todavia mirandola.
El siempre habia tenido la habilidad de hacerla sentirse inadecuada, personalmente responsable de los pecados del mundo, pero se negaba a retorcerse en la desaprobacion que llego gradualmente a su expresion cuando el inspecciono los articulos materiales de su mundo.
– Lo siento, Gerry. Quiero que te vayas.
– El viejo finalmente debe estar orgulloso de ti -dijo el apagadamente-. Su pequena Naomi se ha vuelto una fina cerda capitalista, como todos ellos.
– No empieces.
– Nunca me dijiste como reacciono cuando te casate con ese japones -sonrio cinicamente-. Solo mi hermana Naomi podria casarse con un japones llamadoTony. Dios, que pais.
– La madre de Tony es americana. Y el es uno de los bioquimicos punteros del pais. Su trabajo se ha publicado en sitios importantes… -termino, dandose cuenta de que estaba defendiendo a un hombre que hacia mucho al que no queria. Esto era exactamente el tipo de cosas que Gerry hacia de ella.
Lentamente se volvio a encarar con el, tomando algun tiempo para estudiar su expresion mas de cerca. La fatiga que pensaba habia vislumbrado parecio de nuevo haberse asentado sobre el, y ella tuvo que recordarse que era meramente otra pose.
– ?Estas otra vez en apuros, no?
Gerry se encogio de hombros.
El parecia realmente cansado, penso, y ella era todavia hija de su madre.
– Ven a la cocina. Te preparare algo de comer -aun con Cosacos arrancando la puerta de la casa, las mujeres en su familia harian que todos se sentaran a una cena de cinco platos.
Mientras Gerry fumaba, le hizo un bocadillo de rosbif, agregando una raja extra de queso suizo, de la manera que a el le gustaba, y dandole un plato de higos que habia comprado para ella misma. Puso la comida delante de el y se lleno un vaso con vino para ella, mirando de reojo como comia.
Podia decir que tenia hambre, asi como podia decir que el no queria que viera exactamente cuan hambriento estaba, y ella se pregunto cuanto tiempo hacia que no habia hecho una comida decente. Las mujeres se introducian en las trincheras solo para tener el honor de alimentar a Gerry Jaffe. Se imaginaba que todavia lo hacian, pues su hermano continuaba teniendo un gran atractivo sexual. La enfurecia ver cuan casualmente el trataba a las mujeres que se enamoraban de el.
Le hizo otro bocadillo, que el acabo tan eficientemente como se habia comido el primero. Sentandose en el taburete junto a el, sentia una ola ilogica de orgullo. Su hermano habia sido el mejor de todos, con el sentido del humor del comico Abbie Hoffman, la disciplina de Tom Hayden, y la lengua llameante de Stokely Carmichael.
Pero ahora Gerry era un dinosaurio, un radical de los sesenta trasplantado a una epoca diferente. El atacaba misiles nucleares con un martillo y hablaba para gente que tenian sus oidos ocupados por los auriculares de sus Walkman de Sony.
– ?Cuanto pagas por este lugar? -pregunto Gerry cuando arrugo su servilleta y se levanto para andar hacia el refrigerador.
– No es de tu incumbencia -se nego absolutamente a escuchar su conferencia sobre el numero de ninos hambrientos que podria alimentarse con el dinero de su alquiler mensual.
El saco un carton de leche y tomo un vaso de la alacena.
– ?Como esta Ma? -su pregunta era casual, pero a ella no la enganada.
– Tiene un pequeno problema con la artritis, pero a parte de eso, esta bien -Gerry aclaro el vaso y lo puso en el primer anaquel de su lavaplatos. El siempre habia sido mas ordenado que ella-. Papa esta bien, tambien -dijo, de repente incapaz de tolerar la idea de hacerlo preguntar-. Sabes que se jubilo el verano pasado.
– Si, lo se. ?Alguna vez te preguntan por mi?
Naomi no podia contenerse. Se levanto del taburete y coloco la mejilla contra el brazo de su hermano.
– Se que ellos piensan en ti, Ger -dijo suavemente-. Todo esto… ha sido duro para ellos.
– Yo pensaba que estarian orgullosos -dijo amargamente.
