golf en vez de una vieja casa victoriana con un torreon central y pintada en tonos pastel. Miro las ventanas de la casa con incredulidad cuando el Riviera giro y se encamino por un camino de entrada estrecho de grava.

– ?Esos esos conejos?

– Doscientos cincuenta y seis de ellos -dijo Skeet-. Cincuenta y siete si usted cuenta otro en la puerta principal. Mira, Dallie, ese arco iris en el garaje es nuevo.

– Ella se rompera su cuello de tonta subiendo un dia de estos por esas escaleras -se quejo Dallie. Entonces se giro hacia Francesca-. Ten cuidado con tus modales. Te lo advierto, Francie. Nada de tus cosas extravagantes.

El hablaba con ella como si ella fuera una nina en vez de su amante, pero antes de poder tomar represalias, la puerta trasera se abrio de repente y aparecio una increible vieja.

?Con su cola de caballo gris volando al viento y un par de gafas de leer oscilando arriba y abajo en la cadena de oro que le colgaba al cuello sobre su atuendo, un chandal amarillo narciso, se abalanzo sobre ellos, gritando:

– Dallas! ?Ah, yo, yo! ?Skeet! ?Gracias a Dios!

Dallie salio del coche y envolvio su cuerpo pequeno, delgado en un abrazo de oso. Entonces Skeet salio de la otra puerta y de nuevo fue acompanado por otro coro de yo-yo.

Francesca surgio del asiento de atras y miro con curiosidad. Dallie habia dicho que su madre estaba muerta, asi que, ?quien era esta? ?Una abuela? Por lo que ella sabia, el no tenia parientes salvo una mujer llamada Holly Grace. ?Era esta Holly Grace? De algun modo Francesca lo dudaba.

Tenia la sensacion que Holly Grace era la hermana de Dallie. Ademas, no podia imaginarse a esta senora mayor vestida tan excentrica fugandose a un motel con un comerciante de Chevys de Tulsa. El gato salio del asiento de atras, echo una mirada alrededor con desden con su unico ojo bueno, y desaparecio tranquilamente.

– Y quien es esta, Dallas? -pregunto la mujer, mirando a Francesca-. Por favor presentame a tu amiga.

– Esta es Francie… Francesca -enmendo Dallie-. El viejo F. Scott la habria adorado, Senorita Sybil, si ella te causa un solo problema, hazmelo saber.

Francesca le lanzo una mirada airada, pero el la ignoro y continuo su presentacion.

– Senorita Sybil Chandler… Francesca Day.

Los pequenos ojos castanos la miraron, y Francesca sintio de repente como si estuviera examinando su alma.

– ?Como esta usted? -contesto, intentando mantenerse erguida-. Es un placer conocerla.

La senorita Sybil emitio un sonido ante su acento, y extendio la mano para un campechano saludo.

– ?Francesca, eres inglesa! Que sorpresa mas agradable. No prestes atencion a Dallas. El puede encantar a un muerto, por supuesto, pero es un completo sinverguenza. ?Has leido a Fitzgerald?

Francesca habia visto la pelicula El Gran Gatsby, pero sospechaba que no contaria.

– Lo lamento, no -dijo-. No leo mucho.

La senorita Sybil hizo un clic de rechazo.

– ?Bien, pronto arreglaremos eso, verdad? Pasad las maletas dentro, chicos. ?Dallas, comes chicle?

– Si, Senora.

– Por favor quitatelo junto con tu gorra antes de estar dentro.

Francesca se rio tontamente cuando la vieja mujer desaparecia por la puerta trasera.

Dallie tiro su goma en un arbusto de hortensia.

– Espera y veras -le dijo a Francesca de forma siniestra.

Skeet rio entre dientes.

– No le vendria mal a Francie tomar unas pocas lecciones para variar.

Dallie sonrio.

– Casi puedo ver a la senorita Sybil frotandose las manos preparada para cogerte -miro a Francesca-. ?Sabes lo que estabas haciendo cuando admitiste que no habias leido a Fitzgerald?

Francesca comenzaba a sentirse como si hubiera confesado una serie de asesinatos masivos.

– No es un crimen, Dallie.

– Se acerca bastante -el rio entre dientes maliciosamente-. Chico, entremos de una vez.

La casa de Cherry street tenia los techos altos, molduras pesadas de nogal, y cuartos inundados de luz. El suelo de madera vieja estaba lleno de cicatrices en varios lugares, unas cuantas grietas estropeaban las paredes de yeso, y la decoracion interior carecia de un sentido modesto de coordinacion, pero la casa lograba todavia proyectar un encanto casual.

El empapelado rayado coexistia al lado del floral, y la mezcla impar de mobiliario era animada por la costura que descansaba sobre un cojin y alfombras afganas en hilos multicolores. Las plantas puestas en cazuelas de ceramica hechas a mano llenaba los rincones oscuros, cuadros de punto de cruz decoraban las paredes, y los trofeos de golf aparecian por todas partes… como topes de puerta, como apoyalibros, doblando un monton de periodicos, o simplemente percibiendo la luz en una repisa de ventana soleada.

Tres dias despues de su llegada a Wynette, Francesca salia a hurtadillas del dormitorio que la senorita Sybil habia asignado para ella y avanzo a rastras a traves del pasillo.

Debajo de una camiseta de Dallie que le llegaba al centro de los muslos, llevaba unas sedosas bragas negras de bikini que milagrosamente habian aparecido en el monton pequeno de ropa que la Senorita Sybil le habia prestado para suplementar su triste guardarropa. Se las habia puesto hacia escasamente media hora cuando habia oido que Dallie subia la escalera y entraba en su dormitorio.

Desde que llegaron, apenas lo habia visto. El se marchaba temprano conduciendo, luego iba al campo de golf y despues Dios sabe donde, dejandola con la unica compania de la Senorita Sybil. Francesca no habia estado en la casa por un dia despues de encontrar un volumen de Tender is the Night en sus manos junto con una tierna amonestacion para abstenerse de seguir haciendo pucheros cuando las cosas no salieran a su gusto. La trastornaba el abandono de Dallie.

El actuaba como si nada hubiera sucedido entre ellos, como si no hubieran pasado una noche haciendo el amor. Al principio habia tratado de ignorarlo, pero ahora habia decidido que tenia que empezar a luchar por lo que queria, y lo que queria era hacer mas el amor.

Dio un leve toque con la punta de la una en la puerta atemorizada que la senorita Sybil pudiera despertarse y oirla. Se estremecio cuando penso lo que la vieja y desagradable mujer diria si supiera que Francesca habia vagado a traves del pasillo hasta el dormitorio de Dallie para practicar sexo ilicito. Probablemente la perseguiria por la casa chillando '?Ramera!' a todo pulmon. Cuando Francesca no oyo respuesta del otro lado de la puerta, llamo un poco mas fuerte.

Sin advertencia, la voz de Dallie retumbo al otro lado, sonando como un canon en la quietud de la noche.

– Si eres tu, Francie, entra de una vez y deja de hacer ese maldito ruido.

Ella entro dentro del dormitorio, siseando como una llanta que pierde aire.

– ?Shh!Te va a oir, Dallie. Sabra que estoy en tu cuarto.

Estaba de pie completamente vestido, golpeando pelotas de golf con su putter a traves de la alfombra hacia una botella de cerveza vacia.

– La excentrica senorita Sybil -dijo el, repitiendo la linea de su put-.Pero no creas que es una puritana. Creo que se desilusiono bastante cuando le dije que nosotros no compartiriamos habitacion.

Francesca se habia desilusionado, tambien, pero ella no haria un asunto de ello ahora, cuando su orgullo estaba picado.

– Apenas te he visto desde que llegamos aqui. Pense que tal vez seguias enfadado conmigo por lo de Bestia.

– ?Bestia?

– Aquel gato sangriento-arrastro en su voz un rastro de modestia-. Ayer me mordio otra vez.

Dallie sonrio, calmado.

– En realidad, Francie, pienso que deberiamos mantener nuestras manos quietas una temporadita.

Algo dentro de ella dio un pequeno vuelco.

– ?Por que? ?Que quieres decir?

Hubo un pequeno ruido de cristal cuando su put encontro su marca.

– Quiero decir que no creo que puedas manejar otro problema en tu vida ahora mismo, y deberias saber que

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