Skeet se giro hacia el.
– ?Oiste la manera rara que tiene de decir bastardo? Como 'bah-tardd.' Yo no lo puedo decir de la manera como ella lo dice. Verdaderamete raro.
– Si. Ese acento extravagante suyo seguro que logra enroscar a algun americano incauto.
El chapoteo en la piscina comenzo gradualmente a ir mas despacio.
– ?Vas a tirarte y salvarla antes de que acabe el siglo? -pregunto Skeet.
– Supongo que sera lo mejor. A menos que quieras hacerlo tu.
– Demonios no, yo voy a acostarme.
Skeet se volvio para irse a su puerta, y Dallie se sento al borde de una tumbona para quitarse las botas. Miro un momento a ver si ella seguia luchando, y cuando juzgo el tiempo suficiente, ando sobre la orilla y se zambullo.
Francesca se habia dado cuenta de las pocas ganas que tenia de morir. A pesar del fiasco de la pelicula, de su pobreza, de la perdida de todas sus posesiones, era aun demasiado joven para morir.
Su vida entera desfilo ante ella. Pero cuando el peso atroz del agua presiono sobre ella, entendio lo que sucedia. Sus pulmones y sus extremidades no respondian ya a sus ordenes. Se moriria, cuando apenas habia empezado a vivir.
?De repente algo la agarro alrededor del pecho y empezo arrastrarla hacia arriba, acabando con su sufrimiento, no permitiendola que se ahogara, llevandola a la superficie, salvandola!
Al emerger su cabeza, los pulmones cogieron aire. Inspiro, tosiendo y agarrandose al cuello de Dallie con los brazos temiendo que la soltara de nuevo, sollozando y llorando con la pura alegria de estar todavia viva.
Sin darse cuenta de como habia sucedido, se encontro tumbada en la plataforma, sin los ultimos trozos de su blusa que permanecia en el agua. Pero aun cuando ella sentia la superficie concreta solida bajo ella, no permitia que Dallie se fuera.
Cuando finalmente pudo hablar, su discurso salio en boqueadas estranguladas pequenas.
– Yo nunca te perdonare… Te odio…
Ella se adhirio a su cuerpo, se pego a su pecho desnudo y puso sus brazos alrededor de los hombros, estaba tan apretada a el como no habia estado a nadie en su vida.
– Yo te odio -se estrangulo de nuevo-. No has dejado que me ahogara.
– ?Pensaste que no salias de esta, eh, Francie?
Pero ella estaba contestando mas alla. Todo lo que ella podia hacer era agarrarse de nuevo a la vida. Lo siguio cuando volvieron a la habitacion del motel, lo siguio mientras el hablaba con el director que los esperaba, lo siguio mientras buscaba su neceser entre los destrozos, sin soltarlo, y la llevo a otra habitacion.
El se inclino para echarla en la cama.
– Puedes dormir aqui…
– ?No! -la sensacion de panico volvia.
El trato de abrir con una mano sus brazos del cuello.
– Aw, anda, Francie, son casi las dos de la manana. Quiero dormir un poco antes que tenga que levantarme.
– ?No, Dallie!
Ella lloraba ahora, mirando directamente con llanto esos ojos azules como los de Paul Newman.
– No te vayas. Se que me dejaras si te permito ir. Me despertare manana y ya no estaras y yo no sabre que hacer.
– No me marchare sin antes hablar contigo -dijo el finalmente, liberando sus brazos de su cuello.
– ?Me lo prometes?
El le quito las sandalias empapadas de Bottega Veneta, que habian permanecido milagrosamente en pie, y las echo al suelo, junto con la camiseta seca que habia traido con el.
– Si, te lo prometo.
Aunque el le habia dado su palabra, sono reacio, y ella hizo un sonido inarticulado pequeno de la protesta cuando el salio por la puerta.
?No prometia ella todo tipo de cosas y luego se olvidaba inmediatamente de cumplirlas? ?Como sabia ella que el no haria lo mismo?
– ?Dallie?
Pero el ya se habia ido.
