Francesca miro fijamente a Dallie mientras el y la senora intercambiaban bromas. Lo habia vuelto a hacer.
Una vez mas se habia dejado llevar por la imagen que habia creado de el y habia olvidado que era un hombre que habia pasado la mayor parte de los ultimos quince anos paseandose por los clubs de golf mas exclusivos del pais.
– Las vieiras son especialmente buenas esta noche -anuncio la senora, mientras los conducia por un estrecho pasillo hacia el jardin interior del Lutece.
– Todo es realmente bueno aqui -le confio Dallie despues de sentarse en sillas de mimbre-. Excepto que me aseguro de conseguir una traduccion inglesa de las cosas sospechosas que como. La ultima vez casi me la pegan con una especie de higado.
Francesca se rio.
– Eres maravilloso, Dallie, realmente lo eres.
– ?Y eso, por que?
– Es dificil imaginarse a muchas personas que estan igual de comodas en Lutece que en un honky-tonk de Texas.
El la miro pensativamente.
– Me parece que tu estas igual de comoda en ambos sitios.
Su comentario golpeo a Francesca ligeramente en su equilibrio. Estaba tan acostumbrada a pensar en sus diferencias que era dificil adaptarse a la sugerencia de que tenian cosas en comun.
Charlaron sobre el menu un ratito, con Dallie haciendo observaciones irreverentes sobre cualquier tipo de alimento que consideraba demasiado complejo. Mientras hablaba, sus ojos parecian devorarla. Ella comenzo a sentirse hermosa de una manera que nunca se habia sentido antes… una clase visceral de belleza que venia de lo mas profundo de ella. La suavidad de su humor la alarmo, y suspiro aliviada cuando el camarero aparecio para tomar su pedido.
Despues de que el camarero se marcho, Dallie paseo sus ojos sobre ella otra vez, una sonrisa lenta e intima.
– Me diverti mucho contigo aquella noche.
Ah, no, no lo vas a hacer, penso ella. No voy a caer de nuevo tan facilmente. Habia participado en juegos con gente mejor que el, y esto era un pescado que tendria que menear sobre el gancho un ratito.
Abrio mucho los ojos con inocencia, preparando la boca para preguntarle a que noche se referia, solo para encontrarse sonriendole en cambio.
– Yo me diverti mucho, tambien.
Se inclino a traves de la mesa y apreto su mano, pero luego la dejo ir casi tan rapidamente como la habia tocado.
– Siento haberte gritado de aquella manera. Holly Grace me trastorno bastante. No tenia que haber tratado de enfrentarnos. Lo que ocurrio fue culpa suya, y no deberia haberla tomado contigo.
Francesca asintio, no aceptando en realidad su apologia, pero no echandoselo en cara, tampoco. La conversacion fue a la deriva hacia direcciones mas tranquilas hasta que el camarero aparecio con su primer plato. Despues de que fueron servidos, Francesca pregunto a Dallie sobre su reunion con Network.
Fue muy reservado en sus respuestas, un hecho que la intereso lo bastante como para ahondar un poco mas profundo.
– Entiendo que si firmas con Network, tendras que dejar de jugar en la mayor parte de los torneos mas grandes -ella extrajo un caracol de un pequeno bol de ceramica donde estaban banados en una salsa de mantequilla con hierbas.
El se encogio de hombros.
– No pasara mucho antes de que sea demasiado viejo para ser competitivo. Podria firmar un buen contrato mientras haya bastante dinero en juego.
Los hechos y las cifras de la carrera de Dallie volvieron a su cabeza. Dibujo un circulo sobre el mantel y luego, como un viajero inexperto que cautelosamente pone el pie en un pais extrano, comento:
– Holly Grace me dijo que quizas no juegues el Clasico estadounidense este ano.
– Probablemente no.
– Nunca pense que te retirarias sin haber ganado un torneo principal.
– Lo he hecho bien para mi.
Apreto ligeramente los dedos alrededor del vaso de cristal de soda que habia pedido. Y luego le conto las ultimas noticias de la Senorita Sybil y Doralee. Ya que Francesca acababa de hablar con ambas mujeres por telefono, estaba mucho mas interesada en descubrir por que el cambiaba de tema.
El camarero llego con los platos principales. Dallie habia seleccionado vieiras servidas en una rica salsa de tomate y ajo, mientras ella habia escogido un pastel de hojaldre relleno con una mezcla aromatica de cangrejo y champinones. Cogio su tenedor y lo intento otra vez.
– ?El Clasico estadounidense es igual de importante que el Masters, no?
– Si, supongo -Dallie capturo una de las vieiras con su tenedor y la metio en la salsa espesa. -?Sabes lo que me dijo Skeet el otro dia? Dijo que eres sin duda la vagabunda mas interesante que alguna vez recogimos. Eso es un verdadero elogio, sobre todo ya que el no hacia nada para esconder que no te soportaba.
– Me siento adulada.
– Durante anos insistio en considerarte como una vaga que podria eructar 'Tom Dooley,' pero creo que le hiciste cambiar de idea en tu ultima y memorable visita. Desde luego, hay siempre una posibilidad de que lo vuelva a reconsiderar.
El parloteaba sin cesar.
Ella sonreia, asentia con la cabeza y esperaba hasta que se agotara, desarmandolo con la suavidad de su mirada y la inclinacion atenta de su cabeza, calmandolo tan completamente que el olvido que se sentaba a la mesa con una mujer que habia pasado los ultimos diez anos de su vida entrometiendose en los secretos de gente que preferian mantener ocultos, una mujer que podia ocuparse de una matanza tan habilmente, tan candidamente, que la victima con frecuencia moriria con una sonrisa en la cara. Suavemente corto un esparrago blanco.
– ?Por que no esperas a jugar el Clasico estadounidense antes de entrar en la cabina de retrasmisiones? ?De que tienes miedo?
El se erizo como un puerco espin arrinconado.
– ?Miedo? ?Desde cuando eres una experta en golf que puedes asegurar que un jugador profesional podria tener miedo de algo?
– Cuando conduces un programa de television como el mio, llegas a aprender un poquito de todo -contesto ella evasivamente.
– Si llego a saber que esto seria una maldita entrevista, me habria quedado en casa.
– Pero entonces nos habriamos perdido una tarde encantadora juntos, ?verdad?
Sin nada mas que la evidencia del oscuro ceno sobre su cara, Francesca se dio cuenta total y absolutamente que Skeet Cooper le habia dicho la verdad, y que no solo la felicidad de su hijo dependia del juego de golf, sino posiblemente la suya tambien.
Lo que no sabia era como aprovechar aquel reciente descubrimiento. Pensativamente, cogio su copa de vino, tomo un sorbo, y cambio de tema.
Francesca no pensaba terminar en la cama con Dallie esa noche, pero segun progresaba la cena sus sentidos parecian sobrecargarse. Su conversacion se volvio mas infrecuente, las miradas entre ellos mas persistentes.
Era como si hubiera probado una poderosa droga y no pudiera dejar de tomarla.
Cuando llego el cafe, no podian apartar los ojos el uno del otro y antes de que se diera cuenta, estaban en la cama de Dallie en Essex House.
– Um, eres tan sabrosa -murmuro el.
Ella arqueo la espalda, un gemido de puro placer salio profundamente de su garganta, cuando el la amo con la boca y la lengua, dedicandola todo el tiempo del mundo, conduciendola por encima de su propia pasion, pero nunca dejandola llegar al climax.
– Ah… por favor -suplico ella.
– Aun no -contesto el.
