Ella fingio pensarlo y entonces lentamente llevo las manos a la espalda para desenganchar el pequeno cierre. Los tirantes bajaron por sus hombros, pero mantuvo las copas sobre los senos.
– Quitate el cinturon primero -dijo con voz profunda y gutural-. Y luego desabrochalos.
El saco el cinturon de las presillas. Lo dejo colgar un momento, con la hebilla agarrada con el puno. Entonces la sorprendio tirandolo a la cama, donde cayo al lado de sus tobillos.
– En caso de tener que usarlo -dijo con voz atractivamente traviesa.
Ella trago con fuerza. El empezo a bajar lentamente la cremallera de los vaqueros, revelando su abdomen plano.
Y luego dejo quieta la mano, esperando. Ella se quito poco a poco el sosten, con delicadeza arqueando la espalda para que el tuviera una buena vision. Ahora fue el quien trago con fuerza.
– Los vaqueros, soldado -susurro ella.
El termino de bajar la cremallera, metio sus pulgares dentro de la cinturilla, bajo los vaqueros con sus calzoncillos juntos, y se los quito. El finalmente estaba de pie desnudo ante ella.
Sin ninguna timidez, ella lo miro con fruiccion. El estaba duro y orgulloso, suave, brillante y hermoso. Ella se recosto de espaldas y puso la cabeza encima de la almohada, el pelo como una corona alrededor de ella, mirandolo mientras caminaba hacia la cama.
Alcanzando abajo con su indice, el acaricio una linea larga desde su garganta a la cima del triangulo de sus bragas.
– Abre los lazos -le pidio.
– Hazlo tu.
El se sento sobre el borde de la cama y alcanzo una de las cintas de saten. Ella agarro su mano.
– Con la boca.
El rio entre dientes, pero se inclino a hacer lo que le pedia.
Cuando le quito la sedosa prenda de entre las piernas, la beso y comenzo a acariciarla por dentro de los muslos. Ella comenzo a su vez una mision exploratoria, tocandolo con sus manos avaras. Despues de unos minutos, el gimio y se separo para alcanzar el cajon de la mesita de noche. Cuando el le dio la espalda, ella se rio y se puso de rodillas para hocicar su cuello.
– Nunca envies a un hombre para hacer el trabajo de una mujer -susurro. Moviendose alrededor de el, asumio su tarea, perdiendo el tiempo y bromeando hasta que su piel estuvo humeda de sudor.
– Maldita sea, Francie, -dijo con voz ronca-. Si sigues asi y no vas a conseguir nada de este encuentro, salvo recuerdos aburridos.
Ella rio y cayo sobre las almohadas, separando sus piernas para el.
– Dudo eso, de todas maneras.
El se aprovecho lo que ella le ofrecia, atormentandola con caricias expertas hasta que le suplico que parara, y luego besos que la dejaban sin aliento.
Cuando finalmente entro en ella, ella clavo sus unas en sus caderas y grito. El se encabrito, penetrandola mas profundamente. Comenzaron a hablar en pequenas palabras jadeantes.
– Por favor.
– Es tan bueno…
– Si… mas fuerte…
– Dulce…
Los dos estaban acostumbrados a que los consideraran grandes amantes, dar, pero siempre manteniendo el control.
Sin embargo ahora, estaban calientes y humedos, absorbidos por la pasion, ajenos a todo salvo de ofrecer sus hermosos cuerpos al otro. Llegaron al climax, con un segundo de diferencia, con un ruidoso abandono, llenando el aire con gemidos, gritos y obscenidades jadeantes.
Despues, ninguno pudo decir quien era el mas avergonzado.
Capitulo 29
Tomaron una comida tensa, gastandose bromas que no resultaban demasiado graciosas. Volvieron a la cama e hicieron el amor de nuevo. Con las bocas pegadas y sus cuerpos unidos, no podian hablar, conversar era algo que no estaba en sus cabezas. Durmieron agitadamente, despertando a las pocas horas, solo para descubrir que todavia no habian tenido bastante el uno del otro.
– ?Cuantas veces lo hemos hecho? -gimio Dallie despues de que terminaron.
Ella hocico mas cerca bajo su barbilla.
– Uh, creo que cuatro.
El beso la cima de su cabeza y refunfuno:
– Francie, no pienso que este fuego entre nosotros vaya a ser tan facil de apagar como pensabamos.
Esto eran pasadas las ocho de la manana siguiente antes de que cualquiera de ellos pensara en levantarse. Francesca se estiro perezosamente y Dallie tiro de ella para darle un abrazo afectuoso. Comenzaban a bromear un poco cuando oyeron pasos que subian por la escalera.
Dallie mascullo un improperio. Francesca giro la cabeza hacia la puerta y vio con alarma como el pomo giraba. Una fea imagen volo por su mente de un ejercito de viejas novias acechantes de Dallie, cada una con una llave de la casa colgando de sus dedos.
– Ah, Dios… -no podia hacer nada. Se deslizo hacia abajo, bajo las sabanas y se tapo la cabeza. En ese justo momento, oyo abrirse la puerta.
Dallie parecio suavemente exasperado.
– ?Por el amor de Dios, no podias llamar?
– Tenia miedo de derramar el cafe. Espero que ahi abajo este Francie o me voy a abochornar.
– En realidad, no es Francie -dijo Dallie-. Y deberias abochornarte.
El colchon se hundio cuando Holly Grace se sento en el lado de la cama, tocando sus caderas contra los muslos de Francesca. La fragancia debil del cafe penetro la sabana.
– Lo menos que podrias hacer era traerme una taza a mi tambien -se quejo Dallie.
Holly Grace pidio perdon.
– No lo pense; tengo muchas cosas en mi mente. ?Estas de broma, no es cierto, es Francie la que esta ahi acostada?
Dallie acaricio la cadera de Francesca por encima de las sabanas.
– Quedate aqui quietecita, hermosa Rosalita. Echare a esta chiflada en pocos minutos.
Holly Grace tiro de la sabana.
– Francie, tengo que hablar con los dos.
Francesca agarro la sabana mas fuerte y murmuro algo en espanol sobre una oficina de correos que estaba en la vuelta de la esquina. Dallie rio entre dientes.
– Vamos, Francie, se que eres tu -dijo Holly Grace-.Tu ropa interior esta desparramada por todo el suelo…
Francesca no vio ninguna salida elegante. Con tanta dignidad como fue posible, bajo la sabana a su barbilla y miro airadamente a Holly Grace, que se sentaba en el borde de la cama llevando unos vaqueros viejos y una camisa tambien vaquera.
– ?Que es lo que quieres? -exigio-. Durante tres dias has rechazado hablarme. ?Po que tienes que elegir precisamente este momento para hablarme?
– Necesitaba tiempo para pensar.
– ?No podias haber escogido un lugar mas apropiado para buscarme? -pregunto Francesca.
A su lado, Dallie se apoyaba contra el cabecero, bebiendo a sorbos el cafe de Holly Grace, completamente relajado. Francesca se sentia en desventaja estando acostada y ellos sentados. Doblando la sabana bajo los brazos, se trago la verguenza y se sento tambien.
– ?Quieres un sorbo? -le pregunto Dallie, ofreciendole la taza de cafe.
Ella se retiro el pelo de la cara y se lo agradecio con exagerada cortesia, determinada a guardar la
