La colera y el agravio subieron por su cuerpo y penso que la ahogarian.

– ?Asi que eso es todo, no? Quiero decir, ?recoges tus juguetes y te vas a casa?

El tomo un sorbo de su soda, sus ojos mirando fijamente los pendientes de plata en sus lobulos.

– ?Que quieres que haga? Los camareros me echarian si me pongo de rodillas.

Su sarcasmo ante algo tan importante para ella paso como un cuchillo por sus costillas. -?No sabes como luchar por algo que quieres? -susurro ella con ferocidad.

El silencio que cayo sobre el fue tan completo que ella supo que le habia tocado una fibra sensible.

De repente sintio como si un velo invisible cayera ante sus ojos. Eso era. Eso era lo que Skeet habia querido decir.

– ?Quien ha dicho que te quiero? Te tomas las cosas demasiado en serio, Francie.

La estaba mintiendo, y se mentia asi mismo. Sentia su necesidad tanto como si fuera propia. El la queria, pero no sabia como conseguirla y, lo que es mas importante, no lo iba a intentar.

?Que esperaba, se pregunto amargamente, de un hombre que habia jugado las mejores rondas de apertura en el golf, pero que siempre lo tiraba al final?

– ?Vas a tener sitio para el postre, Francie? Tienen una increible tarta de chocolate. Aunque si me preguntas, te diria que podia estar mejor si pusieran un poco de crema por encima, pero de todos modos esta bastante buena.

Ella sintio un desprecio por el que lindaba con verdadera aversion. Su amor ahora parecia ser opresivamente pesado, demasiado para llevarlo encima. Alcanzando sobre la mesa, ella agarro su muneca y lo apreto hasta que sus unas se clavaron en su piel, y estuvo segura que el comprenderia cada una de las palabras que iba a decir.

Su tono bajo y condenatorio, de una luchadora.

– Tienes tanto miedo de fallar que no puedes perseguir una sola cosa que quieres? ?Un torneo? ?Tu hijo? ?Yo? ?Eso es lo que te ha pasado todo este tiempo? ?Tienes panico a no poder ganar y ni tan siquiera lo intentas?

– No se de que estas hablando -El intento retirar la mano, pero lo agarraba tan fuerte que no podia hacerlo sin llamar la atencion.

– ?No tienes el menor interes de llegar a lo mas alto, no es verdad Dallie? Simplemente te quedaras al margen. Estas dispuesto a jugar el partido mientras no tengas que sudar la camisa demasiado y tanto tiempo mientras puedas hacer chistes para que todos entiendan que no te preocupa lo mas minimo.

– Eso es lo mas estupido…

– ?Pero te preocupa, verdad? Quieres ganar con todas tus fuerzas para demostrarles a todos que lo puedes hacer. Tambien quieres a tu hijo, pero te contienes por si Teddy no se queda en tu vida… mi maravilloso hijo que tiene el corazon en la mano y daria todo en el mundo por tener un padre que lo respete.

La cara de Dallie habia palidecido, y su piel bajo sus dedos estaba humeda.

– Lo respeto -dijo el bruscamente-. Mientras viva, nunca olvidare el dia que se enfrento conmigo porque pensaba que te estaba haciendo dano…

– Eres un lloron, Dallie… pero lo haces con tanto estilo que nadie se da cuenta.

Dejo de apretarle, pero aun le sujeto la mano.

– Bien, la cosa es, que te estas haciendo mayor para seguir viviendo gracias a tu belleza y tu encanto.

– ?Que demonios sabes de eso? -su voz era tranquila, ligeramente ronca.

– Se todo sobre ello porque me he enfrentado en la vida con las mismas deficiencias. Pero he crecido, y tuve que luchar mucho para conseguir derrotarlo.

– Tal vez fue mas facil para ti -replico el-. Seguramente tuviste una buena ninez. Tuve que irme de casa cuando solo tenia quince anos. Mientras tu paseabas por Hyde Park con tu ninera, yo esquivaba los punos de mi padre. Cuando era muy pequeno, ?sabes que me hacia cuando se emborrachaba? Solia agarrarme por los pies y me sostenia en vilo con la cabeza sobre el water.

