?No se tomaban estos americanos rurales el mas breve momento para pensar antes de abrir la boca?.

– Realmente, era uno de esas peliculas horribles acerca de…-se sentia enferma solo de decir la palabra-. Vampiros.

– ?Estas de broma! -la admiracion de Skeet era evidente-. ?Conoces a Vincent Price?

Francesca apreto sus ojos cerrados un momento y entonces los volvio a abrir.

– No he tenido el placer.

Skeet golpeo a Dallie en el hombro.

– ?Recuerdas al viejo Vincent cuando hizo Hollywood Square's? A veces su esposa trabajaba con el. ?Cual era su nombre? Era una de esas actrices inglesas extravagantes, tambien. Quiza Francie lo sepa.

– Francesca -chasqueo ella-. Detesto que me llamen de otra manera.

Skeet se echo hacia atras en el asiento y ella se dio cuenta de que lo habia ofendido, pero no le importo. Su nombre era su nombre, y nadie tenia el derecho a alterarlo, especialmente no hoy cuando su asidero en el mundo parecia tan precario.

– ?Entonces, que planes tienes ahora? -pregunto Dallie.

– Volver a Londres tan pronto como me sea posible -penso en Miranda Gwynwyck, en Nicky, en la imposibilidad de continuar como ella era-. Y me casare.

Sin darse cuenta de ello, habia tomado su decision, lo hizo porque no podia ver otra alternativa. Despues de lo que habia aguantado durante las pasadas veinticuatro horas, verse casada con un cervecero rico no le parecia un destino tan terrible. Pero ahora que las palabras se habian dicho, se sentia deprimida en lugar de aliviada.

Otra horquilla se le cayo; esta se quedo atascada en un rizo. Eso la distrajo de sus pensamientos sombrios pidiendole a Skeet su bolso cosmetico. El se lo paso hacia adelante sin una palabra. Ella lo acomodo en los dobleces de su falda y abrio la tapa.

– Dios mio… -casi lloro cuando vio su cara.

?Su maquillaje de ojos parecia grotesco en la luz natural, su lapiz de labios era inexistente, el pelo le caia de cualquier manera, y estaba sucia!

?Nunca en todos sus veintiun anos la habia visto con ese aspecto un hombre que no fuera su peluquero, tenia que intentar recomponerse, hasta parecerse a la persona que era!

Asiendo una botella de locion limpiadora, se puso a trabajar para reparar el lio. Cuando el maquillaje pesado salio, sentia una necesidad de distanciarse de los dos hombres, para hacerlos entender que ella pertenecia a un mundo diferente.

– Honestamente, estoy horrible. Este viaje entero ha sido una pesadilla absoluta.

Se quito las pestanas postizas, humedecio los parpados, y aplico un marcador para quitar el polvo, junto con sombra gris y un toque suave de rimel.

– Normalmente utilizo un rimel aleman maravilloso llamado Ecarte, pero la criada de Cissy Kavendish, una mujer realmente imposible de las Antillas, se olvido de empacarlo, asi que me las arreglo con una marca inglesa.

Ella sabia que hablaba demasiado, pero no parecia ser capaz de parar. Cojio una brocha de Kent sobre un colorete color cafe y dio sombra el area tenuamente bajo sus pomulos.

– Daria todo por una buena limpieza facial en este momento. Hay un lugar maravilloso en Mayfair que utiliza calor termico y todo tipo de cosas increiblemente milagrosas que combinan con el masaje. Lizzy Arden hace la misma cosa.

Perfilo rapidamente los labios con un lapiz, los lleno de brillo beige rosaceo, y verifico el efecto general. No era tremendo, pero por lo menos casi se parecia a ella misma otra vez.

El silencio creciente en el coche la hacia sentirse inquieta, asi que se propuso hablar para llenarlo.

– Es siempre dificil cuando estas en Nueva York tratar de decidir entre Arden y Janet Sartin. Naturalmente, hablo acerca de Janet Sartin de la Avenida Madison. Pienso, que puedes ir a su salon en el Parque, pero no es exactamente lo mismo, ?entendeis?

Todo era silencio.

