– ?Dallie!
– Eres el colmo del consumismo, carino…el sueno de un publicista. ?Pondras pequenas iniciales doradas del disenador en el?
– Eso no es gracioso -dejo la botella de perfume de nuevo en el armario, y apreto fuertemente la toalla con su mano. Sentia la piel caliente por el desconcierto.
El sacudio la cabeza con un hastio que ella encontro insultante. -Anda, Francie, vistete. Dije que no lo haria, pero maldita sea.Te llevo conmigo esta noche.
– A que se debe este cambio tan magnanimo?
El giro y salio al dormitorio, hablando por encima del hombro.
– La verdad de ello es, querida es que si no te dejo que veas una porcion del mundo, temo que puedas hacerte verdadero dano.
Capitulo 12
The Cajun Bar & Grill era decididamente mejor que el Blue Choctaw, aunque todavia no era el tipo de lugar que Francesca habria escogido como el sitio para salir con sus amigos. Localizado cerca de diez kilometros al sur de Lake Charles, estaba situado al lado de una carretera de dos carriles en medio de ninguna parte.
Tenia una puerta mosquitera que golpeaba cada vez que alguien entraba y un ventilador chirriante de aspas con una hoja doblada. Detras de la mesa donde ellos se sentaban, un pez espada azul iridiscente habia sido clavado a la pared junto con un surtido de calendarios y un anuncio de la panaderia Evangeline Maid.
Los manteles individuales eran exactamente como Dallie los habia descrito, aunque se hubiera olvidado de mencionar los bordes dentados y la leyenda impresa en rojo bajo el mapa de Louisiana: 'El Pais de Dios.'
Una camarera bonita de pelo marron, con vaqueros y un top color burdeos, inspecciono a Francesca con una combinacion de curiosidad y envidia, para nada sana, y se giro hacia Dallie.
– Oye, Dallie. He oido que estas solo a un golpe del lider. Enhorabuena.
– Gracias, carino. Mi juego ha sido verdaderamente bueno esta semana.
– ?Donde esta Skeet? -pregunto.
Francesca miro inocentemente el azucarero de cromo y cristal colocado en el centro de la mesa.
– Algo no le sento bien al estomago, y ha decidido quedarse echado en el motel -Dallie lanzo a Francesca una mirada dura y le pregunto si queria algo de comer.
Una letania de alimentos maravillosos le paso por la cabeza… consome de langosta, pate de pato con pistachos, ostras barnizadas… pero ahora era mucho mas sabia de lo que lo habia sido cinco dias antes.
– ?Que me recomiendas? -pregunto a la camarera.
– Los perritos con chili estan buenos, pero los cangrejos de rio estan mejor.
?Que en el nombre de Dios eran los cangrejos de rio?
– Cangrejo de rio seria estupendo -dijo, rezando para que no fuera fritura-. ?Y podrias recomendarme algo verde para acompanarlo? Comienzo a preocuparme por el escorbuto.
– ?Quieres pastel 'llave de lima'?
Francesca miro a Dallie.
– ?Eso es un chiste, no?
El sonrio y se volvio a la camarera.
– Traele a Francie una ensalada grande, por favor, Maria Ann, y al lado de mi bistec me pones unos tomates en trozos. Trae tambien un plato de pan frito y algunos de esos pepinillos en vinagre que me pusiste ayer.
Tan pronto como la camarera se marcho, dos hombres acicalados y con camisas de polo se acercaron a su mesa. Era evidente por la conversacion que eran profesionales de golf que jugaban en el torneo con Dallie y que habian venido a ver a Francesca.
Se pusieron a cada lado de ella y no dejaron de decirle cumplidos mientras la ensenanaban como extraer la carne dulce del cangrejo de rio hervido que habian llevado en una gran fuente blanca. Se rio de todas sus historias, los halago igualmente, y, en general, los tuvo comiendo de su mano antes que se hubieran terminado la primera cerveza.
Se sentia maravillosa.
