moteles, el dinero no significa nada a mi. No soy materialista. Para serte sincero, aunque me considero un verdadero patriota americano, soy bastante parecido a un marxista.

Ella se rio de eso, una reaccion que le dijo claramente que no gastaba demasiado tiempo en su compania.

– Estoy agradecida por la oferta, Dallie, pero a pesar de que adoraria volver, necesito permanecer en America un poco mas de tiempo. No puedo volver a Londres asi. Tu no conoces a mis amigos. Se lo pasarian en grande hablando sin parar de mi transformacion en una indigente.

El se recosto contra la camioneta.

– Que amigos mas agradables has dejado alli, Francie.

Sintio como si el hubiera golpeado con sus nudillos sobre una fibra sensible dentro de ella, una fibra que nunca se habia permitido saber que tenia.

– Vuelve dentro -dijo -voy a quedarme aqui fuera un ratito.

– Creo que no.

El giro su cuerpo hacia ella, para que su camiseta le rozara el brazo. Una luz amarilla salia por la puerta mosquitera y lanzo una sombra inclinada a traves de su cara, cambiando sutilmente sus facciones, haciendolo parecer mas viejo pero no menos esplendido.

– Creo que me gustaria que tu y yo hicieramos algo mas interesante esta noche, ?te parece?

Sus palabras produjeron un revoloteo incomodo en el estomago, pero su timidez en ese aspecto era tan parte de ella como los pomulos de Serritella.

Aunque una parte de ella quisiera salir corriendo y esconderse en los servicios del Cajun Bar & Grill, dijo con una sonrisa inocente e inquisitiva.

– ?Ah? ?Y de que se trata?

– ?Un pequeno revolcon, tal vez? -su boca se transformo en una sonrisa lenta, atractiva-. ?Por que no te subes al asiento del Riviera y nos ponemos en camino?

No queria subir al asiento delantero del Riviera.

O quiza si queria.

Dallie le producia unos sentimientos poco familiares a su cuerpo, una sensacion que hubiera estado feliz de aceptar si ella fuera una mujer que disfrutara con el sexo, una de esas mujeres que no tenia inconveniente en liarse con alguien y tener el sudor de otra persona sobre su cuerpo.

Todavia, incluso si quisiera, apenas podria retirarse ahora sin parecer una tonta. Cuando se dirigio hacia el coche y abrio la puerta, trato de convencerse de que si ella no sudaba, un hombre tan magnifico como Dallie puede que apenas lo hiciera.

Miro como el se dirigia a su puerta del Riviera, silbando de forma poco melodiosa y sacando las llaves de su bolsillo de atras. No parecia en absoluto preocupado. No habia ningun pavoneo de macho en su zancada, nada del engreimiento que habia advertido en el escultor de Marrakech antes de que la llevara a la cama.

Dallie actuaba de forma casual, como si acostarse con ella fuera algo cotidiano, como si no fuera importante, como si ella fuera uno mas de los miles de cuerpos femeninos que hubiera tenido.

El entro en el Riviera, puso el motor en marcha, y empezo a juguetear con el dial de la radio.

– ?Quieres musica country, Francie, o algo mas movidito? Maldicion. Me he olvidado de dar a Stoney ese pase para manana como le prometi-.

Abrio la puerta.

– Regresare en un minuto.

Ella lo miro andar a traves del parking y advirtio que el todavia no se movia con nada de prisa. La puerta mosquitera se abrio y los golfistas salieron. Se paro y hablo con ellos, metiendo un pulgar en el bolsillo trasero de sus vaqueros.

Uno de los golfistas dibujo un arco imaginario en el aire, y despues un segundo dibujo. Dallie sacudio la cabeza, haciendo una especie de simulacion del swing, y otra especie de arco imaginario con los brazos.

Ella se desplomo con desanimo en el asiento. Dallie Beaudine ciertamente no se parecia a un hombre consumido por una pasion desenfrenada.

