– Yo… no puedo aguantarme mas.
– Me da pena que termine, carino.
– No… por favor… -Intento incorporarse, pero el cogio sus munecas y la maniato a los lados.
– No deberias haber hecho eso, querida. Ahora voy a tener que comenzar desde cero.
Su piel estaba humeda, los dedos rigidos en su pelo, cuando el finalmente le dio la liberacion que buscaba desesperadamente.
– Te has portado como un barbaro -suspiro ella despues de haber vuelto a la Tierra-. Vas a tener que pagar por esta tortura.
– ?Has pensado alguna vez que el clitoris es el unico organo sexual que no tiene apodo? -el hocico en sus pechos, todavia tomandose su tiempo con ella aun cuando el no hubiera sido satisfecho el mismo-. Tiene una abreviatura, pero no un verdadero apodo mas o menos malsonante como todos lo demas. Piensa en ello. ?Que dices…?
– Probablemente porque los hombres solo recientemente han descubierto el clitoris -dijo ella con maldad. -No han tenido tiempo.
– No lo creo -contesto el, buscando el objeto de la discusion. -Pienso que es porque esto es un bonito organo insignificante.
– ?Un organo insignificante! -contuvo el aliento cuando el comenzo a tejer su magia otra vez.
– Seguramente -susurro el con voz ronca. -Mas bien como uno de esos pequenos teclados electronicos enfrentado a un poderoso Wurlitzer.
– De todos los machos, egoistas… -con una risa profunda, gutural, ella rodo para colocarse encima de el-. ?Tenga cuidado Senor! Este pequeno teclado puede hacer que tu poderoso Wurlitzer toque la sinfonia de tu vida.
Durante los siguientes meses, Dallie encontro un gran numero de excusas para volver a Nueva York. Primero tuvo que encontrarse con algunos ejecutivos publicitarios para una promocion que hacia para una marca de palos de golf, y mientras conducia por carreteras de Houston o Phoenix, sentia un ansia salvaje por meterse en atascos de trafico neoyorquinos y respirar humos de escape.
Francesca no recordaba haberse reido tanto o sentirse tan absolutamente feliz y llena de vida. Cuando Dallie estaba con ella era irresistible, y desde que olvido el habito de decirle mentiras, dejo de intentar abaratar sus sentimientos por el ocultandolos bajo la etiqueta conveniente de lujuria. Por mucho que fuera desgarrador… comprendia que estaba profunda y absolutamente enamorada de nuevo de el. Adoraba su mirada, su sonrisa, la naturaleza conservadora de su virilidad.
De todos modos los obstaculos entre ellos surgieron como rascacielos, y su amor tenia un sabor agridulce. Ella ya no era una chica idealista de veintiun anos, y no podia preveer ningun futuro de cuento de hadas. Aunque sabia que Dallie se preocupaba por ella, sus sentimientos parecian mucho mas casuales que los suyos.
Y Teddy seguia siendo un problema.
Ella presentia que cuanto mas intentaba Dallie ganarselo, mas tenso y nervioso se ponia su hijo… como si temiera ser el mismo. Sus excursiones terminaban con demasiada frecuencia en desastre, pues Teddy se portaba mal y Dallie le reganaba.
Aunque odiaba admitirlo, a veces se sentia aliviada cuando Teddy tenia otros planes y Dallie y ella podian pasar el tiempo juntos.
Un domingo de abril por la tarde, Francesca invito a Holly Grace a casa para ver juntas el final de un torneo de golf de los mas importantes del ano. Para su placer, Dallie estaba a solo dos golpes del lider. Holly Grace estaba convencida que si ganaba por fin algun torneo importante, se olvidaria de ser comentarista en el Clasico estadounidense.
– Lo echara a perder -dijo Teddy cuando entro en el cuarto y se sento en el suelo delante de la television-. Siempre lo hace.
– Esta vez no -dijo Francesca, irritada con su actitud de 'sabelotodo'-. Esta vez va a ser distinto.
Mas le valia hacerlo, penso ella. La noche anterior por telefono, ella le habia prometido una variedad de recompensas eroticas si ganaba hoy.
– ?Desde cuando eres tan aficionada al golf? -le habia preguntado el.
Ella no tenia ninguna intencion de contarle las interminables horas que se habia pasado repasando cada detalle de su carrera profesional, o las semanas que habia gastado mirando cintas de video de sus viejos torneos mientras intentaba encontrar la llave del cofre de los secretos de Dallie Beaudine.
– Me hice una admiradora despues de ver un dia a Seve Ballesteros -habia contestado airosamente, mientras se recostaba en las almohadas de saten sobre su cama y apoyaba el receptor en el hombro-. Es tan magnifico. ?Crees que podrias arreglarlo para presentarmelo?
Dallie habia resoplado ante su referencia al guapo jugador espanol que era uno de los mejores golfistas profesionales del mundo.
– Sigue hablando asi y lo arreglare, bien. Olvidate manana del viejo Seve y manten los ojos fijos en el chico genuinamente americano.
Ahora miraba al chico tipicamente americano, y definitivamente le gustaba lo que veia. Hizo el par en los hoyos 14 y 15 y luego un birdie en el 16. El lider cambio y Dallie se puso a un solo golpe. La camara enfoco a Dallie y Skeet caminando hacia el hoyo 17 y cortaron para ofrecer anuncios de Merill Lynch.
Teddy se levanto desde su sitio delante de la television y desaparecio en su dormitorio. Francesca saco un plato de queso y galletas, pero tanto ella como Holly Grace estaban demasiado nerviosas para comer.
– El va a hacerlo -dijo Holly Grace por quinta vez-. Cuando hable con el anoche, me dijo que tenia muy buenas sensaciones.
– Estoy contenta que hayais superado vuestras diferencias y os hableis otra vez -comento Francesca.
– Ah, ya nos conoces a Dallie y a mi. No podemos estar enfadados mucho tiempo.
Teddy volvio del dormitorio llevando sus botas camperas y una sudadera azul marino que le tapaba las caderas.
– ?En donde por amor de Dios conseguiste esa cosa horrible? -miro al motorista baboso y la inscripcion en letras naranjas con aversion.
– Me la han regalado -murmuro Teddy, haciendo plaf de nuevo al sentarse sobre la alfombra.
Entonces esta era la famosa y misteriosa sudadera de la que los habia oido hablar. Miro pensativamente a la pantalla de television, que mostraba a Dallie preparado para golpear a la pelota en el green del 17, y luego a Teddy.
– Me gusta -dijo.
Teddy empujo las gafas sobre su nariz, toda su atencion sobre el torneo.
– Va a fallar.
– No digas eso – dijo enfadada Francesca.
Holly Grace miro atentamente a la pantalla.
– Tiene que conseguir llevar la bola mas alla del bunker, hacia el lado izquierdo de la calle. Eso le dara una vision perfecta de la bandera.
Pat Summerall, el comentarista de la CBS, hablaba en la pantalla con su companero Ken Venturi.
– ?Que piensas, Ken? ?Beaudine va a ser capaz de mantener la tension mas de dos hoyos?
– No se, Pat. Dallie ha jugado realmente bien hoy, pero ahora es cuando empezara a notar la presion, y nunca juega su mejor golf en estos torneos grandes.
Francesca contuvo el aliento cuando Dallie golpeo la bola, y luego Pat Summerall dijo siniestramente.
– No parece que le haya gustado mucho el golpe.