Dallie, mientras tanto, se ocupaba con un par de aficionadas de una mesa proxima, las dos dijeron que eran secretarias en una planta petroquimica de Lake Charles. Francesca miraba de reojo como hablaba con ellas, su silla inclinada atras sobre dos patas, la gorra azul marino puesta al reves sobre su rubia cabeza, la botella de cerveza apoyada sobre el pecho, y esa sonrisa perezosa que se extendia en su cara cuando una de ellas le decia algo subido de tono.
Poco despues, se lanzaron a una serie de nauseabundas expresiones relativas a su 'putter.'
Aunque Dallie y ella mantenian conversaciones separadas, Francesca comenzo a tener la sensacion que habia algun tipo de conexion entre ellos, que el era tan consciente de ella como ella lo era de el.
O quiza eran ilusiones. Su encuentro con el en el motel la habia conmocionado. Cuando se encontro en sus brazos, habia notado como desaparecia una barrera invisible, pero tal vez ya era tarde, aunque ella estuviera segurisima de querer hacerlo.
Tres musculosos granjeros arroceros a quien Dallie presento como Louis, Pat y Stoney arrastraron sus sillas para unirse a ellos. Stoney se puso en frente de Francesca y continuamente le llenaba el vaso con una botella de Chablis malo que uno de los golfistas habia pedido.
Coqueteo con el descaradamente, mirandole a los ojos con una intensidad que habia puesto a hombres mucho mas sofisticados de rodillas. El se removia en su silla, tirando inconscientemente del cuello de su camisa de algodon mientras trataba de actuar como si las mujeres hermosas coquetearan con el cada dia.
Finalmente los corrillos individuales de conversacion desaparecieron y todos se unieron en un solo grupo, empezando a contar historias graciosas que les habian pasado. Francesca se rio de todas sus anecdotas y bebio otro vaso de Chablis. Una neblina tibia inducida por el alcohol y un sentido general de bienestar la envolvia.
Se sentia como si los golfistas, las secretarias petroquimicas, y los granjeros arroceros fueran los mejores amigos que hubiera tenido jamas. El sentir la admiracion de los hombres, y la envidia de las mujeres renovaba la hundida confianza en si misma, y la presencia de Dallie a su lado la vigorizaba.
El los hizo reir con una historia acerca de un encuentro inesperado que tuvo con un caiman en un campo de golf de Florida, y quiso de repente poder contar tambien algo, una parte pequena de ella misma.
– Tengo una historia de animales -dijo, dirigiendose a sus nuevos amigos. Todos la miraron expectantes.
– Oh, chico -murmuro Dallie.
Ella no le hizo caso. Doblo un brazo en el borde de la mesa y compuso su mejor sonrisa deslumbrante del tipo
– Un amigo de mi madre habia abierto un nuevo y encantador alojamiento cerca de Nairobi…-empezo. Cuando vio una vaga vacuidad en varias caras, puntualizo-. Nairobi… en Kenia. Africa. Un grupo de amigos volamos hacia alli para pasar una semana. Era un lugar super. Una larga y encantadora galeria daba a una hermosa piscina, y nos sirvieron el mejor ponche que podais imaginaros.
Trazo con gestos elegantes con las manos una piscina y una fuente de ponche.
– El segundo dia alli, algunos de nosotros nos montamos en un Land Rover y nos marchamos fuera de la ciudad con nuestras camaras a tomar unas fotos. Hacia mas o menos una hora que llevabamos viajando cuando el conductor tomo una curva, no iba demasiado rapido, realmente… y un ridiculo jabali salto delante de nosotros.
Se detuvo para dar efecto.
– Bien, hubo un ruido tremendo cuando el Land Rover golpeo a la pobre criatura y la dejo tirada en la carretera. Todos saltamos fuera, por supuesto, y uno de los hombres, un violonchelista frances realmente odioso llamado Raoul.
Hizo girar sus ojos para que entendieran que tipo de persona era ese tan Raoul…
– Trajo su camara con el y tomo una fotografia de aquel pobre y feo animalejo en la carretera. ?Entonces, no recuerdo muy bien como, pero mi madre le dijo a Raoul, 'Seria graciosisimo si le hicieras una foto con la chaqueta de Gucci!.