Cuando finalmente volvio al coche, estaba tan mosqueada que ni lo miro. ?Eran las mujeres en su vida tan magnificas que ella era meramente una mas en esa multitud? Un bano lo arreglaria todo, se dijo cuando empezo a andar el coche.

Pondria el agua tan caliente como pudiera para llenar el cuarto de bano de vapor y la humedad formaria en su pelo esos pequenos y suaves rizos alrededor de su cara. Se pondria un toque de lapiz de labios y algun colorete, rociaria las sabanas con perfume, y cubriria una de las lamparas con una toalla para poner una luz tenue, y…

– ?Pasa algo malo, Francie?

– ?Por que lo preguntas?

– Estas tan pegada a la puerta que se te debe estar clavando la manija.

– Estoy bien asi.

El jugueteo con el dial de la radio.

– Como quieras. ?Asi que que deseas??Country o algo mas suave?

– Ninguna de las dos. Me apetece rock -tuvo una inspiracion repentina, y la puso en marcha-. Me ha encantado el rock desde que puedo recordar. Los Rolling Stones son mi grupo favorito. La mayoria de la gente no lo sabe, pero Mick escribio tres canciones para mi despues de que pasaramos algun tiempo juntos en Roma.

Dallie no parecio especialmente impresionado, asi que decidio embellecerlo un poco. A fin de cuentas, no era demasiado mentira, puesto que Mick Jagger le habia dicho una vez hola. Bajo su voz en un susurro, como confiandole un secreto.

– Estuvimos en un apartamento maravilloso con vista a la Casa Borguese. Todo fue absolutamente super. Tuvimos una intimidad completa, incluso hicimos el amor afuera en la terraza. No duro, por supuesto. El tiene un ego terrible… -no menciono a Bianca -y ademas conoci al principe.

Se detuvo.

– No, no es cierto. Sali primero con Ryan O'Neal, y fue mas tarde cuando sali con el principe.

Dallie la miro, se sacudio la cabeza de forma que parecia que se estaba sacando agua de los oidos, y continuo mirando la carretera.

– ?Quieres que hagamos el amor a la intemperie, no, Francie?

– Claro, ?no lo hacen la mayoria de las mujeres? -realmente, no podia imaginarse nada peor.

Viajaron varios kilometros en silencio. De repente tomo un desvio a la derecha y cogio un estrecho camino de tierra dirigiendose directamente a una zona con unos cipreses.

– ?Que haces? ?Adonde vas! -exclamo ella-. ?Da la vuelta al coche inmediatamente! Quiero volver al motel.

– Pienso que quizas te guste este lugar, con tu caracter aventurero sexual y todo eso -llego entre los cipreses y apago el motor.

El sonido de un extrano insecto le llegaba por la ventana abierta de su lado.

– Eso parece ser un pantano -gimio desesperadamente.

El miro por el parabrisas.

– Creo que tienes razon. Mejor no salimos del coche; la mayoria del los caimanes se alimentan de noche -se quito la gorra, la puso en el salpicadero, se giro hacia ella. Y espero expectante.

Ella se arrebujo un poco mas contra su puerta.

– ?Quieres hacerlo tu primero, o quieres que empiece yo? -finalmente el pregunto.

Ella mantuvo su contestacion cautelosa.

– ?Hacer primero que?

– Calentarnos. Ya sabes…caricias estimulantes. Como has tenido todos esos amantes de tanto nivel, me tienes un poco acomplejado. Quiza podrias llevar tu el ritmo.

– Vamos…vamos a olvidarnos de esto. Yo…pienso que quiza cometi un error. Volvamos al motel.

– No es buena idea, Francie. Una vez que has puesto a un hombre ante la Tierra Prometida, no puedes volverte atras sin ningun problema.

– Ah, creo que no. No creo que tenga problemas. Realmente no era la Tierra Prometida, apenas un pequeno flirteo. Ciertamente no sera dificil para mi, y espero que no lo sea para ti…

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