Quitandose la ropa, abrio al maximo el grifo de agua caliente. El agua caia sobre el hombro dolorido. Cerro los ojos, y agacho la cabeza ante el chorro de agua, pensando en la mirada enferma de amor que habia visto en la cara de Francesca. Deberia haberse imaginado que empezaria a creerse que estaba enamorada de el. Un paquete innecesario.

Ella era exactamente el tipo de mujer que no podia ver mas que su cara bonita. Maldita sea, deberia haber dejado las cosas como estaban entre ellos, pero llevaban compartiendo la misma habitacion una semana y su accesibilidad lo habian estado volviendo loco. ?Que podia esperarse de el mismo? Ademas, despues del estupido cuento del jabali africano aquella noche, sentia algo hacia ella.

Aun asi, deberia haber mantenido su bragueta cerrada. Ahora se adheriria a el como una cuerda de mala suerte, esperando corazones y flores y todo tipo de tonterias, ninguna de las cuales el tenia intencion de dar.

No habia manera, no cuando el tenia que volver a Wynette para Halloween, y no cuando podia pensar en una docena de mujeres que preferia antes que a ella. Ademas, aunque no tenia intencion de decirselo, ella era una de las mujeres mas hermosas que habia visto nunca. Aunque sabia que era un error, sospechaba que volveria a llevarla a la cama antes que pasara mucho tiempo.

?Eres un autentico bastardo, no es verdad, Beaudine?

El Oso asomo en una esquina del cerebro de Dallie llevando un brillante aro de luz en la cabeza. El maldito Oso.

Eres un perdedor, amigo, le cuchicheo el Oso con esa voz plana y arrastrada del medioeste. Un perdedor a gran escala. Tu padre lo sabia y yo lo se. Y la vispera de Halloween esta a la vuelta de la esquina, por si lo has olvidado…

Dallie golpeo el grifo de agua fria con el puno y ahogo momentaneamente al Oso.

Pero las cosas con Francesca no iban a ser faciles, y al dia siguiente su relacion no mejoro cuando, apenas al otro lado de la frontera de Louisiana-Texas, Dallie empezo a quejarse acerca del ruido extrano que notaba en el motor del coche.

– Que piensas que es? -le pregunto a Skeet-. Hace apenas unas semanas le hicieron una revision del motor. Ademas, parece venir desde atras. ?No lo oyes?

Skeet estaba absorto leyendo un articulo acerca de Ann-Margret en el ultimo numero de la revista People y sacudio la cabeza.

– Quiza sea el tubo de escape -Dallie miro sobre el hombro a Francesca-. ?Oyes algo cerca de ahi, Francie? ?Algun tipo de ruido extrano?

– Yo no oigo nada -Francesca contesto rapidamente.

En ese momento un sonido de unas aranando lleno el interior del Riviera. Skeet levanto rapidamente la cabeza.

– ?Que ha sido eso?

Dallie juro.

– Ya se que es. Maldita sea, Francie. ?Has metido contigo al horrible gato tuerto, no es verdad?

– Por favor Dallie, no te molestes -imploro-. No tenia intencion de traerlo. Pero me siguio al coche y no pude hacerlo salir.

– ?Por supuesto que te siguio! -le grito Dallie desde el espejo retrovisor-. ?Has estado dandole de comer, no? A pesar que te dije que no, has estado alimentando al condenado y feo gato.

Ella trato de hacerlo entender.

– Es que… Es que se le notan tanto las costillas y es dificil para mi comer cuando se que el tiene hambre.

Skeet rio entre dientes en el asiento del pasajero y Dallie se volvio hacia el.

– ?Que te hace tanta gracia, tienes inconveniente en decirmelo?

– Nada de nada -contesto Skeet, sonriendo-. Nada de nada.

Dallie paro el coche a un lado en el arcen de la carretera interestatal y abrio su puerta. Se retorcio a la derecha y miro detras del asiento donde el gato estaba agazapado en el suelo al lado de la nevera Styrofoam.

