1,85, y quitaba absolutamente el aliento.
Debe ser verdad, penso ella desenfrenadamente, lo que todos decian acerca de las pildoras de vitaminas americanas.
– El maletero va lleno, asi que voy a meter tus cosas en el asiento de atras con Skeet.
– Esto es poca cosa. En cualquier parte cabra.
Cuando el anduvo hacia ella, le lanzo una brillante sonrisa. No podia ayudarle; la respuesta era automatica, estaba programada en sus genes Serritella. No estaba en las mejores condiciones para conocer a un hombre tan espectacular, aunque el fuera un campesino de un lugar remoto, y eso de repente le parecio mas doloroso que las ampollas de sus pies.
En ese momento hubiera dado todo lo que tenia por poder pasarse media hora delante del espejo con su bolso cosmetico y llevar el vestido de lino blanco de Mary Mcfadden que ahora colgaria en alguna percha de la tienda de segunda mano de Picadilly junto a su maravilloso pijama azul.
El se paro a su lado y miro fijamente hacia abajo de ella.
Por primera vez desde que dejo Londres, ella se sentia como si hubiera llegado a territorio conocido. La expresion en su cara le confirmo un hecho que habia descubierto hacia mucho tiempo… los hombres eran hombres en cualquier parte del mundo.
Ella miro hacia arriba con ojos inocentes y resplandecientes.
– ?Algo va mal?
– ?Siempre haces eso?
– ?Hago que? -el hoyuelo en la mejilla se profundizo.
– Hacerle proposiciones a un hombre menos de cinco minutos despues de conocerlo.
– ?Proposiciones! -ella no podia creer lo que habia oido, y exclamo indignadamente-, ciertamente no te estoy haciendo proposiciones.
– Dulzura, si esa sonrisa no era una proposicion, entonces no se lo que es -el recogio los bultos y los llevo al otro lado del coche-. Normalmente yo no tengo inconveniente en, ya sabes, pero me indigna esta actitud tuya tan temeraria de darme tus encantos cuando estas en medio de ninguna parte con dos hombres extranos que quizas sean unos pervertidos, y no lo puedes saber.
– ?Mis encantos! -ella dio un pisoton fuerte con el pie en el suelo.- ?Vuelve a poner esas maletas en el suelo en este momento! No me iria contigo a ninguna parte aunque mi vida dependiera de ello.
El echo un vistazo alrededor a los pinos y la carretera desierta.
– El paisaje es bonito, y seguramente podrias pasar la noche por aqui.
Ella no sabia que hacer. Necesitaba ayuda, pero su conducta era insufrible, y odiaba la idea de degradarse entrando en el coche. El tomo la decision por ella cuando abrio la puerta trasera y empujo bruscamente el equipaje con Skeet.
– Ten mucho cuidado con eso -pidio ella, llegando hasta el coche-. ?Son Louis Vuitton!
– Has recogido a una miembro de la realeza esta vez, Dallie -murmuro Skeet desde detras.
– No me lo digas, lo se -contesto Dallie. El subio detras del volante, cerro de golpe la puerta, y asomo la cabeza por la ventanilla para mirarla-. Si quieres conservar tu equipaje, dulzura, mas vale que subas rapido, porque en exactamente diez segundos arranco este viejo Riviera y me pongo en camino, y en breves instantes no seras mas que un recuerdo lejano.
Francesca dio la vuelta al coche cojeando y abrio la puerta del copiloto, luchando por contener las lagrimas. Se sentia humillada, asustada, y, ademas de derrotada, impotente. Una horquilla se deslizo hacia abajo por su nuca y cayo en la tierra.
Desgraciadamente, su frustracion empezaba apenas. El ruedo de su falda, descubrio rapidamente, no habia sido disenada para entrar en un automovil moderno.
Se nego a mirar a cualquiera de sus rescatadores para ver como ellos reaccionaban ante sus dificultades, finalmente metio el trasero en el asiento y reunio el volumen poco manejable de la falda en su regazo como mejor pudo.
Dallie libero la palanca de cambios de un derrame de mirinaques.