En algun lugar ella encontro la energia suficiente para quitarse los vaqueros y la ropa interior mojada, dejandolos caer en un monton al lado de la cama antes de deslizarse bajo las sabanas.
Puso la cabeza mojada en la almohada, cerro los ojos, y un instante antes de dormirse penso si no hubiera sido mejor que Dallie la hubiera dejado en el fondo de la piscina.
Su sueno era profundo y duro, pero se desperto apenas cuatro horas despues cuando las primeras luces del alba entraban tras las pesadas cortinas.
Tirando de las sabanas, salto inestablemente de la cama y fue desnuda hacia la ventana, cada musculo de su cuerpo le dolia. Solo despues de correr las cortinas y mirar fuera al dia que se avecinaba triste y lluvioso su estomago se estabilizo.
El Riviera estaba todavia alli.
El corazon empezo a latirle a un ritmo normal, y avanzo lentamente hacia el espejo, haciendo instintivamente lo que ella habia hecho cada manana de su vida que pudiera recordar, saludando su imagen para asegurarse de que el mundo no habia cambiado durante la noche, que daba vueltas todavia en una pauta predestinada alrededor del sol y de su propia belleza.
Y dejo salir un grito estrangulado de desesperacion.
Si hubiera dormido algo mas, podria haber manejado el golpe mejor, pero en ese momento, apenas pudo comprender lo que vio.
Su hermoso pelo colgaba en esteras enredadas alrededor de su cara, un rasguno largo estropeaba la curva elegante del cuello, las magulladuras eran visibles en su carne, y su labio inferior… su labio inferior perfecto… estaba feamente hacia arriba.
Asustada y dolida, se apresuro a su neceser e hizo inventario de sus posesiones restantes: una botella tamano viaje de gel de bano de Rene Garraud, la pasta dentifrica (sin cepillo de dientes), tres lapices de labios, su sombra de ojos melocoton, y la inutil caja de pildoras anticonceptivas que la criada de Cissy se habia empenado en echar.
Tambien habia dos sombras mas, una cartera de piel de lagarto y un atomizador de Femme. Esos, junto con la camiseta destenida azul que Dallie habian tirado en el suelo la noche antes y el pequeno monton de ropas empapadas tiradas, eran sus posesiones… todo lo que le quedaba en el mundo.
La enormidad de sus perdidas era demasiado devastadora para comprenderlo, asi que se apresuro a la ducha donde hizo todo lo que pudo con una botella marron del champu del motel. Entonces utilizo los pocos cosmeticos que le quedaban para tratar de reconstruir a la persona que una vez fue. Despues de ponerse sus incomodos vaqueros empapados y sus sandalias mojadas, se puso Femme bajo sus brazos y se puso la camiseta de Dallie.
Miro hacia abajo en la palabra escrita en blanco en el seno izquierdo y se pregunto que seria AGGIES. Otro misterio, otro nombre desconocido para hacerla sentirse como una intrusa en una tierra extrana. ?Por que nunca se sintio asi en Nueva York? Sin cerrar sus ojos, podria verse apresurandose por la Quinta Avenida, cenando en La Caravelle, andando por el vestibulo del Pierre, y cuanto mas pensaba en el mundo que habia dejado atras, mas desconcertada se sentia con el mundo en el que habia entrado.
Un golpe sono, y se peino rapidamente con los dedos, no atreviendose a lanzarse otra mirada en el espejo.
Dallie se apoyo contra el marco de puerta, llevando una cazadora azul celeste bordada, y unos vaqueros gastados con un agujero deshilachado en una rodilla. Tenia el pelo humedo y rizado arriba en las puntas. Era un color destenido, penso de forma despreciativa, no verdaderamente rubio. Y necesitaba un corte realmente bueno. Necesitaba tambien un guardarropa nuevo.
Los hombros le tiraban en las costuras de la cazadora; y sus vaqueros habrian deshonrado a un mendigo de Calcuta.
Era inutil. Por mucho que claramente ella viera sus desperfectos, por mas que necesitara reducirlo a lo
