Estudio la fotografia de Teddy sobre su escritorio. Estaba flotando sobre un neumatico Flintstone, sus piernas pequenas, flacas brillando con el agua. Si Dallie no queria ponerse en contacto con ella otra vez, al menos deberia haber hecho alguna tentativa de ponerse en contacto con Teddy.

Ella se sentia triste y desilusionada. Habia pensado que Dallie era mejor persona de lo que habia resultado ser. Mientras se dirigia a casa esa tarde, se dijo que tenia que aceptar el hecho, que habia cometido un error gigantesco y mejor seria olvidarse de ello.

Antes de comenzar a vestirse para su cita con Stefan, se sento con Teddy mientras tomaba su cena y penso lo despreocupada que estaba dos meses antes. Ahora se sentia como si llevaba todos los problemas del mundo sobre sus hombros. Nunca deberia haber pasado aquella torrida noche con Dallie, se preparaba para herir a Stefan, y Network muy bien podria despedirla.

Se sentia demasiado miserable para animar a Holly Grace, y estaba terriblemente preocupada por Teddy. El estaba tan retraido y era tan obviamente infeliz… Nunca hablaba de lo que habia pasado en Wynette, y se resistia con todas sus fuerzas de hablarle de sus problemas en la escuela.

– ?Como han ido las cosas entre la senorita Pearson y tu hoy?

Le pregunto de forma casual, mientras le miraba esconder con el tenedor los guisantes debajo de su patata al horno.

– Bien, supongo.

– ?Solamente bien?

Echo hacia atras la silla, se levanto de la mesa y limpio su plato.

– Tengo unos deberes que hacer. Y ya no tengo mas hambre.

Ella fruncio el ceno cuando el abandono la cocina. Lamentaba que la profesora de Teddy fuera tan rigida e intransigente.

A diferencia de los antiguos profesores de Teddy, la senorita Pearson parecia mas preocupada por las notas que por el estudio, una actitud que Francesca creia era desastrosa trabajando con ninos dotados.

Teddy nunca se habia preocupado de sus notas hasta este ano, pero ahora parecia ser todo en lo que podia pensar.

Mientras se ponia un vestido bordado con cuentas de Armani para su cita con Stefan, decidio programar otra cita con el director de la escuela.

* * *

La fiesta en el Costa Vasca estaba animada, con una maravillosa comida y un gran numero de caras famosas en la muchedumbre, pero Francesca estaba demasiado distraida como para disfrutar de ella.

Un grupo de paparazzis esperaba cuando Stefan y ella salieron del restaurante despues de medianoche. Se subio el cuello de piel de su abrigo alrededor de su barbilla y miro a las luces intermitentes de los estroboscopios.

– Chupa tintas -refunfuno.

– Esa no es exactamente una opinion politicamente correcta, querida -contesto Stefan, conduciendola hacia su limusina.

– Este circo de medios de comunicacion ha sucedido a causa de este abrigo -se quejo despues de que la limusina se hubo internado en el trafico de la calle Cincuenta y Cinco este-. La prensa casi nunca te molesta. Es a mi. Si hubiera llevado mi viejo impermeable… le hablo sobre el abrigo de marta mientras intentaba encontrar el coraje suficiente para decirle lo que tenia en mente sin hacerle dano.

Finalmente se callo y se permitio pensar en los viejos recuerdos que la habian perseguido esa tarde, sobre su ninez, Chloe, Dallie… Stefan seguia mirandola, al parecer absorto en sus propios pensamientos. Cuando la limusina paso rapidamente Cartier, decidio que no podia aplazarlo mas, y toco su brazo. -?Te importaria que pasearamos un poco?

Era pasada la medianoche, una noche fria de febrero, y Stefan la miro inquietamente, como si sospechara lo que vendria, pero ordeno al chofer que parara de todos modos. Cuando pusieron un pie en la acera, una cabina de cabriole pasaba, con el ruido de los cascos del caballo ritmicos sobre el pavimento. Comenzaron a andar juntos hacia la Quinta Avenida, provocando nubes de humo con el aliento.

– Stefan -dijo ella, descansando su mejilla durante un momento breve contra la manga fina de lana de su sobretodo-. Se que buscas una mujer para compartir tu vida, pero me temo que no puedo ser yo.

Lo oyo contener el aliento, y luego expulsarlo.

– Estas muy cansada esta noche, querida. Quizas esta conversacion deberia esperar.

– Pienso que ya he esperado mucho tiempo -dijo con cuidado.

Ella hablo durante algun tiempo, y al final pudo ver que el estaba dolido, pero quizas no tanto como habia temido.

Sospechaba que en alguna parte dentro de el, siempre supo que ella no era la mujer adecuada para ser su princesa.

* * *

Dallie llamo a Francesca el dia siguiente a la oficina. El comenzo la conversacion sin preambulos, como si se hubieran visto ayer, no hace ya seis semanas y no se hubieran separado con bronca.

– ?Eh!, Francie, tienes a la mitad de Wynette deseando lincharte.

Ella tuvo una vision repentina de todas aquellas gloriosas rabietas que solia tener en su juventud, pero mantuvo la voz tranquila y ocasional, aun cuando su espalda estaba rigida con la tension.

– ?Por alguna razon en particular? -pregunto.

– Por la manera que trataste al ministro la semana pasada, fue una autentica verguenza. La gente aqui toma a sus evangelistas en serio, y Johnny Platt es uno de los favoritos.

– Es un charlatan -contesto, tan calmada como pudo, clavandose las unas en la palma de la mano. ?Por que no podia Dallie decirle simplemente lo que tenia en mente? ?Por que tenia que hacer esos complicados rituales de camuflaje?

– Tal vez, pero ahora todos estan enganchados a ' la Isla de Gilligan ', a pesar de ser repeticiones, y a nadie le importaria que tu programa fuera cancelado.

Hizo una pausa corta, pensativa.

– ?Dime algo, Francie, y por favor, dime la verdad, con Gilligan y sus compinches de naufragos en esa isla tanto tiempo, como es que esas mujeres nunca se quedan sin sombra de ojos? ?Ni papel higienico? ?Crees que el capitan y Gilligan han usados platanos todo este tiempo?

Ella quiso gritarle, pero rechazo darle esa satisfaccion.

– Tengo una reunion, Dallie. ?Quieres hablarme de algo en particular?

– En realidad, vuelo la semana que viene a Nueva York para encontrarme con los muchachos de Network otra vez, y pense que podia visitarte sobre las siete el martes por la noche para decir ?hola! a Teddy y tal vez llevarte a cenar.

– No puedo -dijo ella con frialdad, el resentimiento escapando por cada uno de sus poros.

– Solo para cenar, Francie. No tienes que hacer un gran drama de ello.

Si el no decia lo que tenia en mente, lo haria ella.

– No quiero verte, Dallie. Tuviste tu posibilidad, y la dejaste escapar.

Hubo un largo silencio. Intento colgar, pero no pudo coordinar el movimiento para hacerlo. Cuando Dallie finalmente hablo, su tono facil se habia esfumado. Parecia cansado y preocupado.

– Siento mucho no haberte llamado antes, Francie. Necesitaba tiempo.

– Y ahora lo necesito yo.

– Bien -dijo el despacio. -Solamente dejame visitar y ver a Teddy, entonces.

– No creo.

– Tengo que comenzar a fijar cosas con el, Francie. Me portare bien. Solo unos cuantos minutos.

Ella se habia endurecido durante los anos; habia tenido que hacerlo. Pero ahora cuando necesitaba esa dureza, todo lo que podia hacer era visualizan a un pequeno muchacho empujando guisantes bajo su patata al horno.

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