hacedores de buenas obras pagados de si mismos que hacen toda clase de escandalos para salvar el mundo, pero maltratan a las personas que se preocupan de ellos.

Gerry respiraba con mas dificultad que Dallie, y tenia problemas para hablar.- Esto no tiene nada que ver contigo.

– Alguien que se enreda en la vida de Holly Grace tarde o temprano tiene que enfrentarse conmigo. Ella quiere un bebe, y por una razon que maldita sea si puedo comprender, te quiere a ti.

Gerry se recosto contra el poste de la luz. Por un momento bajo la cabeza, y luego la levanto otra vez, sus ojos oscuros atormentados.

– Dime por que es un maldito crimen no querer traer un nino a este mundo. ?Por que tiene que ser tan obstinada? ?Por que no podemos ser solamente los dos?

El dolor obvio de Gerry llego a Dallie, pero hizo todo lo posible para no hacer caso.

– Ella quiere un bebe, es todo.

– Yo seria el peor padre del mundo. No se nada sobre ser padre.

La risa de Dallie era suave y amarga.

– ?Crees que todos sabemos serlo?

– Escucha, Beaudine. Ya he tenido bastante gente fastidiandome sobre esto. Primero Holly Grace, luego mi hermana, y por ultimo Francesca. Ahora tambien tu. Bien, pues no es tu maldito problema, ?me entiendes? Esto es entre Holly Grace y yo.

– Contestame una pregunta, Jaffe -dijo Dallie despacio-.?Como vas a pasar el resto de tu vida sabiendo que dejaste escapar lo mejor que alguna vez te paso?

– ?No crees que he intentado arreglarlo? -grito Jaffe-. Se niega a dirigirse a mi, ?Maldito hijo de puta! Hasta no puedo estar en la misma habitacion que ella.

– Tal vez no lo intentas con bastante fuerza.

Los ojos de Gerry se estrecharon y apreto la mandibula.

– Es un infierno estar sin ella. Y estar cerca de ella tambien. Lo vuestro es ya agua pasada, y si se te ocurre ponerle una mano encima, te la tendras que ver conmigo, ?entiendes?

– Mira como tiemblo -contesto Dallie con deliberada insolencia.

Gerry lo miro directamente a los ojos y habia tal amenaza en la cara del hombre que Dallie en realidad experimento un momento de respeto de mala gana.

– No me subestimes, Beaudine -dijo Gerry, su tono duro. Sostuvo la mirada fija de Dallie durante unos segundos sin estremecerse, y se marcho.

Dallie se quedo mirandolo un rato; entonces se dirigio calle arriba por la acera.

Mientras silbaba para llamar a un taxi, una sonrisa debil y satisfecha aparecia en las esquinas de su boca.

* * *

Francesca habia acordado encontrarse con Dallie a las nueve en un restaurante cercano que les gustaba a ambos porque servian comida del sudoeste. Se puso una blusa negra de cachemir y unos pantalones decorados de cebra.

Impulsivamente, coloco un par de pendientes de plata desordenadamente asimetricos en los lobulos de sus orejas, llevada por el placer diabolico de llevar algo estrafalario para molestarlo. Hacia una semana que no lo veia, y estaba de humor para divertirse.

Su agente habia concluido casi tres meses de negociaciones dificiles y Network finalmente se habia rendido. Para primeros de junio, 'Francesca Today' seria un programa especial mensual, en vez de uno mas corto semanal.

Cuando llego al restaurante, vio Dallie sentado en un mesa algo alejada de la gente. Al descubrirla, se puso de pie rapidamente, con una sonrisa de cachorrito en la cara, una expresion mas apropiado de un muchacho adolescente que de un hombre crecido. Su corazon dio un extrano vuelco en respuesta.

– ?Eh! carino.

– ?Eh! Dallie.

Ella habia atraido mucha atencion cuando caminaba por el restaurante, asi que el le dio solo un ligero beso cuando llego a el. En cuanto ella se sento, sin embargo, el se inclino a traves de la mesa y termino el trabajo.

– Maldicion, Francie, es maravilloso volver a verte.

– Para mi, tambien.

Ella lo beso otra vez, cerrando los ojos y disfrutando de la sensacion embriagadora de estar cerca de el.

– ?Donde diablos consigues esos pendientes? ?En una ferreteria?

– No son pendientes -replico ella con altivez, recostandose en la silla-. Segun el artista que los hizo, son abstracciones de estilo libre de la angustia conceptuada.

– No fastidies. Bien, espero que los exorcizaras antes de ponertelos.

Ella rio, y sus ojos parecieron beber en su cara, su pelo, la forma de sus pechos debajo de su blusa de cachemir. Comenzo a sentir su piel caliente. Avergonzada, se separo el pelo de la cara.

Sus pendientes tintinearon.

El le dio una sonrisa burlona torcida, como si el pudiera ver cada una de las imagenes eroticas que destellaron por su cabeza. Entonces el se recosto en su silla, su chaqueta azul marino abierta sobre su camisa.

A pesar de su sonrisa, ella penso que parecia cansado y le preocupo. Decidio posponer decirle las buenas noticias sobre su contrato hasta que averiguara que le molestaba.

– ?Teddy vio el torneo ayer? -pregunto el.

– Si.

– ?Y que dijo?

– No demasiado. Se puso las botas camperas que le regalaste, y tambien una sudadera increiblemente horrorosa que no puedo creer que le compraras.

Dallie sonrio.

– Apuesto que adora esa sudadera.

– Cuando se fue a la cama por la noche, la llevaba por debajo del pijama.

El sonrio otra vez. El camarero se acerco, y prestaron atencion a la pizarra que traia con una lista de las especialidades del dia. Dallie opto por el pollo condimentado con chile y frijoles.

Francesca no tenia mucha hambre cuando llego, pero los olores deliciosos del restaurante habian abierto su apetito y pidio marisco a la plancha y una ensalada.

El jugueteo con el salero, pareciendo menos relajado.

– Me pusieron un microfono sujeto en la camisa ayer. Eso me desconcentro. Ademas la muchedumbre hacia un tremendo ruido. Un cabron pulso el flash de la camara justo cuando iba a darle a la bola. Maldita sea, odio todo esto.

Ella estaba sorprendida de que sintiera la necesidad de explicarse, pero ahora sabia demasiado bien las pautas de su carrera profesional como para crerse sus excusas. Charlaron un ratito sobre Teddy, y luego el la pidio pasar algun tiempo con el esa semana.

– Voy a estar en la ciudad unos dias. Quieren darme algunas lecciones de como hablar delante de una camara.

Ella le miro bruscamente, evaporandose su buen humor.

– ?Vas a aceptar el trabajo de comentarista que te ofrecen?

El no la miro.

– Manana mi sanguijuela me trae los contratos para firmarlos.

Su comida llego, pero Francesca habia perdido el apetito. Lo que estaba a punto de hacer era un error y el parecia no comprenderlo. Habia un aire de derrota sobre el, y odiaba la manera que le rehuia la mirada. Jugueteo con un camaron con su tenedor y luego, incapaz de contenerse, lo enfrento.

– Dallie, por lo menos deberias terminar la temporada. No me gusta la idea de que te retires a solo una semana del Clasico.

Вы читаете Pantalones De Lujo
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату