acorazado-. Quiero volar tan rapidamente como sea posible. Avisame en cuanto todo este preparado.

Despues de que su secretaria abandono su oficina, Naomi vacilo un momento y luego marco el numero de su apartamento. El telefono sono una y otra vez, pero rechazo colgar. El estaba alli; su suerte no era bastante buena para hacerlo magicamente desaparecer. Nunca deberia haber acordado dejarlo quedarse en su apartamento. Si alguien en en BS &R lo averiguaba…

– Responde, ?joder!

– Crematorio Saul Whorehouse. Al habla Lionel.

– ?Es que no puedes decir solamente ?hola! como una persona normal?

?Por que se metia en esto? La policia queria a Gerry para un interrogatorio, pero el habia recibido un chivatazo de que ellos planeaban empapelarlo por unos gastos inventados de narcotrafico, y rechazo dirigirse a ellos. Gerry hasta no fumaba hierba ya, sin hablar del trapicheo en drogas, y ella no habia tenido el corazon para echarlo a la calle.

Tambien conservaba bastante de su vieja desconfianza hacia la policia para estar dispuesta a entregarlo a la imprevisibilidad del sistema legal.

– Dirijete a mi de forma agradable o colgare -dijo el.

– Fabuloso -replico-. ?Si te hablo de forma repugnante, crees que te marcharas?

– Has recibido una carta de Save the Children en la que te agradecen tu contribucion. Cincuenta piojosos dolares.

– ?Joder!, no tienes ningun derecho a leer mi correo.

– ?Intentando comprar tu camino en el cielo, hermana?

Naomi rechazo picar en su cebo. Hubo un momento de silencio, y luego el hizo una apologia de mala voluntad.

– Lamentable. Soy tan aburrido que no puedo soportarme.

– ?Revisaste aquella informacion sobre el colegio de abogados que deje fuera para ti? -pregunto ella como por accidente.

– ?Ah!, mierda, no comiences con eso otra vez.

– Gerry…

– ?No me vendo!

– Solamente piensa en ello, Gerry. Trabajar para las escuelas que recurren a la justicia no es venderse. Podrias hacer algo bueno trabajando dentro del sistema…

– ?Dejalo, vale, Naomi? Tenemos un mundo ahi que esta listo para explotar. La suma de otro abogado al sistema no va a cambiar gran cosa.

A pesar de sus vehementes protestas, ella sintio que la idea de recurrir a la justicia de las escuelas no era tan desagradable para el como queria hacerla creer. Pero tambien sabia que el necesitaba tiempo para meditarlo, asi que no le presiono.

– Mira, Gerry, tengo que salir de la ciudad durante unos dias. Hazme el favor e intenta haberte ido para cuando regrese.

– ?Donde vas?

Ella miro al bloc de notas sobre su escritorio y sonrio. En veinticuatro horas, la Chica Descarada estaria firmada, sellada, y entregada.

– Voy a un lugar llamado Wynette, Texas.

* * *

Vestida con vaqueros, sandalias, y una de las blusas intensamente coloreadas de algodon de la Senorita Sybil, Francesca se sento al lado de Dallie en un honky-tonk llamaron Roustabout. Despues de casi tres semanas en Wynette, habia perdido la cuenta del numero de tardes que habian pasado en el lugar favorito de la noche en la ciudad.

A pesar de la estentorea bandera del pais, la nube de humo, y la cinta de crepe negro y naranja de Halloween que colgaba de la barra, habia descubierto en realidad que le gustaba el lugar.

Todos en Wynette conocian al golfista mas famoso de la ciudad, y cuando siempre entraban en el honky-tonk habia un coro de ?Eh, Dallie! al sentarse sobre los taburetes Naugahyde y sobre el sonido vibrante de las guitarras electricas. Pero esta noche, por primera vez, hubo unos cuantos ?Eh, Francie!, complaciendola excesivamente.

Una de las habituales del Roustabout entrada en anos, empujo su mascara de bruja a la cima de su cabeza y planto un beso bullicioso sobre la mejilla de Skeet.

– Skeet, viejo oso, todavia voy a llevarte al altar.

El sonrio.

– Eres demasiado joven para mi, Eunice. Yo no podria seguirte de marcha.

– Luego dejo que me muerdas, carino.

Eunice solto un gritito de risa y se marcho con un amigo quien imprudentemente estaba vestido con un traje de haren que dejaba su rechoncho diafragma desnudo.

Francesca rio. Aunque Dallie estaba de un humor hosco toda la tarde, ella se divertia. La mayor parte de los presentes en el Roustabout llevaban sus equipos estandar de vaqueros y Stetsons, pero unos cuantos llevaban trajes de Halloween y todos los camareros tenian gafas sin cristales con narices de goma.

– ?Aqui, Dallie! -llamo una de las mujeres-. Vamos a cortar manzanas en formas originales.

Dallie bajo de golpe las patas delanteras de su silla al suelo, agarro el brazo de Francesca, y refunfuno.

– Cristo, esto es todo que necesito. Conversacion tonta, ?joder!. Quiero bailar.

Ella no habia estado hablando, pero su expresion era tan severa que no se molesto en indicarselo. Se levanto y lo siguio. Cuando la arrastro a traves del suelo hacia la maquina de discos, se encontro recordando la primera noche que el la habia traido al Roustabout.

?Solo habia sido hacia tres semanas?

Sus recuerdos del Blue Choctaw todavia estaban frescos aquella noche, y estaba nerviosa. Dallie la habia arrastrado a la pista de baile y, sobre sus protestas, habian insistido en ensenarla a bailar al estilo tejano el Dos Pasos y el Cotton Eyed Joe. Despues de veinte minutos, su cara estaba roja y su piel humeda. No habia querido nada mas que escaparse al lavabo y reparar el dano.

– He bailado bastante, Dallie, le habia dicho.

El la habia dirigido hacia el centro de la pista de baile de madera. -Solo estamos calentando.

– Estoy bastante caliente, gracias.

– ?Si? Bien, yo no.

El ritmo de la musica habia subido y Dallie la habia agarrado por la cintura moviendose. Ella habia comenzado a oir la voz de Chloe burlandose de la musica country, diciendole que no gustaria a nadie si no estaba hermosa, y habia sentido las primeras agitaciones de inquietud extenderse dentro de ella.

– No quiero bailar mas -habia insistido, intentando soltarse.

– Bien, eso es francamente malo, porque yo si.

Dallie habia agarrado rapidamente su botella de Perl cuando pasaron por su mesa. Sin perder el ritmo, habia tomado un trago, luego habian presionado la botella a sus labios y la habia inclinado.

– No quiero… -ella habia tragado y se habia ahogado cuanda la cerveza salpicaba en su boca.

El habia levantado la botella a su propia boca otra vez y la habia vaciado. Sudorosos rizos se habian adherido a sus mejillas y la cerveza habia rebosado por su barbilla.

– Voy a dejarte -habia amenazado ella, con voz rebelde-. Voy a irme de este local y de tu vida si no me dejas ir ahora mismo.

El no habia prestado atencion. Habia conservado sus manos humedas y habia presionado su cuerpo contra el suyo.

– ?Quiero sentarme!

– Realmente no me preocupa lo que quieras -el habia puesto sus manos por debajo de sus brazos, justo donde el sudor habia empapado su blusa.

– Por favor, Dallie -habia gritado, mortificada.

– Cierra la boca y mueve los pies.

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