Ella podia ver su tension en el juego de la mandibula y el miro fijamente a un punto justo encima de su cabeza.
– Tengo que colgar mis palos tarde o temprano. Ahora es un momento tan bueno como cualquier otro.
– Ser comentarista de television sera una carrera maravillosa para ti algun dia, pero ahora solo tienes treinta y siete anos. Muchos golfistas ganan los grandes torneos a tu edad o incluso mas viejos. Mira a Jack Nicklaus que gano el Masters el ano pasado.
Sus ojos se estrecharon y el finalmente la miro.
– Sabes algo, Francie. Me gustas muchisimo. Pero me gustabas mas antes de convertirte en una maldita experta en golf. Alguna vez se te ha ocurrido pensar que ya tengo bastantes personas que me dicen como jugar, y maldita sea que no necesito otra.
La precaucion le decia que era el momento de echarse atras, pero no podia hacerlo, no cuando sentia que tenia algo importante en juego. Jugo con el tallo de su copa de vino y levanto la mirada a sus ojos hostiles.
– Si yo me encontrara en tu situacion, ganaria el Clasico antes de retirarme.
– Ah, tu harias eso, verdad? -un pequeno musculo hizo un tic en su mandibula.
Ella dejo caer su voz hasta que fue un susurro apenas audible y lo miro directamente a los ojos.
– Yo ganaria ese torneo solamente por el placer de saber que puedo hacerlo.
Las ventanas de su nariz llamearon.
– Ya que apenas conoces la diferencia entre un hierro y una madera, estaria tremendamente interesado en ver como lo intentas.
– No hablamos de mi. Hablamos de ti.
– A veces, Francesca, eres la mujer mas ignorante que he conocido en toda mi vida.
Dejando el tenedor sobre la mesa, el la miro y unas lineas finas y duras se formaron alrededor de su boca.
– Para tu informacion, el Clasico es uno de los torneos mas resistentes del ano. El recorrido es asesino. Si no golpeas a los greens justamente en el punto adecuado, puedes pasar de un birdie a un bogey sin darte cuenta. ?Tienes idea de quien juega el Clasico este ano? Los mejores golfistas del mundo. Greg Norman estara alli. Lo llaman el Gran Tiburon Blanco, y no solo debido a su pelo blanco… es porque le gusta el sabor de la sangre. Tambien Ben Crenshaw… que patea al hoyo mejor que cualquier otro. Fuzzy Zoeller. El viejo Fuzzy gasta bromas y actua como si estuviera paseando un domingo por los bosques, pero en todo momento esta calculando cuando te va a mandar a la tumba. Y aparecera su companero Seve Ballesteros, refunfunando en espanol entre dientes y machacando a los que juegan con el. Y que decirte de Jack Nicklaus. Incluso aunque tenga cuarenta y siete anos, es capaz de pegarle mas fuerte a la pelota que cualquiera de nosotros dentro del circuito. Nicklaus no es humano, Francie.
– Y luego esta Dallas Beaudine -dijo ella en un susurro-. Dallas Beaudine que ha jugado algunas de las mejores rondas de apertura de muchos torneos de golf, pero siempre lo estropea al final. ?Por que, Dallie? ?Acaso no quieres ganar?
Algo parecio romperse dentro de el. Cogio la servilleta de su regazo y la apreto sobre la mesa.
– Vamonos de aqui. No tengo mas hambre.
Ella no se movio. En cambio, cruzo los brazos sobre su pecho, levantando su barbilla, y silenciosamente desafiandolo que intentara moverla. Iba a terminar con esto, incluso si significaba perderlo para siempre.
– No voy a ninguna parte.
En aquel momento exacto Dallie Beaudine finalmente parecio comprender lo que solo habia percibido debilmente cuando la vio tirar unos pendientes incomparables de diamantes a las profundidades de una cantera de grava.
Finalmente entendio la fuerza que poseia. Durante meses, habia decidido no hacer caso a la profunda inteligencia detras de esos ojos verdes de gata, la determinacion acerada oculta bajo esa sonrisa encantadora, la fuerza indomable en el corazon de la mujer que se sentaba enfrente vestida de forma absurda y frivola.
