ordinario ante sus propios ojos, era todavia el hombre mas imposiblemente magnifico que habia visto jamas.
El puso una mano contra el marco de puerta y miro hacia abajo, a ella.
– Francie, desde ayer, he estado tratando de hacerte ver de muchas maneras que no estoy interesado en escuchar tu historia, y como no quiero seguir con este infierno de problema que tengo de no poder deshacerme de ti, cuentamela ahora -tras decir eso, entro en el cuarto, se sento en una silla y puso las botas al borde de la mesa-. Me debes por los desperfectos doscientos machos cabrios.
– Doscientos…
– Hiciste un buen trabajo en esa habitacion anoche, se recosto en la silla hasta que solo las patas traseras estaban en el suelo-. Una television, dos lamparas, unos cuantos craters en el Pladur, un cristal de un cuadro de cinco por cuatro. La suma total ascendia a quinientos sesenta dolares, y eso era porque prometi al director que jugaria dieciocho hoyos con el la proxima vez que viniera por aqui. Solo parecia haber trescientos en tu cartera…y puse yo el resto para cubrirlo.
– ?Mi cartera? -casi rompio las asas del neceser al abrirlo-. ?Miraste en mi cartera! ?Como pudiste hacer algo asi? Esa es mi propiedad. Nunca debiste hacerlo…
Cuando saco la cartera, las palmas de sus manos estaba tan humedas como sus vaqueros. La abrio y miro dentro. Cuando finalmente pudo hablar, su voz era apenas un murmullo.
– Esta vacia. Has cogido todo mi dinero.
– Cuentas que hay que pagar demasiado rapido a menos que quieras vertelas en un calabozo de un cuartel local.
Ella se doblo sobre si misma sentada en el borde de la cama, su sentido de la perdida la agobiaba tanto que su cuerpo parecia entumecerse.
Habia tocado fondo. Justo en este instante. Habia perdido todo…cosmeticos, las ropas, lo ultimo de su dinero. No le quedaba nada. El desastre que habia estado fraguandose desde la muerte de Chloe finalmente lo tenia frente a frente.
Dallie cogio un boligrafo del motel que estaba encima de la mesa.
– Francie, yo no queria fisgar, pero pude advertir que no tenias tarjetas de credito metidas en esa cartera tuya…ni ningun billete de avion. Ahora, quiero oir que me dices rapidamente que tienes ese billete de vuelta a Londres guardado en algun lugar dentro de Sr.Vee-tawn, y que Sr. Vee-tawn esta guardado en una de esas veinte taquillas de cinco centavos en el aeropuerto.
Ella se abrazo el pecho y miro fijamente la pared.
– No se que voy a hacer -dijo con tono desanimado.
– Eres una persona adulta, y mas te vale que pienses algo rapido.
– Necesito ayuda -giro hacia el, implorando para hacerle entender-. No puedo manejar esto por mi misma.
Las patas delanteras de su silla golpearon al suelo.
– ?Ah, no, me parece que no! Este es tu problema, lady, y no trates de convencerme -su voz sono dura y aspera, no como el Dallie que se reia cuando la recogio a un lado de la carretera, o del caballero de brillante armadura que la rescato de cierta muerte en el Blue Choctaw.
– Si no quieres ayudarme -grito ella -no deberias haberte ofrecido a llevarme. Me podias haber dejado tirada, como todos los demas.
– Quiza mejor deberias empezar a pensar por que todos te dan de lado.
– ?La culpa no es mia, no lo ves? Son las circunstancias -comenzo a contarle su vida, empezando con la muerte de Chloe, hablando a borbotones para decirte todo antes que decidiera marcharse.
Le conto como habia vendido todo para pagar su billete, solo para darse cuenta que incluso si ella tuviera un billete, no podria volver posiblemente a Londres sin dinero, sin ropas, con las noticias de su humillacion en esa terrible pelicula de boca en boca y siendo el hazmerreir de todos.
Le dijo que tenia que permanecer en Estados Unidos, donde nadie la conocia, hasta que Nicky volviera de su sordida aventura con la matematica rubia y tuviera una oportunidad para hablar con el.
