estaba con Dallie Beaudine.
Si solamente el no fuera tan imposiblemente magnifico, y ademas de que obviamente no estaba impresionado con ella. La enfurecia… Y era irresistible. Nunca se habia marchado de un desafio en cuanto a un hombre concernia, y le reventaba tener que marcharse de este.
El sentido comun la dijo que tenia problemas mas grandes para preocuparse, pero su lado visceral le decia que si ella no podia lograr atraer la admiracion de Dallie Beaudine es que habria perdido un trozo de si misma.
Cuando termino su soda de chocolate, penso como obtener el dinero que necesitaba para su billete a casa. ?Por supuesto! La idea era tan absurdamente sencilla que deberia haber pensado en ello en seguida. Miro su maleta y fruncio el entrecejo al ver el rasguno en el lado.
Esa maleta habia costado algo asi como ciento dieciocho libras cuando la compro hacia menos de un ano. Abrio el neceser, rebusco para encontrar una sombra de ojos aproximadamente del mismo color que el cuero. Cuando lo encontro, destornillo la tapa y suavemente tapo ligeramente el rasguno. Era todavia debilmente visible, pero se sentia satisfecha que solo una inspeccion cercana revelaria el desperfecto.
Con ese problema resuelto y el aeropuerto a la vista, ella volvio sus pensamientos a Dallie Beaudine, tratando de entender su actitud hacia ella. El verdadero problema, la unica razon de que todo iba tan mal entre ellos, era que el era tan guapo. Esto temporalmente lo habia puesto en una posicion superior.
Ella permitio que los parpados se le cerraran y conjugara en su mente una fantasia en la que ella apareceria bien descansada, el pelo frescamente arreglado en rizos brillantes castanos, vestida impecable, con ropa maravillosa. Ella lo tendria a sus pies en segundos.
La discursion actual, en lo que parecia ser una conversacion progresiva entre Dallie y ese companero horrible suyo, la distrajo de su ensueno.
– Yo no se por que estas tan empenado en llegar a Baton Rouge esta noche -Skeet se quejo-. Hemos planificado todo el dia para llegar manana a Lake Charles con tiempo para tu ronda el lunes por la manana. ?Que diferencia hace una hora extra?
– La diferencia es que no quiero pasar ningun tiempo mas en conducir el domingo.
– Conducire yo. Es solo una hora extra, y esta ese agradable motel donde permanecimos el ano pasado. ?No tienes ningun perro ni algo que verificar alli?
– ?Desde cuando este maldito interes tuyo por mis perros?
– ?Un perro callejero pequeno mono con una lunar negro sobre un ojo, no era ese? Creo que tenia una pata mala.
– Ese estaba en Vicksburg.
– ?Estas seguro?
– Por supuesto que estoy seguro. Escucha, Skeet, si quieres pasar esta noche en Nueva Orleans para pasarte por el Blue Choctaw y ver a esa camarera pelirroja, por que no lo dices de una vez, y dejas de marear la perdiz, hablando de perros y patas malas como un maldito hipocrita.
– Yo no he dicho nada acerca de una camarera pelirroja ni de querer ir al Blue Choctaw.
– Si. Bien, yo no voy contigo. Ese lugar es una invitacion a la pelea, especialmente el sabado por la noche. Las mujeres se parecen a las luchadoras en el barro y los hombres son peores. No me rompieron una costilla de milagro la ultima vez que estuve alli, y he tenido suficiente bronca por un dia.
– Te dije que la dejaras con el tipo de la gasolinera, pero no me escuchaste. Tu nunca me escuchas. Como el jueves pasado. Te dije que la distancia hasta el green era de ciento treinta y cinco metros; lo habia medido bien, y te lo dije, pero me ignoraste y cojiste el hierro-ocho como si no hubieras oido de lo que te decia una palabra.
– ?Quieres hacer el favor de callarte, si? ?Ya te dije entonces que me habia equivocado, y tambien te lo repeti el dia siguiente, y me lo recuerdas dos veces al dia desde entonces, asi que ya callate!
– Eso es una artimana de novato, Dallie, no confiar en tu caddy para el metraje. A veces pienso que pierdes los torneos deliberadamente.