Finalmente, Skeet hablo.

– ?Dallie?

– ?Uh-huh?

– ?Piensas que ya esta hecha?

Dallie se quito sus gafas de sol y las puso dobladas en el salpicadero.

– Tengo el presentimiento que le falta aun un hervor.

Ella le miro, avergonzada de su propia conducta y enojada con ellos. ?No podian ver que tenia el dia mas miserable de su vida, y no podian intentar hacer las cosas un poco mas facil para ella?

Odiaba el hecho de que el no pareciera impresionado con ella, odiaba el hecho que el no tratara de impresionarla el mismo. De alguna manera extrana que ella no podia definir exactamente, su falta del interes parecia desorientarla mas que todo lo demas que le habia sucedido.

Ella volvio su atencion al espejo y empezo a quitarse los alfileres del pelo, amonestandose silenciosamente por preocuparse de la opinion de Dallas Beaudine. En cualquier momento llegarian a la civilizacion.

Llamaria a un taxi para llevarla al aeropuerto de Gulfport y haria una reserva para el proximo vuelo a Londres. De repente recordo su avergonzante problema financiero y entonces, rapidamente, encontro la solucion. Llamaria simplemente a Nicholas y que le envie el dinero para su billete de avion.

Sentia la garganta abrasiva y seca, y tosio.

– ?Podrias cerrar las ventanillas? Este polvo es espantoso. Y querria realmente algo de beber -miro una pequena nevera de espuma de poliestireno detras-. ?Hay alguna posibilidad que lleve en esa bolsa una botella de Perrier de lima, bien fresca?

Un momento de embarazoso silencio lleno el interior del Riviera.

– Lo sentimos, Senora, nosotros estamos frescos ya -dijo Dallie finalmente-. Creo que el viejo Skeet termino la ultima botella despues que hicimos ese atraco en la tienda de licores de Meridian…

Capitulo 8

Dallie era el primero en admitir que no siempre trataba bien a las mujeres. A veces era culpa de el, pero otras veces era de ellas. Le gustaban las mujeres del sur, mujeres alegres, mujeres viles. Le gustaban las mujeres con las que podia beber, las mujeres que podian decir chistes sucios sin bajar sus voces, que se beberian sin ningun problema una jarra de cerveza, que se pusiese la servilleta arriba y pusiera a Waylon Jennings en la maquina de discos…

Le gustaban las mujeres que no se movian a su alrededor con lagrimas y argumentos porque el pasaba todo su tiempo golpeando cien pelotas con su madera-tres en el campo de practicas en lugar de llevarla a un restaurante que sirviera caracoles. Le gustaban las mujeres, de hecho, que tuvieran gustos similares a los hombres. Solo que hermosas. Porque, mas que nada, Dailie amaba a las mujeres hermosas. Las modelos falsamente hermosas, con toda esa constitucion y esos cuerpos huesudos de chicos, pero atractivamente hermosas.

Le gustaban los pechos y las caderas, los ojos chispeantes y los labios sonrientes. Le gustaban las mujeres que el podia adorar y dejarlas marchar. Asi es como el era, y era raro que no consiguiera a la mujer por la que tenia interes. Pero Francesca Day seria la excepcion. Ella hacia que la mirara simplemente porque estaba alli.

– ?Ves esa gasolinera? -pregunto Skeet, sonando feliz por primera vez en kilometros.

Francesca miro hacia adelante y rezo una silenciosa oracion de accion de gracias cuando Dallie aminoro la velocidad. No es que hubiera creido realmente ese cuento acerca del atraco a la tienda de licores, pero tenia que ir con cuidado.

Se pararon delante de un edificio de madera desvencijado pelado de pintura y con un letreo escrito a mano 'Live Bate' con un signo inclinado contra un surtidor oxidado. Una nube de polvo entro por la ventanilla del coche cuando las llantas hicieron crujir la grava. Francesca sentia como si hubiera viajado por siglos; tenia una tremenda sed, se estaba muriendo de hambre, y tenia que utilizar el retrete.

– Fin de trayecto -dijo Dallie, apagando el motor-. Habra un telefono dentro. Puedes llamar a uno de tus

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