Habia olvidado que habia venido a este pais sin nada, salvo su fuerte caracter, y que habia sido capaz de mirar a cada una de sus debilidades directamente a los ojos y vencerlas.
Habia olvidado que ella se habia convertido en una campeona, mientras el era todavia solo un contendiente.
Y vio que no tenia ninguna intencion de abandonar el restaurante, y su enorme fuerza de voluntad lo asombro. El sintio un momento de panico, como si fuera un nino otra vez y el puno de Jaycee hubiera ido directamente a su cara.
Sintio al Oso respirar junto a su cuello.
Asi que hizo la unica cosa que podia hacer… la unica cosa que creia que podia distraer a esta pequena mujer, mandona y terca antes que ella le hiciera cachitos.
– Te juro, Francie, que me has puesto de tan mal humor, que pienso cambiar mis proyectos para esta noche.
A escondidas, el deslizo su servilleta atras en su regazo.
– ?Ah? ?Que proyectos eran esos?
– Bien, todas estas criticas que he recibido casi me ha hecho cambiar de idea, pero, que demonios, creo que te pedire que te cases conmigo de todas formas.
– ?Casarme contigo? -los labios de Francesca se separaron asombrados.
– No veo por que no. Al menos eso pensaba hasta hace unos minutos cuando te convertiste en una maldita grunona.
Francesca se recosto en la silla, poseida por un sentimiento horrible, que algo dentro de ella se rompia.
– Unicamente tu serias capaz de proponer matrimonio asi -dijo ella inestablemente-. Y a excepcion de un nino de nueve anos, no tenemos una sola cosa en comun.
– Si, bien, no estoy tan seguro acerca de eso -metiendo la mano en el bolsillo de su chaqueta, saco una pequena caja de una joyeria. Extendiendolo hacia ella, lo abrio con el pulgar, revelando un exquisito anillo con un diamante-. Se lo compre a un tipo que fue conmigo al instituto, aunque tengo que decirte que paso una temporadita como un huesped no dispuesto del estado de Texas despues de un altercado en el Piggly Wiggly un sabado por la noche. De todos modos me conto que encontro a Jesus en la prision, asi que creo que el anillo esta bendecido. Aunque supongo que no puedes estar seguro de este tipo de cosas.
Francesca, que ya habia tomado nota del huevo rojo, distintivo de Tiffany's sobre la caja azul, tenia solo una vaga idea de lo que decia.
?Por que no habia mencionado el nada acerca de amor? ?Por que lo hacia asi?
– Dallie, no puedo coger este anillo. Yo… yo no puedo creer incluso que lo sugieras -como no sabia como expresar lo que tenia exactamente en su mente, enumero todos los impedimentos logicos entre ellos-. ?Donde viviriamos? Mi trabajo esta en Nueva York; el tuyo por todas partes. ?Y de que hablariamos cuando salieramos del dormitorio? Simplemente porque hay esto… esta nube de lujuria que parece envolvernos no significa que estemos preparados para llevar una casa juntos.
– Santo Dios, Francie, lo haces todo tan complicado… Holly Grace y yo estuvimos casados durante quince anos, y solo vivimos juntos en la misma casa al principio.
La colera comenzo a formar una neblina dentro de su cabeza.
– ?Es eso lo que quieres? ?Otro matrimonio como el que tenias con Holly Grace? Tu vas por tu lado, y yo por el mio, pero cada pocos meses nos reunimos para ver unos partidos de beisbol y participar en un concurso de escupitajos. Yo no sere tu colega, Dallas Beaudine.
– Francie, Holly Grace y yo nunca nos apuntamos a un concurso de escupitajos en nuestra vida, y me parece que no te has dado cuenta que tecnicamente nuestro hijo es un bastardo.
– Como su padre -siseo ella.
Sin perder el aplomo, el cerro la caja de Tiffany's y la volvio a guardar en el bolsillo.
– Bien. No tenemos que casarnos. Simplemente era una sugerencia.
Ella le miro fijamente. Los segundos hacian tictac. El cogio el tenedor, pincho un trozo de pollo, se lo llevo a la boca y despacio comenzo a masticar.
– ?Eso es todo? -pregunto ella.
– No puedo obligarte.