Su cara no se ablando ni en un instante de compasion.

– Mierda resistente.

Ella vio que su frialdad lo habia enfurecido, pero no se amilano. Su compasion no iba a ayudarlo. A algunas personas era necesario hurgarle en las heridas de la ninez para evitar que pasaran por una vida incompleta.

– Si quieres seguir jugando contigo mismo, es tu eleccion, pero no jugaras conmigo porque no lo voy a tolerar.

Se levanto de la silla y le miro fijamente a los ojos, su voz muy fria por el desprecio

– He decidido casarme contigo.

– Olvidalo -le dijo con furia-. No te quiero. No te querria ni aunque vinieras envuelta en papel de regalo.

– Ah, claro que me quieres. Y no solo por Teddy. Me quieres tanto que te asusta. Pero tienes que luchar. Deberas intentarlo sin miedo a que te pongan boca abajo la cabeza en el water.

Ella se inclino ligeramente, descansando una mano sobre la mesa.

– He decidido casarme contigo, Dallie -le dedico una larga mirada de apreciacion-. Me casare contigo el dia que ganes el Clasico de los Estados Unidos.

– Eso es lo mas estupido…

– Pero tienes que ganarlo, estupido alcornoque -silbo ella-. No el tercer lugar, ni el segundo. Tienes que quedar el primero.

El lanzo una risa desdenosa, inestable.

– Estas loca.

– Quiero saber de que pasta estas hecho -dijo con desprecio-. Quiero saber si eres lo bastante bueno para mi… y lo bastante bueno para Teddy. No me he conformado nunca con la segunda tarifa, y no voy a comenzar ahora.

– Tienes una opinion muy alta de lo que te mereces.

Ella lanzo su servilleta directamente a su pecho.

– Puedes apostar que si. Si me quieres, tendras que ganarme. Y, senor mio, no soy barata.

– Francie…

– ?O pones el trofeo de campeon del Clasico a mis pies, hijo de mala madre, o no te molestes en volver a buscarme nunca mas!

Agarrando su bolso, paso rapidamente junto a los comensales asustados de las mesas delanteras y se dirigio a la puerta.

La noche se habia puesto fria, pero su colera estaba tan caliente que no lo sentia. Caminaba por la acera, propulsada por la furia, por el dolor, y por el miedo. Sus ojos le picaban y no podia parpadear rapidamente para contener las lagrimas.

Dos gotas brillaban sobre el rimel impermeable de sus pestanas inferiores. ?Como podia haberse enamorado de el? ?Como habia permitido que algo tan absurdo pasara? Sus dientes comenzaron a castanear. Durante casi once anos, no habia sentido nada mas que fuerte afecto por un punado de hombres, sombras de amor que se difuminaban casi tan rapidamente como aparecian.

Pero ahora, apenas cuando la vida los reunia de nuevo, otra vez habia dejado que un golfista de segunda categoria pudiera romperle el corazon.

Francesca paso la semana siguiente con el sentimiento que algo brillante y maravilloso habia abandonado su vida para siempre.

?Que habia hecho? ?Por que lo habia desafiado tan cruelmente? ?No era media tarta mejor que nada? Pero sabia que no podria vivir con la mitad de nada, y no queria que Teddy viviera asi tampoco.

Dallie tenia que comenzar a asumir riesgos, o seria imposible pensar en una vida juntos. Cada vez que respiraba, sentia la perdida de su amante, la perdida del verdadero amor.

* * *

El lunes siguiente estaba echandole a Teddy su zumo de naranja antes de que se fuera a la escuela, mientras intentaba consolarse pensando que Dallie seria tan desgraciado como ella. Pero era dificil de creer que alguien que guardaba tan profundamente sus sentimientos tuviera precisamente sentimientos que guardar.

Teddy se bebio el zumo y metio su libro de ortografia en la mochila.

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