– ?Francie? -dijo Dallie por encima del hombro-. ?No te gustaria contarme otra historia fascinante sobre el rimmel en este momento?
– Lo siento -dijo dulcemente-. No me apetece. Ademas, no se me permite hablar. ?Recuerdas?
– Supongo que es lo mejor -suspiro Dallie, dirigiendose a la terminal principal del aeropuerto. Con el motor en marcha todavia, el salio del coche y le abrio su puerta.
– Bien, Francie, no puedo decir que no ha sido interesante-. Despues que ella dio un paso fuera, el alcanzo en el asiento de atras sus maletas y las dejo a su lado en la acera.
– Buena suerte con tu novio, con el principe y con todos esos otros derrochones que corren a tu alrededor.
– Gracias -dijo ella tensamente.
El mastico varias veces su chicle y sonrio.
– Buena suerte con esos vampiros, tambien.
Ella contraresto su mirada divertida con una de helada dignidad.
– Adios, Sr. Beaudine.
– Adios, Senorita Francie Pants.
El habia tenido la ultima palabra. Se paro delante de la terminal y encaro el hecho innegable que el magnifico paleto habia ganado el punto final en un juego que ella habia inventado.
Un analfabeto, probablemente ilegitimo, pueblerino de campo habia aventajado, y ganado mas puntuacion que la incomparable Francesca Serritella Day.
Noto que su espiritu se rebelaba a tamano natural, y levanto la mirada hacia el, con ojos que hablaban de los volumenes en la historia de la literatura prohibida.
– Que pena que no nos hayamos encontrado en una situacion diferente, su boca perfecta se curvo en una sonrisa malvada.
– Estoy segurisima que tendriamos toneladas de cosas en comun.
Y entonces se alzo de puntillas, se apoyo en el pecho, y levanto sus brazos hasta rodearle el cuello, en ningun momento perdiendo de vista sus ojos. Inclino hacia arriba su cara perfecta y ofrecio su boca suave como un caliz enjoyado.
Suavemente el bajo la cabeza con las palmas de ella en su pecho, ella coloco los labios sobre los suyos y entonces lentamente los abrio para que Dallie Beaudine pudiera tomar una bebida larga e inolvidable.
El lo hizo sin vacilar. Lo hicieron de una manera tan normal como si lo hicieran continuamente, uniendo la pericia que el habia ganado con el paso de los anos y con toda su experiencia.
El beso era perfecto, caliente y atractivo, dos profesionales demostrando lo que hacian mejor. Ellos eran demasiado experimentados para golpear dientes, aplastar narices o hacer cualquiera de esas otras cosas dificiles que hombres y mujeres con menos practica son propensos a hacer.
La Amante de la Seduccion habia encontrado al Maestro, y a Francesca sintio la experiencia mas perfecta que habia sentido jamas, completandose con la carne de gallina y una debilidad encantadora en las rodillas, un beso espectacularmente perfecto hecho aun mas perfecto por el conocimiento que ella no pensaba un momento en las dificiles repercusiones de prometer implicitamente algo que luego no tenia intencion de entregar.
La presion del beso se acabo, y ella deslizo la punta de la lengua por el labio inferior. Entonces lentamente se empezo a alejar.
– Adios, Dallie -dijo suavemente, sus ojos de gato brillando traviesamente mientras le miraba-. Llamame la proxima vez que vayas a Cap Ferret
Justo un momento antes de marcharse, ella tuvo el placer de ver una expresion levemente desconcertada en su magnifica cara.
– Deberia estar ya acostumbrado -decia Skeet cuando Dallie se puso detras del volante-. Deberia estar acostumbrado, pero no lo estoy. Ellas caen continuamente encima de ti. Las ricas, las pobres, las feas, las extravagantes. Es igual. Estan tras de ti como las palomas buscadoras que vuelan para posarse y dormir. Tienes lapiz de labios en la boca.
Dallie se paso la mano sobre la boca y miro hacia abajo la palida mancha.
– Definitivamente, importada -murmuro.
Apenas dentro de la puerta de la terminal, Francesca miro como el Buick se alejaba y suprimio una punzada