– Sacalo de aqui ahora mismo, Francie.

– Le atropellaran -protesto ella, no es que ese gato, que no la habia dado aun ningun signo de carino, hubiera ganado su proteccion-. No podemos dejarlo tirado en la carretera. Lo mataran.

– El mundo sera un lugar mejor -replico Dallie. Ella le fulmino con la mirada. El se inclino sobre el asiento y dio un golpetazo al gato. El animal arqueo su espalda, silbo, y hundio los dientes en el tobillo de Francesca.

Ella dejo salir un grito de dolor y grito a Dallie.

– ?Ves lo que has hecho! -poniendo el pie en su regazo, inspecciono el tobillo herido y grito hacia abajo, esta vez al gato.

– ?Tu, estupida e ingrata fiera sangrienta! Espero que te tiren delante de un sangriento galgo Greyhound. (La mayor linea de autobuses de Norteamerica, con un gran galgo dibujado, N de T)

El sembrante cenudo de Dallie se convirtio en una abierta sonrisa. Despues de pensar un momento, cerro la puerta del Riviera y echo un vistazo a Skeet.

– Creo que tal vez deberiamos permitir que Francie mantenga su gato a fin de cuentas. Seria una lastima romper una pareja tan conjuntada.

* * *

Para las personas a las que le gustaran los pueblos pequenos, Wynette, Texas, era un buen lugar para vivir. San Antonio, con sus luces de gran ciudad, estaba solo a dos horas hacia el sudeste, mientras la persona que estaba detras del volante no prestaba la menor atencion a las senales de limite de velocidad que los burocratas de Washington habian puesto en las narices de los ciudadanos de Texas.

Las calles de Wynette estaban sombreadas con arboles de zumaque, y el parque tenia una fuente de marmol con cuatro chorros para beber. La gente era robusta. Eran rancheros y granjeros, tan honestos como tenian fama los texanos, cerciorandose que el consejo municipal estuviera controlado por democratas algo conservadores y bautistas para mantenerse alejados de las otras etnias. A pesar de todo, una vez que las personas se establecian en Wynette, tendian a quedarse.

Antes de que la Senorita Sybil Chandler se hubiese puesto con ella, la casa de Cherry Street habia sido simplemente otra pesadilla victoriana. A traves de su primer ano alli, habia pintado huevos de pascua sobre las persianas grises y el resto de rosa y lavanda con helechos y ganchos repletos de otras plantas alrededor del porche delantero.

No satisfecha todavia, habia fruncido sus delgados labios de profesora de escuela y habia pintado gran cantidad de liebres color naranja palida alrededor de los marcos de las ventanas delanteras.

Cuando termino, habia reconocido su trabajo en pequenas firmas ordenadas alrededor de la ranura del correo en la puerta. Este efecto la habia complacido tanto habia agregado un historial condensado en el panel de la puerta bajo la ranura del correo:

Trabajo realizado por la Senorita Sybil Chandler.

Maestra de escuela jubilada.

Presidenta de Los Amigos de la Biblioteca Publica de Wynette.

Amante apasionada de W. B. Yeats,

E. Hemingway, y otros.

Rebelde

Y entonces, pensando que esto sonaba casi a un epitafio, habia cubierto con grandes liebres lo que habia escrito, quedando satisfecha con dejar la primera linea.

Todavia, seguia recordando esas palabras, e incluso ahora aun la llenaban de gran placer. 'Rebelde' del latin rebellis.

Que bien sonaba, y que maravillosa si realmente la escribieran en su lapida. Su nombre, las fechas de su nacimiento y su fallecimiento (dentro de mucho tiempo, esperaba), y esa unica palabra 'Rebelde'.

Cuando pensaba en los grandes rebeldes literarios del pasado, sabia que esa palabra impresionante

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