– Y por eso fui a buscarte al Blue Choctaw. ?Acaso no lo ves? No puedo volver a Londres hasta que sepa que Nicky estara en el aeropuerto esperandome.
– ?No me dijiste que era tu novio?
– Y lo es.
– ?Entonces por que tiene el una aventura con una matematica rubia?
– Estamos enfadados.
– Jesus, Francie…
Ella se apresuro a arrodillarse al lado de su silla y miro hacia arriba con el corazon en sus ojos.
– La culpa no es mia, Dallie. De verdad. La ultima vez que lo vi, tuvimos una espantosa rina simplemente porque rechace su propuesta de matrimonio -una gran alarma vino sobre la cara de Dallie y ella se dio cuenta de que habia interpretado mal lo que ella habia dicho-. ? No, no es lo que piensas! ?El se casara conmigo! Nosotros nos hemos peleado centenares de veces y siempre me lo propone otra vez. Es apenas un asunto de hablar con el por telefono y decirle que lo perdono.
Dallie sacudio la cabeza.
– Pobre hijo de puta.
Ella trato de fulminarle con la mirada, pero sus ojos estaban demasiado confusos, asi que se puso de pie y le dio la espalda, luchando por controlarse.
– Lo que necesito, Dallie, es alguna forma de aguantar aqui unas pocas semanas hasta que pueda hablar con Nicky. Pensaba que podrias ayudarme, pero anoche no me escuchaste y me hiciste enfadarme, y ahora me has quitado el dinero.
Ella se volvio hacia el, su voz apenas un sollozo.
– ?No lo ves, Dallie? Si hubieras sido apenas razonable, nada de esto habria sucedido.
– Maldita sea -las botas de Dallie golpearon el suelo-. ?Estas tratando de decirme que la culpa es mia, no? Jesus, odio a las personas como tu. De cualquier cosa que les sucede, intentan hacer parecer que la culpa es de los demas.
Ella salto.
– ?No tengo que escuchar esto! Todo lo que queria era un poco de ayuda.
– Y llevarte un pellizco de dinero en metalico.
– Puedo devolverte cada centavo en unas pocas semanas.
– Si Nicky te acoje de nuevo -el extendio las piernas otra vez, cruzando los tobillos-. Francie, no pareces darte cuenta de que soy un extranjero con ninguna obligacion hacia ti. Ya tengo suficiente trabajo cuidando de mi mismo, y estoy seguro que seria un infierno tenerte cerca, aun unas pocas semanas. Para decirte la verdad, ni siquiera me gustas.
Ella lo miro, la perplejidad pintada en su cara.
– ?No te gusto?
– Realmente no, Francie -su colera habia disminuido, y hablo calmamente y con tal obvia conviccion que ella supo que decia la verdad-. Eres guapa, cielo, harias un autentico embotellamiento de trafico con ese cuerpo tuyo, e incluso aunque ese pequeno cuerpo no fuera tan deseable, besas de primera. No puedo negar que tuve unos cuantos pensamientos rebeldes acerca de lo que tu y yo pudieramos haber sido capaces de hacer entre las sabanas, y si tuvieras una personalidad diferente puedo verme perdiendo la cabeza por ti en unas pocas semanas. Pero la cosa es, que no tienes una personalidad diferente, y la manera que tienes de ser es un conjunto de todas las cualidades malas en una mujer que jamas me haya encontrado, con ninguna cosa buena que anadirle.
Ella se sento en el borde de la cama, le dolian sus palabras.
– Ya veo -dijo casi sin voz.
El se paro y saco su cartera.
– No tengo mucho dinero a mano en este momento. Cubrire el resto de la cuenta del motel con la tarjeta y te dejare los cincuenta dolares que te quedan para ir tirando unos dias. Si te apetece algun dia devolverme lo que te he prestado, me lo envias a un apartado de correos a mi nombre en Wynette, Texas. Si no me lo devuelves, sabre que las cosas no llegaron a nada entre tu y Nicky, y seguro que pronto apareceran pastos mas verdes.
Con ese discurso, dejo la llave del motel en la mesa y salio por la puerta.
Estaba finalmente sola. Ella miro fijamente hacia abajo a una mancha oscura que se parecia a un mapa de