– Sus amigos hablan -contesto ella, sabiendo que excusa mas ruin era.
El se levanto, la abrazo y se alejo rapidamente, volviendo a la salita de estar. Ella lo encontro parado junto a la ventana, apoyandose en el marco con una mano y un cigarrillo en la otra.
– Me dices para que has venido, Gerry. ?Que quieres?
Por un momento el miro fijamente fuera el contorno de Manhattan. Entonces se puso el cigarrillo en el rincon de la boca, apreto las palmas de las manos en actitud de orar y le dijo con una triste sonrisa.
– Apenas un pequeno refugio, hermana. Apenas un pequeno refugio.
Dallie gano el torneo de Lake Charles.
– Por supuesto que has ganado esta porqueria -se quejaba Skeet cuando estaban ya de vuelta en la habitacion del motel el domingo por la noche, con un bonito trofeo plateado y un cheque de diez mil dolares-. Este torneo es tan importante como ascender una colina de frijoles, asi que, por supuesto, has jugado tu mejor golf de los ultimos meses. ?Por que no puedes hacer este tipo de cosas en Firestone o en cualquier otro torneo que sea televisado, eh, puedes decirme por que?
Francesca se quito sus sandalias y se sento en el borde de la cama. Sentia el cansancio en todos sus huesos. Habia caminado los dieciocho hoyos del campo de golf para animar a Dallie asi como para desalentar a cualquier secretaria petroquimica que quizas lo estuviera siguiendo tambien. Todo cambiaria para Dallie ahora que ella lo amaba, habia decidido.
El empezaria a jugar para ella, de la manera que lo habia hecho hoy, ganando torneos, ganando muchisimo dinero para mantenerlos. Hacia menos de un dia que eran amantes, asi que ella sabia que fantasear con algo permanente era prematuro, pero no podia dejar de pensar en ello.
Dallie se saco la camisa de golf de la cinturilla de sus pantalones grises anchos.
– Estoy cansado, Skeet, y me duelen las munecas. ?Te importa si dejamos esto para luego?
– Eso es lo que dices siempre. Pero no digas que lo dejamos para despues, porque ese despues nunca llegara. Tu pasas…
– ?Para ya! -Francesca se levanto de un salto de la cama y se encaro con Skeet-. ?Te marchas solo, oyes? ?No puedes ver lo cansado que esta? Te comportas como si hubiera perdido el maldito torneo en vez de ganarlo. Ha estado magnifico.
– Bravo, dulzura -Skeet arrastro las palabras-. Pero este chico no ha jugado ni un cuarto de lo que podria, y el lo sabe mejor que nadie. ?Por que no te preocupas de cuidar tu maquillaje, Senorita Fran-chess-ka, y dejas que yo cuide de Dallie?
Abrio la puerta y dio un portazo cuando salio.
Francesca miro a Dallie.
– ?Por que no lo despides? Es imposible, Dallie. Te hace la vida mas dificil.
El suspiro y se saco la camisa por la cabeza.
– Dejalo, Francie.
– Ese hombre es tu empleado, y sin embargo actua como si tu trabajaras para el. Necesitas poner fin a esto -miro como cojia una bolsa de papel de estraza y sacaba un paquete de seis latas de cerveza.
Bebia demasiado, ella se daba cuenta, aunque nunca pareciera mostrar los efectos de ello. Habia visto tambien que tomaba unas pildoras que dudaba fueran vitaminas. Tan pronto como tuviera mas tiempo, le persuadiria para dejar ambos vicios.
El tiro de la anilla de una lata y dio un trago.
– Meterte entre medias de Skeet y yo no es buena idea, Francie.
– No quiero meterme entre medias. Solo quiero hacer las cosas mas faciles para ti.
– ?Si? Bien, olvidalo -termino la cerveza de otro trago-. Tomare una ducha.
No queria que se enojara con ella, asi que curvo la boca en una sonrisa irresistiblemente atractiva.
– ?Necesitas ayuda para enjabonarte la espalda?
– Estoy cansado -dijo con tono irritado-. Puedo yo solo.
Se encamino al cuarto de bano, siendo consciente de la mirada herida de sus ojos verdes.