– ?Siempre te vistes de esta forma tan comoda?
Ella le miro, abriendo la boca para darle unas de sus famosas e ingeniosas replicas solo para descubrir que no tenia nada que decir. Viajaron durante un tiempo en silencio mientras ella miraba fijamente hacia adelante, sus ojos apenas se separaban de la cima de su montana de faldas, con el permanente corpino clavado en la cintura.
A pesar de tener que estar agradecida por tener en descanso los pies, su posicion hacia la constriccion del corse aun mas intolerable. Trato de respirar hondo, pero los senos subieron de modo tan alarmante que se conformo con inspiraciones superficiales en su lugar.
Si estornudara, seria un autentico espectaculo.
– Soy Dallas Beaudine -dijo el hombre detras del volante-. La gente me llama Dallie. El de atras es Skeet Cooper.
– Francesca Day -contesto ella, permitiendo que su voz sonara con un pequeno y leve deshielo. Tenia que recordar que los americanos eran notoriamente informales. Conductas que en Inglaterra se considerarian groseras eran normales en Estados Unidos. Ademas, no se podia resistir a poner a este pueblerino magnifico por lo menos parcialmente de rodillas. Era algo en lo que era buena, algo que seguramente no le fallaria en este dia que todo se habia deshecho.
– Le estoy muy agradecida por rescatarme -dijo, sonriendole con coqueteria-. Lo siento, pero he estado rodeada de bestias estos ultimos dias.
– ?Tienes inconveniente en decirnos que te ha ocurrido? -pregunto Dallie-. Skeet y yo hemos estado viajando muchos kilometros ultimamente, y nos cansamos de conversar el uno con el otro.
– Bien, es todo bastante ridiculo, realmente. Miranda Gwynwyck, una mujer perfectamente odiosa, su familia es cervecera, sabes, me persuadio para salir de Londres y aceptar un papel en una pelicula que estan rodando en la plantacion de Wentworth.
La cabeza de Skeet subio arriba apenas detras de su hombro izquierdo, y sus ojos se llenaron de curiosidad.
– ?Eres una estrella de cine? -pregunto-. Hay algo en ti que me resulta familiar, pero no se exactamente donde te he visto antes.
– No realmente -ella penso acerca de mencionarle a Vivien Leigh, pero decidio no molestarse.
– ?Ya lo tengo! -exclamo Skeet-. Sabia que te habia visto en algun sitio. Dallie, nunca adivinarias quien es.
Francesca le miro cautelosamente.
– ?Tenemos aqui a 'La Inconsolable Francesca! -declaro Skeet con un ululato de la risa-. Sabia que te conocia. Te acuerdas, Dallie. La que salia con todas esas estrellas de cine.
– No bromees -dijo Dallie.
– Como… -empezo Francesca, pero Skeet la interrumpio.
– Oye, siento mucho lo que le paso a tu mama y ese taxi.
Francesca lo miro fijamente en silencio.
– Skeet es un lector compulsivo de tabloides -explico Dallie-. Hasta hace no mucho yo tambien los leia, pero hacian que pensara demasiado en el poder de las comunicaciones masivas. Cuando yo era un nino, solo teniamos para leer un viejo libro azul de geografia, y el primer capitulo se llamaba 'Nuestro Mundo que se Encoge.' ?Eso casi lo dice todo, no? ?Tenias tu libros de geografia como ese en Inglaterra?
– Yo… no lo creo -contesto debilmente. Paso un momento de silencio y ella tuvo la terrible sensacion que ellos quiza estaban esperando que les contara detalles de la muerte de Chloe. El hecho de compartir algo tan intimo con unos extranjeros la horrorizo, asi que volvio rapidamente al tema del que hablaban antes como si no la hubieran interrumpido.
– Vole a traves del mundo, pase una noche absolutamente miserable en uno de los alojamientos mas horribles que podais imaginar, y fui obligada a llevar este vestido absolutamente horroroso. Entonces descubri que habia tergiversado el papel para mi.
– ?Una peli porno? -pregunto Dallie.
– ?Ciertamente no! -exclamo ella.
