curiosidad, preguntandose de que hablaban.
– Me queda muy bien -dijo Teddy, con un murmullo apenas audible.
Dallie asintio, toco suavemente el pelo de Teddy, y luego girandose abandono la habitacion.
El trayecto en taxi fue relativamente tranquilo, con Francesca sentada comodamente con el cuello subido de su chaqueta y Dallie mirando airadamente al conductor.
Dallie habia rehusado contestar cuando ella le habia preguntado por el incidente con Teddy, y aun cuando iba en contra de su naturaleza, no lo presiono.
El taxi paro delante de Lutece. Ella estaba sorprendida y luego ilogicamente decepcionada. Aunque Lutece era probablemente el mejor restaurante de Nueva York, no podia dejar de pensar que Dallie estaba tratando obviamente de impresionarla. ?Por que no la habia llevado a un lugar donde el estaria comodo, en vez de a un restaurante tan obviamente distinto de sus gustos?
El sostuvo la puerta para ella cuando pasaron dentro y luego cogieron su chaqueta y se la llevaron al ropero. Francesca preveia una tarde incomoda, cuando intento hacer de interprete tanto con el menu como con la lista de vinos sin danar su ego masculino.
La duena de Lutece vio a Francesca y le dio una sonrisa de bienvenida.
– Mademoiselle Day, es siempre un placer tenerla con nosotros.
Y luego se giro hacia Dallie.
– Monsieur Beaudine, han pasado casi dos meses. Le hemos echado de menos. He reservado su mesa favorita.
?Mesa favorita!
